Miguel Ángel Encuentra. “YI-N 100” (2022)

La semana pasada, aprovechando la Semana Santa pude pasarme por Yi, la última exposición de Miguel Ángel Encuentra que se ofrece en la UNED de Barbastro y que se mantendrá hasta el día 25 de mayo. La propuesta en la que ha estado trabajando el artista merece una visita por parte del espectador, que no puede salir indiferente, y creo que también merece una serie de reflexiones por mi parte.

Según Zygmunt Bauman, la historia del arte es la historia de un esfuerzo continuado por ir más allá del breve tiempo que concede la vida biológica. Para entender esta definición que hace Bauman, hay que encuadrar sus palabras desde una perspectiva del mundo que llevamos arrastrando más de dos mil quinientos años. Podemos trazar un camino hasta el momento en el que el griego Protágoras nos dejó que “el hombre es la medida de todas las cosas”, piedra angular sobre la que se ha construido la cosmovisión occidental. Esta frase simple del sofista griego encierra bastante más. Que el hombre sea la medida de todas las cosas tiene por lo menos un par de consecuencias principales: La primera, que el hombre sea consciente de sus límites, pues desde su posición y desde su conocimiento se enfrenta a la totalidad del universo; la segunda, que intente superar esos límites que lo atan a la intrascendencia, que busque lo trascendente del universo.

gobierno de aragón

Para el artista occidental, la búsqueda de lo trascendente es la razón última de su trabajo y en último término de su vida, ya sea de una manera más profana, prolongando su memoria mediante la fama, o alcanzando lo superior mediante la expresión de lo trascendente. En realidad, esta búsqueda no se predica solamente del arte sino que si uno se para a pensar, acabaremos llegando a la conclusión de que todos intentamos alcanzar cierta santidad en lo profano (“hasta entre los pucheros anda el señor”, que decía Santa Teresa). Aun así y ciertamente, si podemos decir que hay un “algo” en lo que se ha estado más cerca de plasmar lo trascendente mediante lo terrenal, es precisamente el arte. Desde la basílica vaticana de San Pedro o la capilla de Mark Rothko a las escenas situadas fuera de todo tiempo de Shu Qun o Ren Jian, la búsqueda y el intento de alcanzar y traducir un plano superior (o posterior) a lo humano han sido una constante dentro de la historia del arte.

Ren Jian (任戬) «Caos Primordial». 1987-88. Metropolitan Museum of Art.

Hace unos meses estuve con Miguel Ángel Encuentra hablando en su estudio de Barbastro sobre nuevos proyectos en los que está trabajando y algún otro que quiere emprender. Pasando hojas de catálogos y quitando sábanas de trabajos ya terminados me va explicando el proceso de concepción y creación de sus obras. Es mecánico y constante, va avanzando y puliendo un poco más la técnica con cada lienzo, en búsqueda de la perfección, ciclo tras ciclo. En una de estas conversaciones, como ahora se ve en la exposición que está presentando, me comentó que lo que más le interesaba era incorporar a su obra es la cosmovisión y la concepción del arte en Asia Oriental, normalmente ajena a nosotros los occidentales pese a que su influencia se ha dejado notar en varias etapas de la evolución del arte europeo.

Lo que llama la atención a un occidental que se inicia en este mundo es que la base filosófica cambia completamente. Para un occidental, la mayor parte de la vida es un asunto profano, mientras que en el mundo filosófico oriental hasta las cosas más cotidianas e insignificantes, como por ejemplo servir una taza de té, que seguramente sea el ejemplo más conocido, o el trazo que deja un pincel al escribir pueden tener un significado más profundo. Esta atención a lo en principio insignificante, esta ritualización del proceso de creación artística y la búsqueda de la introspección en cada trazo es lo que caracteriza a Encuentra.

El artista lleva una vida entera buscando la trascendencia por la vía de la perfección e incorporando elementos, técnicas y filosofías que le van acercando más a su objetivo, valiéndose del bagaje que han dejado cientos de artistas que han recorrido su camino con el mismo objetivo. En la propia exposición, cuyas obras abarcan un periodo de cinco años puede observarse perfectamente el dinamismo de la creación artística, un diálogo en el que hablan tanto el artista como la obra influenciándose el uno al otro y superando contradicciones o “desconciertos” como llama el artista. Y es que cuando lo que se quiere plasmar es la vida, tiene mayor importancia el proceso que el lienzo.

Por un trabajo tan prolongado, requerido de tal esfuerzo, y a veces tan ingrato, uno no puede evitar pensar en Sísifo, condenado por los dioses a cargar por toda la eternidad con una roca por la ladera de una montaña y que, justo antes de llegar a la cima, cae rodando hacia la base de ésta.

De la misma manera que Sísifo, Encuentra se enfrenta con constancia al objetivo casi por definición inalcanzable que constituye la experiencia y la plasmación de lo inefable. Pero no es en la consecución, sino en la aceptación del propio camino hacia la trascendencia y la aceptación de que este camino puede llevar toda una vida en lo que se encuentra la esencia última de la vida del artista y lo que diferencia a un aficionado de un verdadero creador.

¿Qué sería de la condición humana si no sostuviera la esperanza de lograrlo?

Como dijo Albert Camus, todo el gozo de Sísifo está en eso, que su destino le pertenece, su roca es su casa. La lucha para llegar a las cumbres basta para llenar el corazón de un hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz.

 

 

DPH

2 Comentarios

  1. Creo que el artículo sitúa al artista en la razón de sus investigaciones y búsquedas. Seguirá adelante y no parará, pues ha encontrado su camino, eso tan difícil.
    Un abrazo Miguel

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here