Almudena Grandes Foto https://www.esdiario.com/
ECOEMBES COMARCA

Sin querer elevarme a la categoría de esta gran mujer, cuyo apellido ya lleva implícito ese talento que le ha acompañado en vida, un buen día una amiga, en su afán de darme ánimos en mi tarea de aprendiz de escritora, me dijo que yo era la Almudena Grandes del pueblo que ha creado ese vínculo entre nosotras. A partir de ese momento, me interesé más por sus escritos como columnista de El País y empecé a leer artículos, en los que descubrí a una persona capaz de adentrarse en una sociedad plural y compleja.

Hoy, quiero hacer alusión, principalmente, a las palabras que salieron de sus labios en la última entrevista que le hicieron y que pude escuchar el pasado sábado 27 de noviembre en Informe Semanal. Allí expresó que los lectores y lectoras eran su libertad y que gracias a ellos pudo escribir los libros que ella quería, y no los que los demás esperaban que escribiera. Me encantó la naturalidad con la que contó que ella misma se sorprendió por la hazaña que supuso el acabar su primer libro. En respuesta a lo que la gente le decía de redactar una segunda novela, porque eso lo hacía cualquiera, Almudena se echó las manos a la cabeza pensando en lo duro que había sido escribir la primera. Comentó que treinta años atrás el hecho de publicar un libro era una gran logro y que, en ese momento, no podía aspirar a más.

Esta mujer que escribió desde la belleza de las palabras, afirmó, cuando se le preguntó si había pensado alguna vez en entrar en la RAE, que su ambición literaria tenía que ver más con la literatura en sí que con los elementos periféricos de la misma.

Acabo con este fragmento de su novela  Malena es nombre de tango  “Luego alcancé a comprender que el tiempo nunca se gana, y que nunca se pierde, que la vida se gasta, simplemente”.

dph

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