Estación de esquí aragonesa. Foto S.E.

Érase una vez un proyecto olímpico capitaneado por una región, rica y poderosa, sumamente poblada y con gran capacidad de influencia, a cuyos gobernantes se les ha consentido absolutamente todo. ¿Todo? Si, queridos niños, todos. Hasta una declaración unilateral de independencia. Y había también una comunidad vecina, pobre y despoblada, insignificante en términos electorales a la que se le priva de voz suficiente y a la que se le machacó con una inmigración infame, pero cuyo territorio albergaba unas montañas maravillosas, anheladas por esos mismos vecinos.

Cuenta la historia que ambas regiones, cuyos habitantes, que no sus gobiernos, convivían con absoluta armonía, bajo el impulso del Gobierno Central y en condiciones de igualdad, iban a impulsar la candidatura a unos juegos olímpicos, cuya finalidad máxima y última era regenerar y propiciar el desarrollo económico y social de sus valles pirenaicos. Y había también un árbitro, cuya única función era recoger el acuerdo entre ambos territorios, con total imparcialidad y sin fomentar ni decantarse por una de las partes.

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La comunidad rica y poderosa quería desarrollar, en especial y sin importarle el resto, uno de sus valles más icónicos para los ciudadanos de su capital, para lo cual las pruebas de esquí alpino si o si tenían que celebrarse en dicho territorio. Precisamente aquellas pruebas con mayor retorno en términos de audiencias, sponsors, etc. y que, acabados los juegos, iban a tener una mayor continuidad. Ni el propio nombre se estaba dispuesto a compartir. La comunidad pobre y despoblada no podría aceptarlo, pues el perjuicio era más que notorio, en términos de presente y de futuro. Y hacía que el proyecto no fuera en términos de igualdad. Del resto de pruebas, queridos niños, había absoluto acuerdo.

¿Queréis saber, mis queridos niños, cómo se solucionó la cuestión? Pues con una actuación de parte y posterior carpetazo del árbitro, debidamente difundida por unos medios de comunicación claramente parciales, siempre dispuestos a apoyar al más fuerte. También con el desprecio público más absoluto y el desprestigio hacia los legítimos gobernantes de la comunidad pobre y despoblada por no plegarse a la propuesta inicial previamente preconcebida por una de las dos partes. Esa actuación de parte que dio por definitiva una primera propuesta interesada y predeterminada sobre la que los asistentes no tenían capacidad de decisión final, que debía ser refrendada en un segundo estadio, y sobre la que los propios asistentes de la comunidad pobre y despoblada reconocen públicamente que nunca vieron atendieron sus posicionamientos y que se vieron coaccionados. Es evidente que siempre es más compleja la posición del que tiene que proponer un cambio cuando se parte de un escenario bendecido no se sabe bien porqué ni por quien.

Y aquí acaba el cuento de lo que algunos llamaron el sueño olímpico bajo postulados de responsabilidad social, solidaridad, respeto, desarrollo pacífico sin detrimento del prójimo, etc. Pero que nunca fueron tales.

Cuento contado cuento acabado. Ahora es responsabilidad de nuestros gobernantes (municipales, autonómicos y nacionales) reconducirlo y debemos exigir y explicar bien lo sucedido y hacer llegar a todos los estamentos nacionales e internacionales la realidad de lo acontecido (resultó sonrojante la ausencia casi total de medios aragoneses en la rueda de prensa del Sr. Alejandro Blanco). Sin acritud y sin remilgos. Entre otras cosas porque tan importante es la realidad como el relato de la misma. Lo sabemos bien los que nacimos con anterioridad a los 90 y vimos y vivimos determinados acontecimientos en este país. Y aquí nuevamente se nos están anticipando aquellos que durante décadas y por causas realmente inexplicables llevan instalados en puestos de responsabilidad y de poder. Hasta el punto que el Sr. Gasol, quiero creer confundido, priva de veracidad las declaraciones públicas de unos técnicos y se declara públicamente orgulloso de su lugar de nacimiento (¿Qué quiere decir con ello?) para recriminar, presuponer la falsedad en unas personas y poner en el foco a la parte débil de la ecuación. Muy valiente por su parte.

Queridos niños… Se me olvidaba un último consejo: no os dejéis grabar nunca sin vuestro permiso y menos aún sin obtener copia de la mismas, pues de lo contrario alguien podrá realizar filtraciones parciales y descontextualizadas para generar un determinado clima de opinión.

DPH

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