El hígado, con un tamaño similar al de una pelota de rugby y un peso aproximado de 1400 g en mujeres y 1800 g en los hombres, ejerce la función depurativa por excelencia en nuestro cuerpo, es como un filtro, aunque tiene muchas otras funciones: Extrae los nutrientes esenciales para la digestión, se encarga del  almacenamiento de energía en forma de azúcar para que el organismo pueda utilizarla y filtra las sustancias tóxicas provenientes de lo que consumimos y de los medicamentos que tomamos, evitando que las sustancias tóxicas se almacenen en el resto de los órganos. Sus enzimas transforman las moléculas tóxicas en derivados fácilmente eliminables por la sangre, la orina, la bilis u otras vías.

Por ello es fundamental mantenerlo en buenas condiciones depurándolo al menos dos veces al año. La primavera, junto al otoño, son las épocas del año donde el mismo cuerpo nos pide que hagamos una desintoxicación, pero cualquier época es buena para realizar un proceso de depuración hepática, sobre todo si ha habido excesos. De este modo evitamos  que las toxinas se acumulen en otros órganos  y puedan generar  trastornos.

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Señales de que nuestro hígado esta sobrecargado y necesita una limpieza son la carencia de energía vital, tener digestiones lentas, alteraciones en la piel, aumento del colesterol,  tener la lengua amarillenta o blanquecina, así como su reflejo en las emociones. Porque cuando éste órgano no está en equilibrio solemos experimentar impaciencia, intolerancia, falta de claridad mental, falta de concentración, enfado, rigidez, frustración e incluso agresividad. 

Vemos como no eliminar adecuadamente los tóxicos que ingerimos conlleva pesadas consecuencias. Por el contrario, una vez que hayamos depurado nuestro hígado veremos como tenemos más vitalidad, nos sentimos más dinámicos, creativos, flexibles e intuitivos.

El proceso de desintoxicación hepática es muy fácil

En primer lugar debemos limitar tanto como sea posible los factores que lo sobrecargan. Llevar una dieta suave, beber mucho líquido, hacer ejercicio o al menos movernos un poco y tomar con conciencia o disminuir  en lo posible, el consumo de fármacos hepatotóxicos como los corticoides, el paracetamol y el ibuprofeno, que van directamente a nuestro hígado, así como por supuesto el alcohol.

Por otro lado sería ideal acompañar el proceso de un ayuno, cada uno dentro de sus posibilidades, para permitir descansar al organismo. Así como necesitamos descasar la mente, el organismo  también debería descansar. No pasemos pena por no comer, en la sociedad actual en que vivimos estamos sobrealimentados, deberíamos tender a comer bastante menos. Respecto al ayuno, si nunca se ha hecho, necesita cierta preparación mental, pero nada que no esté al alcance de todos.

Hecho esto, o aunque no lo hagamos, si no sufrimos ninguna patología concreta, con ayuda de las plantas medicinales y algún complemento fitoterapéutico es suficiente para depurar nuestro hígado. 

La planta más conocida es el Cardo mariano, cuyo principio activo es la silimarina que  además de desintoxicar ayuda a protegerlo. Otras plantas son la Alcachofera, el Boldo, el Diente de león, la Ortiga verde o el Desmodium. 

Cualquiera de estas plantas se puede tomar en infusión o en extracto, solas o combinadas. Existen preparados muy útiles en forma de viales que contienen una mayor concentración de la planta. Lo ideal sería introducirlas de manera habitual en nuestro día a día en infusiones y en el momento de las limpiezas profundas tomar un preparado específico. Sin duda, en la herboristería será donde mejor nos aconsejen qué necesitamos en nuestro caso concreto y cómo tomarlo. 

Es fundamental tomar conciencia de la importancia de limpiar nuestros filtros al igual que limpiamos los filtros en nuestro hogar.

 

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