Ramón Arilla
Varios

Ramón Arilla Alós que nació hace 100 años en El Tormillo (4 de marzo de 1922), en el municipio de Peralta de Alcofea, forma parte de la historia local porque fue el último Jefe en la Estación de Tren, inaugurada en 1941, hasta el cierre de las instalaciones ferroviarias el 15 de diciembre de 1969.

En la ciudad residió con su familia los últimos quince años previos y puso epílogo a una historia iniciada en 1880 por la Compañía del Norte hasta la creación de Renfe. Ramón cumplió 100 años en Barcelona, donde reside con tres hijos, Pilar, Enrique y Armando, -naturales de Barbastro- y sus cónyuges.

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Salida de un tren de viajeros en 1968. Foto Ferrán Llauradó en La revista del ferrocarril

A estas alturas de su vida longeva ha tenido tiempo suficiente para contar sus experiencias ferroviarias a los nietos Laura, Marta y Álex y cuando sea posible a los bisnietos, Carlos, Andrea, Paula y Carla. Recuerda el día que entró en Renfe con 20 años, cuando dio la primera salida al tren con silbato y banderín, “fueron momentos emocionantes”. Respecto a su estancia en Barbastro, “en aquella etapa la Estación tenía mucha importancia para el comercio y la economía de la ciudad y su zona”.

En este aspecto, “el tren comunicaba a las personas que vivían en comarcas de la montaña y a las empresas de la zona con el resto de España. La mayoría de mercancías se transportaban por tren, el cemento para la construcción del pantano de El Grado, el transporte de carburantes de Campsa, el ganado, los militares llegaban en tren, viajeros y los productos del comercio de toda la comarca salían desde aquí”.

El carácter servicial del ahora centenario no pasó desapercibido, “estuve a gusto en todos destinos y recuerdo Barbastro de forma especial porque allí nacieron mis tres hijos, hice muchos y buenos amigos”. Hace diez años, cuando cumplió 90, Ramón regresó a El Tormillo y a Barbastro, “los hijos me regalaron un viaje sorpresa que comenzó en mi pueblo donde no regresaba hacía tiempo. En aquella ocasión estuve en Selgua donde crecí hasta que tuve 20 años e ingresé en Renfe. Vigo fue mi primer destino”.

Ramón Arilla

En aquella estancia en Barbastro visitó los terrenos donde estuvo la Estación de Tren, “solo quedaba alguna vía y parte de la antigua valla. Me dijeron que ahora ni siquiera eso y da mucha pena. Se puede entender para quien vivió aquella etapa cuando el tren era clave en la economía de Barbastro y la comarca, extensible a la vida diaria. Parece mentira que no quede nada”.

En la misma línea, “pienso que las autoridades podrían haber conservado la Estación como recuerdo para que las nuevas generaciones aprendieran la importancia que la Renfe tuvo en el desarrollo de la ciudad y en la vida de muchas personas. Al menos, de recuerdo para los mayores y de aprendizaje para los jóvenes. En la última vez que estuve allí me quedé muy triste porque no encontré ningún resto que sirviera para recordar que un día estuvo la “burreta”, entre otros trenes. Por lo menos algún indicativo que informe de la historia ferroviaria en Barbastro porque solo está la referencia de la Avenida del Tren”.

En el mismo espacio, encontró el resultado de una actuación urbanística del Plan de Reforma Interior en lugar de la Estación por donde circularon ocho trenes de viajeros y dos de mercancías hasta el 15 de diciembre de 1969. En aquella visita, no exenta de nostalgia, Ramón recordó donde estaban las vías de mercancías, la serrería de Canales, los almacenes de la Cooperativa, el depósito de agua, los talleres, el edificio central, el almacén de vinos de Fulgencio Montañés, incluso las chabolas de los gitanos.

“Billete de despedida por 14 pesetas”

Todo eso forma parte de la geografía sentimental de Barbastro con referencia de varias máquinas “la burreta”, la “Tirso de Molina”, la “tanque número 232”, la locomotora “Diesel 1401” y el ferrobús, entre otros que funcionaron, hasta la supresión de trenes de viajeros que dejaron paso a mercancías “a vagón completo”. Hasta que llegó el cierre por falta de rentabilidad. El último viaje de Selgua a Barbastro fue el 15 de diciembre de 1969 y el billete costó 14 pesetas.

Ramón Arilla

Ramón era “amigo íntimo” del barbastrense José Meler que fue maquinista de “la burreta”. En la última visita que hizo a Barbastro “sentí emociones personales cuando me agaché para tocar la vía que estaba semi oculta entre las malezas”. Ahora con 100 años recién cumplidos “es emocionante recordar aquella etapa de mi vida que estuve en Barbastro donde llegué como factor de circulación, era un destino bueno porque el tráfico se limitaba a cuatro trenes de viajeros y dos de mercancías. Cuando llegué en 1955 había 42 empleados, se trabajaba mucho entre trenes de viajeros y de mercancías pero el declive llegó cuando la carretera cobró más auge”.

A partir de entonces, “se detectaba una disminución progresiva de faena, de las máquinas de vapor pasaron a las de gas oil y con la supresión de trenes dejaron elegir destino”. En su trayectoria profesional estuvo en Tardienta, Vigo, San Sebastián, Selgua -allí se casó- Barbastro y oficinas de Renfe en Barcelona donde finalizo su vida profesional después de 41 años. “Aquí sigo con la familia” y permanecen los recuerdos.

 

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