Jaime junto a su madre Bibiana

Los aficionados a la tauromaquia de la provincia podrían tener en unos años a un diestro al que seguir en Estadilla. El niño Jaime Clausell Badía, ya a sus 9 años, apunta maneras para convertirse en una figura del toreo. Vocación no le falta, ya que a los 2 años asombró a sus padres con una frase reveladora, soreprendente y contundente: “Mamá, quiero ser torero”.  En la familia no hay referentes taurinos ni sus padres tienen una gran afición por el toreo. “Sólo lo levantábamos para ir a las 6 de la mañana a la suelta de vaquillas en las fiestas porque quería ver las vacas. Siempre le han gustado los terneros e ir a las granjas”, explica su madre Bibiana Badía. 

El pasado mes de septiembre lo llevaron a una corrida organizada por la Escuela Taurina de Huesca “con la idea de que cuando viera que mataban al toro se le quitaran las ganas”, explica su madre que en todo momento quiso disuadirlo de su empeño. Pero Bibiana consiguió el efecto contrario. El niño salió entusiasmado: “Se puso eufórico, se levantó, pidió autógrafos, … me dijo que preguntara que quien era el maestro para apuntarse”. 

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Hasta que cumpla los 12 años, edad reglamentaria para participar en la Escuela Taurina, su abnegada y esforzada madre lo lleva entre dos o tres veces cada semana hasta la plaza de toros oscense o a plazas de Zaragoza para contemplar las clases, jugar con los útiles propios de la tauromaquia y ver las capeas desde la barrera.  “A mí no me hace gracia, pero el está convencido que este quiere ser su trabajo. Pero me gusta que en la Escuela Taurina veo que enseñan mucha disciplina, esfuerzo y compañerismo, que son valores muy buenos, aunque luego no llegue a ser torero”, cuenta su madre. 

De momento el abogado montisonense Javier Vilarrubí, gran aficionado a la fiesta nacional, ya se ha comprometido en ser su apoderado, el día que Jaime reciba la alternativa.

 

 

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