Joaquín Campodarve Lalueza y Jose Luis Pano posan para la portada del libro. Javier Armisén (Salas)

El Ebro guarda silencio al pasar por Zaragoza

Y al pasar por Pozán, lo guarda el río Vero

TORNO DE BUERA VERANO 2020

Allí se encuentra la patrona de Aragón

Y aquí Joaquín Campodarve, rondador jotero 

Sirva esta humilde copla para homenajear a uno nuestros joteros más ilustres, Joaquín Campodarve Lalueza (5 de marzo de 1931, Pozán de Vero – 25 de mayo de 2022, Barbastro).  

Joaquín elevó a la categoría de arte el género de la jota de ronda

Aunque también se subió a los escenarios para entonar la jota más purista, tras formarse con Fidel Seral y Camila Gracia, con la Asociación Folclórica de San Lorenzo de Huesca. Pero fue en los pueblos de nuestra geografía altoaragonesa donde triunfo, si triunfar es llegar al corazón de la gente. Y lo hizo con su voz atronadora y su garganta trémula, primero acompañado por su maestro Fidel Seral, el cantador de Morilla, y después por su pupilo Paco Lacambra, el Chato de Pallaruelo. Después se sumaría Javier Badules, que mantiene viva la herencia de estos bardos. 

Joaquín debutó en Radio Juventud Barbastro en 1954, al año siguiente ganó el certamen de jotas del Teatro Olimpia de Huesca y ya no concursó más, pues lo suyo más que los escenarios y las giras –rechazó viajar a E.E.U.U.– era cultivar su huerto y sus campos y atender a las muchísimas peticiones que recibía para cantar en las calles de los pueblos de la provincia y más allá. 

Fue profeta en su tierra

La calle donde nació lleva su nombre, recibió muchos homenajes, también un servidor escribió su biografía por encargo del malogrado José María Mur al frente de la asociación cultural de Pozán, donde nunca faltaban las coplas de Joaquín. 

Al margen de la jota, fue juez de paz y alcalde desde 1964 a 1972. Se caso con el amor de su vida Victoria Vida y tuvo tres hijas, María Ángeles, Mariví y María Jesús, y dos nietos, Andrés y Joaquín. Fue feliz con su gente, con sus oliveras y hortalizas, que cultivo hasta bien entrado en años.

E hizo feliz a tantos vecinos de una España de posguerra con una simple guitarra, una bandurria, un porrón de vino y unas jotas improvisadas socarronas, llenas de ironía y talento, pero a la vez tiernas y emocionantes.

Sus innumerables coplas deberían ser publicadas al igual que reeditado su libro. Pueblos como Buera ya preparan un merecido homenaje, donde ha dejado huella, igual que en la cabecera de este medio.

D.E.P. Jotero rondador y gracias por tanta alegría. 

Y allá va la despedida. 

 

 

 

DPH

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