Grabado de Goya sobre los “Desastres de la guerra”.
ciudadanos

Sabemos que las mujeres participaron activamente en la Guerra de la Independencia y conocemos los nombres de algunas de ellas. Sin embargo, disponemos de escasa información sobre lo que realmente hicieron e ignoramos casi todo sobre su personalidad.

Muchas mujeres quedarán en el olvido, muchas de ellas cayeron víctimas de los franceses, de sus desmanes y abusos. Algunas han sido distinguidas como heroínas en los Sitios de Zaragoza, reconociéndolas por su valentía en las gestas contra los soldados franceses, mujeres del pueblo llano aparecen con nombres y apellidos, y destacan de una forma singular e importante.

GOB ARAGON surge
Combate contra los dragones franceses. Los Sitios de Zaragoza

Entre ellas hubo una heroína, la injustamente olvidada, Josefa Buil Franco, la única condenada a muerte y que consiguió salvar su vida gracias a su valor. De ella dice Nuria Marín Arruego: “ fue una mujer que demostró crecerse en la adversidad y que puso en juego, cuando fue necesario, el único bien que tenía, su vida, para luego continuarla sin alardes, asumiendo lo hecho como algo natural de lo que no tuvo la necesidad de vanagloriarse adquiriendo notoriedad”.2

Josefa nació en Barbastro el 13 de septiembre de 1780, hija de Miguel Buil y de Polonia Franco3. Se casó con Miguel Manuel Ballabriga (nacido en Barbastro el 4/11/1777), tres años mayor que ella.

Josefa se traslada a Zaragoza al ser reclutado Miguel, para engrosar las filas para la defensa de la ciudad de Zaragoza.

Durante los primeros días del verano de 1808, en el “primer sitio”, su esposo Miguel fallece en la contienda y Josefa que contaba con 28 años, no duda en unirse con su amiga y vecina, también viuda, Benita Portolés de 22 años, para participar en distintos frentes del barrio donde vivían, concretamente en la calle Palomar, donde estaba el convento de Santa Mónica, y al lado del de San Agustín, plaza de la Magdalena o el arco de Valencia.

Comenzaron haciendo funciones de auxilio a las tropas o a los heridos, pero pronto rompieron esquemas enarbolando las armas como cualquier combatiente, o haciendo fuego en las baterías de la plaza de la Magdalena.

Padeció las fatigas como uno de los mejores soldados, tanto de día como de noche, ya con las armas en la mano, ya manejando el cañón o llevando víveres y municiones a las baterías. Josefa era pues una luchadora incansable.

El día 20 de febrero de 1809, se firmó la capitulación de Zaragoza ante el ejercito francés, la única mujer de las heroínas zaragozanas condenada a muerte, fue Josefa Buil, que en el juicio se enfrentó al general francés Suchet, le dijo que “por qué quería fusilarla por defender a su patria y le preguntó si él no haría lo mismo por Francia”. Y Suchet, ante estas palabras, la dejó ir, pero le dijo que se quitase de su vista y se fuera de Zaragoza.

Muchos supervivientes, abandonaron la ciudad de Zaragoza, los franceses, no entendían como aquellas personas habían logrado aguantar durante dos meses al mejor ejercito del momento, viéndolos tan maltrechos cuando salían de la ciudad.

Entre los que se ausentaron de la ciudad se encontraba Josefa Buil, que se trasladó a su ciudad natal a casa de sus familiares, aunque los franceses seguían ocupando Barbastro, creía que allí pasaría desapercibida, ya que en Zaragoza era conocida por las autoridades policiales.

En su ciudad natal, Barbastro, realiza trabajos de espía, y monta un servicio de espionaje, que pone al servicio del ejército español. Sirvió de correo entre paisanos y guerrilleros, informando para ambas partes de lo sucedido dentro y fuera de la ciudad y dando cobijo y alojamiento en su casa a los perseguidos.

Tras la contienda, Josefa, insta a los diferentes Jefes militares que la conocieron y premiaron, a que certifiquen sus servicios, al objeto de reclamar una pensión ya concedida por el Capitán General del Reino, y que ahora la Hacienda le exigía demostrar documentalmente.

Para ejercer mayor fuerza, Josefa solicitó del Contador de la Real Contribución de la ciudad, que le emitiera un certificado contributivo de los pagos realizados por ella, siendo este negativo, no se le conocían fincas, ni propiedades, ni impuestos en repartimientos. Con todas las certificaciones y otras de similares, insta a Palafox para que le sea reconocida la pensión otorgada en los años de los Asedios, dado que se hallaba sin qué comer, sin medios para subsistir y constituida en la mayor desolación, por ellos se ve precisada a recurrir y hacer presente para aliviar sus penas y miserias pues lo demás seria complacerse en sus desgracias”.

Uno de los expedientes con la firma de Josefa Buil

De las certificaciones que hacen referencia a las acciones militares que protagonizo Josefa; en la declaración de la conducta observada durante la contienda se recogía: “Josefa Buil natural de Barbastro se halló en dicha ciudad durante el segundo asedio y la vi hacer fuego en una de las baterías de la plaza de la Magdalena en compañía de Benita Portolés natural de Alcañiz, y Teresa Liesa natural de Huesca, especialmente en la esquina de la calle del Doctor Palomar, en cuya casa habitaba la expresada Benita Portoles”.

Sobre Josefa Buil, Luis Lapuente, el alcalde de barrio de la parroquia de la Magdalena que había comandado una porción de paisanos contra los franceses, afirmaba que: “Josefa Buil fue una de las mujeres que mas se distinguieron en el segundo asedio de esta ciudad en los puntos del arco de Valencia y plaza de la Magdalena, y que dicha Buil hacia las fatigas correspondientes como uno de los mejores soldados tanto de día como de noche”.

En similares términos se expresaba uno de los mayordomos del Hospital de Niños Huérfanos de la ciudad, presente en la contienda.4

El Capitán General premió a Josefa Buil, con el “distintivo de la cinta encarnada”, y otorgó una pensión de cinco reales de vellón diarios “en premio de su celo, y continuo trabajo en las Baterías, haciendo el mismo servicio que un soldado.5

Josefa Buil Franco, está enterrada en el Panteón de la Capilla de las Heroínas de los Sitios, en la Iglesia del Portillo de Zaragoza,  junto a sus compañeras “Heroínas”, que habían dado ejemplo de valentía y coraje como nunca se había visto en Europa.

En reconocimiento a los méritos contraídos por Josefa Buil y Benita Portolés, se bautizó la calle en la que vivían, como calle de las heroínas, tiempo después  “alguien”, desconociendo quizás el porqué de la rotulación determinó cambiarla por la actual, (Doctor Palomar), quedando así ambas despojadas  del único tributo que la ciudad les concedió.

No estaría mal que Barbastro, la ciudad que vio nacer a Josefa, la reconociera poniendo su nombre a una calle de la ciudad.


Bibliografía

1 Fototipia L. Escolá – Biblioteca Nacional de España. Los Desastres de la Guerra, museo del Prado.

2.- Nuria Marín Arruego. “Mujeres. Los Sitios de Zaragoza (1808-1812)”

3.- Archivo Diócesis Barbastro Monzón. Nacimientos: tomo: XVIII – (29 y 136)

4.- AMZ, fondo Palafox, sig. 3-7/5, año 1818, f. 1r y 1v, respectivamente.

5.- AMZ, fondo Palafox, sig. 3-7/5, año 1818, f. 1v.

6.- AMZ, fondo Palafox, sig. 3-7/3 y 4, año 1818 y sig. 3-7/8, año 1821.

 

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