Portada del libro.
ECOEMBES COMARCA

Admirar el paisaje

Un elenco de autores aragoneses de nacimiento o adopción reflexiona sobre la evolución histórica del paisaje en el Pirineo aragonés en el siglo XX. El libro de Pirineum editorial llegará en los próximos días a las librerías aragonesas.

Paisajes. La patria emocional es el nuevo volumen de la colección gran formato Almanaque de los Pirineos que Pirineum editorial inició el año pasado con Mujeres. Migración a la modernidad, de Sergio Sánchez Lanaspa, elegido por el Gobierno de Aragón “Mejor libro editado en Aragón en 2020”.  Paisajes. La patria emocional recibió por su parte el Premio Félix de Azara 2020 de ayuda a la edición que otorga la Diputación Provincial de Huesca y formará parte de la ya amplia biblioteca que homenajea al ilustre altoaragonés nacido Barbuñales en el siglo XVIII.

Paisajes. La patria emocional ha sido coordinado por el periodista y editor jacetano Sergio Sánchez Lanaspa, que se ha apoyado en la dirección artística del zaragozano Víctor Gomollón y en el especialista Esteban Anía como asesor de fotografía histórica. El libro, de gran formato y encuadernado en tapa dura, contiene 256 páginas y un total de 260 fotografías. El interior está editado en bitono, salvo el último pliego de 32 páginas, que es a color. El libro sale a la venta a un precio de 33 euros.

La publicación recorre las etapas de descubrimiento, reconocimiento y alteración del paisaje pirenaico y recoge temáticas como la declaración del Parque Nacional de Ordesa y del Sitio Nacional de San Juan de la Peña, la construcción de la estación internacional de Canfranc, la construcción de embalses y centrales hidroeléctricas, el surgimiento de Sabiñánigo o las repoblaciones forestales como fenómenos que remozaron el paisaje del Pirineo aragonés a lo largo del siglo XX y que crearon los paisajes en los que nos reconocemos hoy.

El volumen cuenta con una importantísima nómina de autores que encabezan el experto paisajista, geólogo y divulgador Eduardo Martínez de Pisón, que asume la introducción del libro bajo el título El paisaje cordial. Geografía emotiva del Pirineo, y el prestigioso historiador y actual director del Instituto de Estudios Altoaragoneses, Alberto Sabio Alcutén, que aborda tres artículos del libro: Regeneracionismo histórico y paisajismo: el Parque Nacional de Ordesa; Pirineo humanizado. El acondicionamiento paisajístico en Canfranc y Paisaje, pantanos y dueños del kilovatio. La inundación de Mediano.

Colaboran también en Paisajes. La patria emocional el geólogo director del Geoparque de Sobrarbe, Anchel Belmonte Ribas, con el artículo Los glaciares pirenaicos: un paisaje en retirada y el fotógrafo y doctor en Bellas Artes, Eduardo Marco Miranda, que abre el cuerpo central del libro con el artículo El descubrimiento del paisaje pirenaico. Una mirada fotográfica. El primer tramo del volumen lo completa Esteban Anía, asesor gráfico de la obra, que aporta un texto sobre los paisajes del Pirineo aragonés en la tarjeta postal.

Por su parte, el periodista Sergio Sánchez Lanaspa, coordinador y editor del libro, aborda dos capítulos de esta entrega: San Juan de la Peña. Sitio Nacional, como su nombre indica y El paisaje industrial: Sabiñánigo y la energía de Panticosa. También colabora con dos artículos el reconocido biólogo del CSIC, doctor ornitólogo, César Pedrocchi Renault: El último siglo del Monte Pano y Evolución reciente del paisaje en una llanura cerealista. Este último ilustrado con fotografías inéditas de Joaquín Gil Marraco conservadas en la Fototeca de la DPH.

Por su parte, el historiador, profesor y novelista Severino Pallaruelo Campo ofrece una visión personal y poliédrica de los paisajes pirenaicos en el artículo Escultores del Paisaje, estructurado en siete pequeños relatos o reflexiones; y el especialista y prolífico autor serrablés Carlos Tarazona Grasa, autor de libros como Pinos y Penas o La guardería forestal en España asume dos entregas: Cambiar personas por pinos. Repoblación, despoblación y transformación del paisaje y La corrección del paisaje en Tierra de Biescas.

La especialista María Pilar Biel Ibañez, doctora de la Universidad de Zaragoza en Historia del Arte, aporta un extenso artículo titulado El Paisaje de la electricidad en el Pirineo central: Recurso y patrimonio, ilustrado parcialmente con fotografías inéditas del Fondo histórico de la Fundación Endesa.

Por último, el historiador y geógrafo Ramón Lasaosa Susín asume una suerte de epílogo con el artículo El orden de hoy es el desorden del mañana. Noción, evolución, uso, abuso y futuro del paisaje, en el que nos aporta las claves de la reciente y –previsiblemente- futura evolución de los paisajes pirenaicos.

Los principales archivos fotográficos que han nutrido la edición han sido los de la Fototeca de la Diputación Provincial de Huesca, el Fondo histórico de la Fundación Endesa, el Museo de los Pirineos de Lourdes, El Centre Excursionista de Catalunya (CEC), Archivo Nacional de Catalunya, el archivo de la empresa Ercros, archivo Santiago Parra, Colección Santiago Ayerbe, Fototeca Forestal Española y la Fundación Hospital de Benasque, entre otros. Las fotos más actuales son mayoritariamente obras de Esteban Anía Albiac y de Eduardo Marco Miranda. En este último caso, el fotógrafo ha ilustrado el epílogo del libro con una selección ad hoc de su trabajo Geografía del Monumento Natural (Beca Ramón Acín 2020).

El libro ha pretendido realizar una selección histórica de la fotografía de paisaje en el Pirineo aragonés y recoge imágenes de los pioneros que llegaron desde más allá de las fronteras aragonesas y entre los que cabe destacar a Franz Schrader, Lucien Briet, Eugene Trutat, Maurice Gourdon, Alphonse Meillon, Edouard Wallon o Juli Soler i Santaló. Del mismo modo, Paisajes. La patria emocional ha pretendido homenajear a la mayoría de aquellos fotógrafos aragoneses que contribuyeron a crear el paisaje pirenaico con fotografías de  Antonio Lacoma, Ismael Pascual, Hermanos Viñuales, R. Albasini, Francisco de las Heras, Alfonso Foradada, Lorenzo Almarza, Ricardo Compairé, José Oltra, Vicente Bellosta, J. Escartín, Ildefonso San Agustín, J. Gracia, Joaquín Gil Marraco, I. Gorrochategui, Juan Miguel Pando o Pablo Otín.

La portada del libro es una foto de Alfonso Foradada, que se conserva en la Fototeca de la DPH, tomada en Agua Tuerta (Ansó) entre 1944 y 1946. En ella, Antonio Puyó, amigo personal del fotógrafo, dormita echado sobre su chaqueta, mientras la boira entra por el fondo del valle.

Al margen del apoyo de la Diputación Provincial de Huesca a través del premio Félix de Azara de ayuda a la edición, el libro cuenta con los patrocinios del Ayuntamiento de Sabiñánigo, la Comarca de La Jacetania y la empresa Energías de Panticosa.

La figura de Eduardo Martínez de Pisón sobrevuela el libro. Suyo es el texto de la contraportada y resume perfectamente los objetivos del volumen:

No vemos casi nunca un paisaje por primera vez, sino como escenario común y heredado. Tampoco lo vemos directamente, sino a través de una cultura.

Los paisajes son testigos culturales legados, como las artes, el pensamiento o la literatura de un país, pero envueltos en la vida. Todos los paisajes, pero sobre todo los más afectados por el trasiego de intereses, son esencialmente frágiles. Requieren, por lo tanto, una peculiar atención, diferente a la conservación establecida de espacios naturales y a la de monumentos, con sutileza para su conocimiento y flexibilidad para su manejo.

Si dañamos los paisajes dañamos nuestra naturaleza pero también nuestra cultura. Porque es imposible separar el paisaje del sujeto. La naturaleza y los ecosistemas existen por sí mismos. El paisaje, no. Necesita la mirada del ser humano.

El paisaje tiene espíritu, con el que es posible compenetrarse y fusionar con el nuestro; una relación que puede tener un aspecto místico en el caso de la alta montaña. De ahí el concepto de geografía sagrada o el sentido de profanación del paisaje.

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