Puerta principal del instituto. Foto L. Arcarazo 31-VIII-2021
ECOEMBES COMARCA

En el primer capítulo se describió como el Ayuntamiento de Barbastro solicitó para la ciudad un instituto de segunda enseñanza y como el Ministerio de Instrucción Pública accedió a la petición, por lo cual el consistorio ofreció un solar para la construcción y el arquitecto Bruno Faria realizó un proyecto para un edificio cuadrangular de dos alturas y un semisótano rodeado de una zona ajardinada y con patios de recreo.

Por lo que respecta a la construcción, el proyecto inicial contemplaba que los cimientos y los zócalos serian de hormigón en masa de 150 kg. el m3, los muros se construirían con adobe de hormigón y ladrillo, en los suelos se pondrían baldosas hidráulicas, mientras que los cielos rasos serían tejidos de caña en obra.  La cubierta iba a ser de Uralita Canaleta de color rojo y para la carpintería se utilizaría pino del país y de Flandes. El proyecto incluía pintura y vidrieras, lo mismo que la decoración, “que sería sencilla, es decir, la normal en un centro de enseñanza, pues el interior estaría pintado a la colamina, con zócalos imitando roble”. Por lo que respecta a las fachadas, se construirían con ladrillo rejuntado, fajas formadas por revoque y tendido de Neolita, así como los zócalos.  Otro punto importante era la instalación de servicios con agua potable para lavabos, W.C. y urinarios.  Por su parte, el ayuntamiento se encargaría de adquirir un pararrayos, por ser preceptivo en estos edificios, y finalizaba el proyecto diciendo: “de desear será que el ayuntamiento de Barbastro pueda realizar brevemente esta obra que vendrá a llenar una necesidad apremiante y redundará en beneficio de los alumnos que cursan sus estudios en tan industriosa ciudad”. El proyecto se fechó el 30 de enero de 1936.

Pero el 15 de abril el arquitecto Bruno Faria remitió un nuevo escrito, rectificando alguna parte del proyecto.  Los cimientos deberían de ser más profundos para afianzar mejor el edificio, la cubierta de teja árabe sobre entramado de madera, que se colocaría sobre entramado metálico, mejorando la calidad del edificio y, finalmente, que la trabazón del muro principal se debería de construir sustituyendo el proyectado chapado de ladrillo por fábrica de bloque formando el muro un todo, porque sería más resistente. Y finalizaba diciendo que los cambios aumentarían el presupuesto en unas 7.000 ptas. En el pliego de condiciones facultativas se hacía referencia a que los materiales de la obra deberían de ser de la mejor calidad y el 23 de enero de 1936 se abrió el Libro registro de proposición para la subasta de las obras del edificio del instituto de 2ª enseñanza, figurando las propuestas de tres empresas zaragozanas, Gregorio Vicente Morales, Félix Navarro y Fomento de Obras y Construcciones.  El edificio se construyó, pero tras la guerra quedó sin función, incluso, en la posguerra se le ofreció a la Guardia Civil para utilizarlo como cuartel.

El Instituto Laboral.  El 17 de febrero de 1950 el ayuntamiento de Barbastro solicitó al Ministerio de Educación Nacional la creación de un Instituto de Enseñanza Media y Profesional, es decir, un instituto laboral.  La solicitud fue aprobada el 24 de junio, concediendo a la ciudad un instituto de modalidad agrícola y ganadera, que se ubicaría en un edificio que ofertó el ayuntamiento, el antiguo Instituto de 2ª Enseñanza.  Iba a ser el tercero en Aragón, pues también se aprobaron los de Tarazona y Alcañíz.  Se convocaron las plazas de profesor y uno de los aspirantes fue Felipe Bernal Cabrerizo, que era profesor de lengua y literatura, pero como su currículum era importante, se le nombró director del nuevo instituto.  Según cuenta en sus memorias, una vez en Barbastro se alojó en “La Matilde” y comenzó el recorrido por las autoridades, que les llevaría a visitar el edificio que iba a alojar al instituto, “se trataba de un grupo escolar de buen porte, pero desmantelado, no había nada”.  Tal era la situación, que el Delegado de Sindicatos le mandó un despacho con una mesa, dos sillas y algo de material de oficina, y así comenzó a funcionar.  La inauguración oficial tuvo lugar el 2 de noviembre de 1950.  Fue un acto de mucha importancia para la ciudad, ya que asistió nada menos que el ministro de Educación Ibáñez Martín.

Patio-de-recreo.-Foto-L.-Arcarazo-31-VIII-2021-900×600

Felipe Bernal se puso en contacto con un industrial de la madera, el Sr. Cosculluela, que se comprometió a fabricar pupitres dobles con sus sillas para una clase de 24 alumnos, que debían de estar el 1 de diciembre, que iban a comenzar las clases.  En aquel edificio se impartió el Bachillerato Laboral, que posteriormente pasaría a denominarse Bachillerato Técnico, con prácticas agrarias, carpintería y mecánica.  El edificio ha sufrido muchas modificaciones, ya que en fotos antiguas se aprecia una terraza, que fue cubierta para disponer de más espacio, también se construyeron casas para los profesores y los talleres, en los que actualmente nos han vacunado contra el COVID.  En 1961 se amplió para aumentar de 150 a 400 alumnos, ya que se pretendía crear el Bachillerato Laboral Superior, que comenzó a impartirse con mucha aceptación en el curso 1964-1965, lo que supuso una mejora importante en su oferta e instalaciones.

El 20 abril de 1968 El Cruzado Aragonés informó que en el Instituto Técnico de Enseñanza Media “Hermanos Argensola” se iba a construir un edificio para 1.000 alumnos de enseñanza mixta, que era una novedad.  En una entrevista realizada a su director, José Mª Tarazona, sobre la aprobación de los estudios de bachillerato femenino, modalidad administrativa, “tranquilizó” a los padres diciendo que las chicas estudiarían el 1º curso en aulas distintas de los chicos, aunque fueran asignaturas compartidas, y que para el curso siguiente se pretendía impartir el 2º curso femenino, utilizando unas aulas en la Casa Amparo por falta de espacio y, además, que se había creado un internado para chicos de pueblos en los que se hubiera cerrado sus escuelas y que pretendían estudiar en la enseñanza pública.

El Instituto Laboral, posteriormente, compartió enseñanzas con las aulas integradas en el Colegio Comarcal Escuela Hogar. El actual IES “Hermanos Argensola” abrió sus puertas en 1975 y el instituto Técnico Hermanos Argensola se convirtió en Instituto de Bachillerato, comenzando a impartir clases de formación profesional.  Finalmente, en el curso 1981-1982 pasó a ser un nuevo colegio de Barbastro, el Pedro I, que tendría dos directores, Ramón Bosch y Francisco Durán.

Cierre del colegio.  Una vez construido en 2010 el nuevo Colegio Pedro I en las huertas, el antiguo edificio quedó sin función docente y aunque se ha utilizado puntualmente para diferentes actividades, el ayuntamiento de Barbastro no le ha encontrado una función que garantizara su supervivencia, una buena opción hubiera sido su transformación en el nuevo Centro de Salud, pero las modificaciones que debería de sufrir parece ser que son muy costosas y se plantea demolerlo para edificar un edificio de nueva planta.

Como colofón hay que recordar que Barbastro ha perdido mucho patrimonio debido a diferentes motivos y no todo se puede atribuir a situaciones críticas como guerras y bombardeos, porque otros intereses han prevalecido frente a la conservación del patrimonio. No hace tantos años que vimos demoler la torre mudéjar del convento de Santa Clara, por no saber muy bien qué hacer con ella, y el caso del Instituto Laboral parece similar. Se trata del único edificio construido en 1936, durante la Segunda República, representativo de un estilo arquitectónico característico de aquellas construcciones dedicadas a la educación, en las que se aplicaron parámetros higienistas, que pretendían que los alumnos estuvieran en las mejores condiciones higiénicas, de iluminación, ventilación, techos altos para garantizar un buen volumen de aire por alumno y espacios al aire libre, donde los jóvenes pudieran practicar deportes a la intemperie y les diera el sol, todo encaminado a luchar contra el pauperismo que afectaba a buena parte de la población, sobre todo infantil, que no se desarrollaban convenientemente. Todos estos valores están representados en el antiguo edificio del Colegio Pedro I, la llegada a la ciudad de un instituto de enseñanza media y, posteriormente, un Instituto laboral que sirvió como ascensor social a muchos jóvenes barbastrenses, pero parece inevitable su desaparición en beneficio de otro bien también muy necesario, como es la asistencia médica.

Por lo que desde estas páginas solicitamos un esfuerzo para salvar el antiguo instituto y utilizarlo para equipamientos vecinales, y construir el nuevo centro de salud, tan necesario por la absoluta precariedad del antiguo, utilizando los patios de recreo del colegio Pedro I o buscando una nueva ubicación, que evite la demolición de otro edificio característico de la ciudad y que no perdamos una pequeña parcela de nuestra identidad, que tanta importancia ha tenido en la educación de los barbastrenses.

 

dph

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