Clínicas veterinarias y mascotas
Mosaico con la leyenda CAVE CANEM

Hoy hablaremos de las clínicas veterinarias y mascotas de personas y dioses

Veterinario

La palabra veterinario / -a, sea adjetivo o sustantivo, proviene de la palabra latina veterinae, «bestias de carga», que conecta a su vez con vetus, veteris, viejo / -a, anciano / -a, como vemos en estos otros derivados (veteranía, veterano / -a, inveterado / -a, inveterarse -envejecer o anticuarse-, veterotestamentario / -a -Perteneciente o relativo al Antiguo Testamento-).

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Según recoge la RAE como adjetivo significa «Perteneciente o relativo a la veterinaria», como sustantivo un veterinario / -a es la persona que está legalmente autorizada para ejercer la veterinaria, que es la disciplina que se ocupa especialmente de cuidar y prevenir las enfermedades de los animales, así como del control de los alimentos de origen animal.

Manuales veterinarios antiguos

Respecto a las principales fuentes antiguas de la Hipiátrica («Medicina de caballos»), tenemos los manuales veterinarios de Absirto (o Apsirto), Eumelo (médico veterinario de Tebas, en Grecia), Hierocles, Hipócrates y Teomnestus, así como el trabajo de Pelagonio (que como curiosidad fue un texto latino traducido al griego), a los que hay que añadir el capítulo sobre los caballos de la compilación agrícola de Anatolio; todos estos autores se inspiran en los clásicos predecesores veterinarios griegos (es decir, Jenofonte y Simón de Atenas, entre otros), que trataron en sus escritos sobre agricultura y ganadería.

Mascotas

Sobre las mascotas diremos que en Grecia eran habituales los perros (hasta con epitafios en su lugar de enterramiento, como aquel que dice: «Estoy llorando, mientras te llevo a tu último lugar de descanso, tanto como me regocijé cuando te traje a casa en mis propias manos hace quince años»), y otros animales domésticos y salvajes como caballos, loros y otras aves, delfines, guepardos…

En Roma eran también habituales (basta recordar el pajarillo de Lesbia / Clodia al que dedica tras su muerte un delicado poema Catulo, o la perrita Issa de nuestro poeta Marcial, que podía competir en gracia y ternura con aquel), incluso el gato fue aceptado en época imperial como animal de compañía. Un claro ejemplo es el típico CAVE CANEM («Cuidado con el perro») que se solía poner en los mosaicos con teselas en la entrada de las casas.

Como animales famosos en la Antigüedad nombraremos a Bucéfalo o Cabeza de buey, el caballo de Alejandro Magno; o el caballo de carreras preferido de Calígula, llamado Incitatus (Impetuoso), que dormía en una caballeriza de mármol y comía en un pesebre de marfil, y al que el propio emperador quiso nombrar cónsul, según Suetonio.

Otra anécdota

En cierta ocasión, el emperador Augusto reprendió a un senador que lo había invitado a su casa, porque este quería echar a la piscina de las pirañas o cocodrilos a un esclavo suyo, que había roto casualmente una copa de cristal que para el senador era sagrada. El emperador se encaró con él, argumentándole que la vida humana valía más que este material valioso, puesto que él podía ordenar hacerle lo mismo al senador.

Divinidades olímpicas

Por otra parte, también las divinidades olímpicas tenían sus animales consagrados:

  • el águila real y el toro a Zeus;
  • el pavo real, la vaca y el cuco a Hera;
  • la cierva y otros animales salvajes, como osos y jabalíes, a Diana;
  • la lechuza a Atenea;
  • los caballos, delfines y otros peces a Poseidón;
  • las palomas y gorriones a Afrodita;
  • el buitre, serpientes venenosas, perros y jabalíes a Ares;
  • los corzos, cisnes, cigarras, halcones, cuervos, zorros, ratones y serpientes a Apolo;
  • la pantera, los delfines, las serpientes y el burro a Dioniso;
  • los cerdos y serpientes a Deméter;
  • el gallo y el perro Cerbero a Hades;
  • el burro y la grulla a Hefesto;
  • la tortuga, el carnero, y el halcón a Hermes
  • o los caballos al dios sol Helios.

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