Puerta principal del instituto. Foto L. Arcarazo 31-VIII-2021
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Nuestros abuelos romanos se deseaban salud en sus encuentros o despedidas. De ahí el verbo saludar (salutare, desear salud) y el nombre saludo. Como tantas otras costumbres de la civilización romana, de la que formamos parte, ha llegado hasta nuestros días. Y así con este Salutem queremos empezar nuestra primera editorial del año 2022 para desearos a todos que estéis bien.

La salud, siempre necesaria, ha cobrado el verdadero protagonismo y sentido que realmente tiene en nuestra existencia en estos dos años de pandemia, que parece no acabarse nunca por los aumentos de contagios de coronavirus que estamos sufriendo en esta séptima ola y que dejan bloqueada la atención primaria, el parapeto más cercano del ciudadano para enfrentarse a la enfermedad.

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Es por ello, que reivindicaciones tan imperiosas como la ampliación del vetusto y colmatado centro de salud de Barbastro, que atiende a la gran mayoría de vecinos de la Comarca de Somontano, se hacen más necesarias que nunca en este año que acabamos de empezar. Y todo apunta a que a final de año 2022 veremos por fin las máquinas trabajando en la ampliación del ambulatorio barbastrense.  Así lo dijo el presidente de Aragón Javier Lambán en su última visita en diciembre a Barbastro.

Una ampliación necesaria a todas luces pero que tendrá un importante daño colateral en el tan mermado patrimonio local con la desaparición del antiguo colegio público del Pedro I, construido en la II República y de cuya evolución nos hablaron ya en el anterior número de esta revista y también lo vuelven a hacer en este número los historiadores Luis Alfonso Arcarazo y Pilar Lorén. Estos dos artículos llegan desgraciadamente a modo de epitafio de un centro educativo por el que pasaron miles de barbastrenses y que está condenado a ser pasto de las máquinas de demolición.

Pero también con la publicación de estos artículos queremos lanzar la pregunta al foro público de si su permanencia ¿es incompatible con el nuevo proyecto de ampliación del centro de salud?. ¿No habría manera de que este espacio quedara integrado en esa futura reforma del ambulatorio para prestar servicios médicos como ya se ha venido haciendo con la vacunación o con la realización de tests PCR?  ¿Supondría mucho alterar el proyecto que contempla convertir este colegio en un solar desde donde construir el nuevo centro de salud? Seguramente sí: supondría mucho dinero y tiempo de redacción y tramitación, y supondría sobre todo alargar la precariedad del personal sanitario y de los usuarios.

A mitad del siglo XX, el urbanismo de nuestra ciudad era bien distinto al actual. Entonces los próceres de la res publica decidieron que el actual emplazamiento era el ideal para el centro de salud. Hoy en día ya no cabe cuestionarse la ubicación del centro de salud. Pero quizás, una política urbanística más imaginativa, valiente y sensible con nuestro patrimonio local hubiera llevado a plantear un nuevo centro de salud en una zona donde hubiera mejores comunicaciones sobre todo para las ambulancias. Ello hubiera permitido además destinar el antiguo colegio Pedro I para otros usos municipales: centro cívico para albergar asociaciones, escuela de música, … ¿De verdad ya no hay tiempo para revertir esta decisión?

En ese caso, nos quedará sólo desear que estas obras del centro de salud sean una realidad y echar mano de la hemeroteca para recordar tanto patrimonio perdido.

Que este año nuevo nos traiga salud a todos.

dph

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