ECOEMBES COMARCA

Hace tiempo que los buenos aficionados seguimos con interés las producciones que llegan desde Corea ya sean largometrajes o series, en las cuales destaca un tratamiento original de la imagen y unos guiones poderosos que no rehuyen la violencia explícita. El pasado mes de septiembre se estrenó en España una serie coreana con guión y dirección de Hwang Dong-hyuk, que cuenta con 9 episodios en su primera temporada y al parecer, tras el éxito cosechado ya se ha decidido su renovación para una segunda. Ha sido el gran éxito mediático del que todo el mundo habla.

El argumento gira en torno a 456 personas con problemas económicos, que aceptan una extraña invitación para competir en juegos en principio infantiles, en los cuales al ganador le espera un premio espectacular, si supera los desafíos letales que se le van a proponer. Por contra los que van perdiendo son eliminados y no descubrimos nada a estas alturas, si decimos que tras la primera prueba vemos como los perdedores son tiroteados y eliminados físicamente. A partir de este momento, surgen numerosas preguntas sobre el motivo que lleva a los jugadores a continuar en el juego. Su creador ha declarado, que su intención ha sido hacer una alegoría explicita sobre el capitalismo moderno. El problema ha surgido cuando se ha observado que lo que en principio quería ser una crítica a la sociedad capitalista, muchos espectadores especialmente jóvenes, se quedan deslumbrados por el espectáculo y lo imitan en sus juegos.Hay que destacar la complejidad de los personajes y de sus razones para seguir en el juego, así como la ejecución fílmica llena de ritmo y las teorías sobre los autores del juego.

Algún analista ha señalado, que este no es sino otro caso más en el que un juego violento y en principio ajeno a la sociedad, nos distrae de la verdadera violencia que existe en el entorno que nos rodea y a la que al parecer nos hemos acostumbrado. Esos miles de ahogados en el Mediterráneo todos los años, esas víctimas de conflictos armados … o esos millones de desempleados dispuestos a todo, que son la base del juego pero que en la realidad, estarían dispuestos seguir a un nuevo flautista de Hamelin que les prometiera un mundo nuevo, puro y libre de seres inferiores en el que vivirían mejor.

En definitiva, una serie muy bien escrita y dirigida, que atrapa por su originalidad pero que nos hace plantearnos en qué clase de sociedad vivimos, o queremos vivir.

dph

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