Ángel Nasarre Romeo
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La muerte de Ángel Nasarre Romeo, el 23 de abril, se suma a la historia del Bar Victoria que está entre las referencias sociales en Barbastro con 86 años de servicio desde que abrió las puertas por iniciativa de Manuel Larruga, el 23 de noviembre de 1930. Los sucesores, Ángel Nasarre y su cuñado Delfín Rodríguez tomaron el relevo en 1978 y optaron por el cierre en 2016 antes de dar continuidad a la actual tercera etapa del establecimiento. Ángel y Mari Carmen han atendido a miles de clientes tras el mostrador al que se incorporó también su hijo Ángel. 

La referencia del Bar Victoria tiene sabor a los calamares, champiñones y gambas a la plancha, en manos de Delfín que fue digno sucesor de Manuel Larruga, titular de “la ventaneta” desde la que se divisaba el Coso y por tanto, uno de los “lugares estratégicos” en la barra del Bar Victoria de enorme calado social durante -casi- un siglo. La estela de la plancha ha sido inconfundible en el paseo por el Coso y la referencia del Victoria, habitual en la ruta de bares locales “clásicos” para generaciones de barbastrenses y visitantes.

En términos “eclesiásticos” destaca la colección privada de botellas Heras Cordón, “el único vino de Rioja introducido en El Vaticano”, elaborados para los papas, entre ellos, Francisco. Ángel Nasarre hizo gala de esta colección de propiedad particular que no estaba al alcance de la clientela, aunque sí de los amigos de confianza, entre los que me he contado en vida. 

Ángel Nasarre Romeo

Angelito Nasarre (hijo) ha compartido vivencias y mostrador con su padre Ángel, su tío Delfín y su madre Mari Carmen en la cocina. Al final de su etapa, optaron por un cierre discreto, sin ruido, mediante una escueta nota cargada de emotividad y de “gratitud familiar” por redes sociales.

El denominador común fue dar continuidad a la historia cimentada en el cariño de la gente que ha sido característico para mantener el estandarte alto en el sector como seguidores de una etapa resumida en los aspectos más esenciales, “Barbastro, gratitud, alegría, reunión y fiesta” como la definió Ángel Nasarre el día que cerró la puerta del Bar Victoria, casi por sorpresa. A partir de entonces, ha compaginado Barbastro y su pueblo, Radiquero en cuyo cementerio reposa.

 

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