Ucranianos de vacaciones en Aragón.
Eduardo Puente. Ángel Huguet.

La situación de conflicto pre bélico en Ucrania se sigue con mucha preocupación a casi 3.500 kilómetros de distancia por las familias de acogida temporal de niños ucranianos en las provincias de Huesca y de Zaragoza que forman parte de la Asociación de Asistencia a la Infancia. En estos términos informa el barbastrense Eduardo Puente, directivo con experiencia que ha sido presidente del colectivo durante catorce años.

Gracias a la labor social de esta Asociación, niños ucranianos procedentes de la región de Chernobil tienen la posibilidad de disfrutar vacaciones, en verano y en navidad, con familias distribuidas entre las provincias de Huesca y de Zaragoza. En el transcurso de dos décadas algunas familias adoptaron niños y niñas ucranianas que ya tienen nacionalidad española.

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“La situación se vive con nerviosismo grande por la incertidumbre propia de una situación que nadie sabemos cómo terminará, pinta muy mal, la prueba es que veinte países, España entre ellos, han pedido que regresen a casa con lo cual los niños y niñas pueden sufrir las consecuencias”. Los contactos diarios con la representante de la Asociación y otras personas ucranianas “no transmiten, realmente, la situación actual. Las que tienen más posibilidades a través de medios saben, perfectamente, como está”

En cambio, “los colectivos y familias de estos niños y niñas que traemos en vacaciones tienen un nivel cultural muy bajo, viven en pueblos, solo saben lo que dicen las autoridades ucranianas y por no alarmar a la población transmiten una situación controlada”. Los niños que pasaron sus vacaciones de Navidad entre las familias de acogida han regresado hace quince días a Ucrania, “la traductora que ha compartido estancia me ha dicho que lleva cuatro días sin dormir porque la incertidumbre es grande”.

Respecto a las vacaciones del verano, “los programas y protocolos se preparan con mucha antelación, de casi tres meses, por si fuera posible traerlos. Tenemos que prever todas las situaciones posibles porque si estalla, puede pasar cualquier cosa. En una situación así que no hemos vivido en veinte años no sabemos como actuarían todas las partes”. En el caso de la Asociación, afectaría a cerca de cien niños y niñas, aunque en Navidad se redujo al 50% pero es habitual la disminución por esas fechas”.

En esta línea, “cada año se firma un convenio para realizar estos programas porque los niños y niñas dependen de familias ucranianas y del Gobierno. Nuestro deseo sería que pudieran venir lo antes posible pero no tenemos esperanzas de que sea así”. En la provincia altoaragonesa hay niñas y niñas adoptadas por iniciativa de las familias de acogida temporal, ocho de ellos en Barbastro, “entre ellos mi hija Ganha que vino cuando tenía 5 años de edad, con 7 años la traje para que siguiera en el colegio, ahora tiene 22 años y estudia carrera en la UNED. “Ella sigue la situación desde aquí, habla con su madre y aunque le dice que no pasa nada, está muy preocupada”, señala Eduardo.

Carlos, padre de dos niñas ucranianas, señala que “la pequeña sigue desde Barbastro con preocupación todo lo que pasa y la mayor que reside en Kiev tampoco oculta los temores por la situación y la posibilidad de que las amenazas sean reales”.

dph

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