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Colocación del Belén montañero.

Por fin un poco de sol, por fin un poco de luz; tras salir del congosto de Olvena, camino de Villanova,  absorbíamos los oblicuos  rayos amarillos sobre las aguas del pantano. Por él se arrastraban escasos jirones blanquecinos. Las pesadas  brumas  del Somontano daban paso a un cielo ribagorzano limpio como el ojo de un pajarillo cantor.

La comitiva de vehículos sustituía al antiguo autobús rebosante pues la distancia entre los montañeros escribía un guión a respetar. Ascendíamos por el valle del Ésera con la esperanza de poder celebrar un belén robado a las penosas limitaciones de esta pandemia.

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Los niños disfrutaron de la excursión.

Habíamos preparado la excursión diez días antes pisando nieve  recién caída pero hoy el suelo estaba seco. El aire fresco se colaba por  la fila de excursionistas en un ascenso pausado y empinado. Sólo los bojes guardaban su atuendo verde porque el resto de habitantes de este bosque desnudo  lanzaban sus abrazos ciegos.

Las piedras del camino estuvieron todo el día ocultas bajo un manto de hojas. Los quejigos, avellaneras y blancos abedules habían extendido su cálida alfombra y provocaron  resbalones durante toda la jornada. La Naturaleza acoge con su extraordinaria belleza pero deja patente cierta hostilidad, consecuencia de la fiereza con que a veces se manifiesta.

En una hora y media estuvimos junto a la ermita de san Pedro Mártir. Ahora era el momento navideño en cuanto las figuritas del belén presidían el portal improvisado sobre una roca.

Poco a poco, los bancos de madera que recuerdan romerías primaverales se llenaron de bullicio y comensales. El bocadillo de rigor daba paso a algún polvorón que otro y  la celebración  dictada desde su casa por el cura Pedro Escartín tuvo un tono  alegre en los labios del presidente José Masgrau. Sólo quedaba entonar el villancico de siempre por un coro  de gorros colorados al unísono, ya que el alma de la Navidad fundía los corazones de niños y adultos.

Y el detalle singular de la jornada se produjo cuando un viejo conocido del senderismo de nuestro club, Ernesto Delmás, oriundo de Villanova, se ofreció a guiarnos por otro sendero de bajada  que dio el toque de calidad para cerrar el círculo de este  trayecto dominical. Pudimos admirar desde un mirador las cimas nevadas del  pico Gallinero enfrente, el Turbón al lado y los picos del valle de Eriste al fondo.

Pico Gallinero al fondo.

El viento de norte que azotó durante la pasada borrasca se ha asociado a la inversión térmica de estos últimos días para menguar los espesores de nieve pero la postal invernal dejó constancia de que la Navidad está aquí.

Cuando entraban los niños de nuevo a Villanova recibieron con sorpresa un bautismo montañero propuesto con los bastones cruzados haciendo un túnel sobre esas cabecitas alocadas por la alegría. Son nuestra esperanza y el futuro del montañismo barbastrense.

 

dph

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