Manuel Crisoloras dos Romas para una civilización única

Manuel Crisoloras: dos Romas para una civilización única

El horizonte ha quedado ensombrecido. En lo alto, las puntas de lanza relucen al son de su mortífero ulular. Se escuchan los relinchos de la caballería, agrupándose a lo lejos. Pero son los gritos de entusiasmo y los chillidos de la muerte que habrá de venir la victoria sutil sobre el instinto: la marcha acaba de comenzar y el enemigo, confiado en su superioridad numérica, acelera el paso. El choque de ambos ejércitos designará el futuro del último vestigio del antes todopoderoso Imperio Romano.

Manuel Crisoloras

Manuel Crisoloras tuvo que decidir si asumir la derrota de su país u obstinarse en la gloria pretérita de un mundo en decadencia. Erudito, historiador, políglota y recolector de los saberes grecolatinos, escogió aceptar el nuevo orden europeo a sucumbir con su patria. A Crisoloras le debemos ser uno de los impulsores del posterior Renacimiento italiano a pesar de ser bizantino y haber nacido en Constantinopla, en el escogido enclave del Bósforo.

Viajó por Italia, Francia e incluso Inglaterra como embajador del emperador Manuel II Paleólogo a finales del siglo XIV

Hay que recordar que la Europa de aquel tiempo estaba asolada por oleadas epidémicas de peste bubónica, hecho que afectó al desarrollo de las artes, a la proliferación de tendencias pesimistas e idealistas posteriores, y también a futuros cambios políticos y de puesta en práctica de la filosofía, es decir, de la ciencia, como rama que es la última de la primera. Ante un mundo que parecía resquebrajarse sin compasión, Crisoloras impulsó escuelas dentro y fuera de su patria. Tradujo obras clásicas de filósofos como Platón o Aristóteles, y fue profesor de gramática latina y griega en Florencia, cosechando numerosos discípulos en los principales focos culturales mediterráneos.

Sin embargo, Manuel Crisoloras seguía siendo un orgulloso bizantino

. Desconocemos si su impulso trascendía la labor intelectual, pedagógica, pero tampoco resulta recóndito ni atrevido suponer que mantendría cierto amor por una cultura que encarnaba el último espíritu de la herencia grecolatina.

Décadas antes de su nacimiento alrededor de 1360, el Imperio Bizantino tuvo que recurrir a la ayuda de mercenarios genoveses, venecianos y a las ambiciosas pretensiones de la monarquía aragonesa, en creciente expansión hacia la ruta de la seda, que le ofreció el envío de veteranos almogávares, tropas de asaltantes a sueldo sin piedad y provenientes de casi cualquier condición, lejos de todo ideal de nobleza.

Los almogávares derrotaron a los otomanos en el sinuoso paso de las Puertas Cilicias, en una renovada matanza contra un enemigo obsesionado con devorar Constantinopla y todo el orbe cristiano. Más adelante, serían esas mismas tropas aragonesas las que causarían el terror entre los bizantinos, cuando su líder fue asesinado por el temor del débil emperador oriental. Desde entonces, los asedios túrquicos a la capital se sucederían. Lejos quedaban los tiempos en los que Roma y Constantinopla definían, orgullosas, los límites de la civilización.

Del deseo de conservar el recuerdo de lo que fue nació Elogio de las dos Romas, una larga carta que Manuel Crisoloras escribió a su emperador con el fin de elogiar la grandeza de ambas capitales. Seguramente el lector pensará qué puede decirle un erudito nativo al líder que gobierna el país y esa ciudad.

El mensaje

El mensaje de Crisoloras es un bello acto de amor hacia los puentes culturales que unen el mundo cristiano desde la herencia común grecolatina. Constantinopla, elevada a capital del Imperio Romano de Oriente alrededor de mil años antes de la escritura de esta obra, apenas era una sombra de cuanto llegó a representar. Sus riquezas, como su población, languidecían. Su territorio se veía mermado con contundencia campaña militar tras campaña militar. Y occidente, que otrora se involucró en el auxilio de la vieja brújula cultural europea, ahora estaba afanado en sus propios objetivos y lides.

En la época en la que se escribió esta bellísima carta,  redactada con una prosa refinada y elocuente en la que recuerda la historia de Roma y Bizancio, a los herederos del tesón romano sólo les quedaba su orgullo. Una fortaleza moral que, para traducirse en ánimo de supervivencia, necesitaba recordar quiénes seguían siendo: los guardianes de la civilización occidental, los descendientes de Roma, también de la joya a las puertas del Mar Negro.

Crisoloras no consiguió su objetivo

Constantinopla cayó definitivamente por el afán de un joven sultán, Mehmed II, sanguinario y estratega, un día de mayo en 1453. Pese a las tretas, a la superioridad numérica otomana, a la obstinación del monarca turco y a la potente artillería utilizada para quebrar las impenetrables murallas de la ciudad, los invasores necesitaron recurrir al azar del descuido, o a promover la traición, para conquistar la ciudad. Cayó la kerkaporta, un acceso secundario para comerciantes que alguien se dejó abierto y permitió el flanqueo definitivo de las murallas.

Pese a todo, venecianos, aragoneses y genoveses lideraron a los titubeantes defensores hasta que llegó el fin de la resistencia y la ciudad fue tomada. Para algunos historiadores, aquel fue el final de la Edad Media y el inicio de la Edad Moderna. Para otros, ese momento no culminaría hasta el descubrimiento de América décadas después, en 1492.

Elogio de las dos Romas es, por su brevedad y concisión, una obra monumental

Además de su valor como curiosidad, el libro nos devuelve a los orígenes de nuestras raíces culturales. Grecia, Roma y su legado palpitan en el poso bizantino, que en ocasiones lo amplió, en otras simplemente se limitó a conservarlo.

Editorial Rhemata

Editorial Rhemata edita este libro prodigioso en una edición bilingüe en griego bizantino y en castellano actual de la mano de la doctora e investigadora del CSIC en Filología Clásica Inmaculada Pérez. El lector que decida escoger esta epístola exquisita se encontrará con un legado y con un trabajo de traducción, pulcritud y mimo por el saber a un precio más que asequible. Manuel Crisoloras les espera, junto a ustedes, para contarles una historia. La de una ciudad, la de una civilización, la de ustedes mismos. No dejen pasar la oportunidad.

La ficha

Elogio de las dos Romas

Manuel Crisoloras

Traducción de Inmaculada Pérez Martín.

Editorial Rhemata, Reus, 2022. 10 euros.

© David Lorenzo Cardiel, 2022.

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