Como en el film con Ricardo Darín, “Truman”  (Cesc Gay) aquí se narra una historia de un periplo vital, a partir del personaje de Daniel Mantovani (Oscar Martínez), escritor sexagenario de renombre – recientemente laureado en la concesión de Nóbel de literatura- y que es aprovechado por el dúo de directores para vehicular su discurso, es decir las filias, preocupaciones y demás mandangas  de la vida propias de un personaje que atraviesa cierta crisis existencial y en el que no faltan las grandes peroratas y disertaciones, de incontenida ambición filosófica y fuerte calado intelectual. Aquí se menciona a Borges, claro. (Los argentinos siempre barriendo para casa)…Y algunas veces sin venir  a cuento; aunque como ocurre con otro clásico en estas lides, Woody Allen, a los padres creativos de una obra siempre les ampara cierta legitimidad de hacerlo, con independencia de que a nosotros , espectadores,  nos importe mucho o nada. 

Personalmente, he de decir que encuentro esta película argentina un acierto por la frescura empleada en los modos narrativos, alejada de ciertos convencionalismos, porque se desliza como la seda, porque en apariencia no cuenta mucho pero cuenta algo, y sobre todo  porque el sarcasmo y humor que destila hacen acto de presencia, pero sin forzar, casi con espontánea naturalidad (toma nota Cesc Gay). 

gobierno de aragón

Nuestro protagonista, un poco ya de vuelta de todo y luego de su periplo Europeo de muchos años,  plagado de eventos y reconocimientos, dejará Barcelona para volver a su pueblo natal de Argentina, y allá será recibido por sus paisanos casi como un héroe y aparte de otras pintorescas vivencias, se reencontrará con su antigua novia ahora casada con alguien que se parece  a un hermano. Es en este punto donde el film comienza a establecer su sutil discurso, en buena parte basado en la dicotomía memoria-realidad y que aun siendo interesante tal vez acaba apuntando más de lo que ofrece. Como en el cine de Woody Allen aquí está más trabajado el fondo que la forma, pero al menos ese fondo tiene su chicha. El film no aburre y diría que si funciona muy bien la historia es en parte gracias a la personalidad y buen hacer del actor Oscar Martínez y en general un casting en conjunto inolvidable.

Varios

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