Samuel Pepys.

«Me desperté por la mañana con la cabeza en un estado lastimoso por la bebida de anoche, de lo que ahora me arrepiento. Me levanté y salí con el señor Creed a tomar nuestro trago mañanero, que él me dio en forma de chocolate para asentar mi estómago».

Quizá Samuel Pepys no sea muy conocido en España para el gran público. Es normal teniendo en cuenta que Pepys fue un funcionario londinense del siglo XVII. Sin embargo, créame, querido lector, que se encuentra ante un autor célebre. El escritor y político inglés es bien conocido en los círculos académicos dedicados al estudio de la Historia y de las costumbres y la cultura británicas del siglo de la Restauración: sus diarios, su obra más notable, son una fuente primaria y primordial para la comprensión de la vida en las islas británicas en ese siglo. Colmadas de referencias políticas, observaciones cotidianas y la propia idiosincrasia del autor, la multitud de detalles de estos textos permite a los investigadores escarbar en el terreno inhóspito del olvido. A pesar de que apenas ha transcurrido algo más de trescientos años desde aquel entonces, los acelerados cambios sociales de los últimos dos siglos han sepultado buena parte de los detalles del día a día de la población británica, que en buena medida siguen siendo hoy un misterio que no sabemos si se podrá llegar a resolver.

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En esta ocasión, Nórdica Libros ofrece a los lectores hispanoparlantes la versión quizá más divertida y elocuente de los diarios de Samuel Pepys. La alegría del exceso reúne una selección sobre gastronomía y sucesos personales del escritor londinense logrando desplegar una obra a ratos hilarante, en otros curiosa y, simplemente, entretenida, como un libro ha de ser, en definitiva.

El libro está dividido en diez partes encabezadas con unos títulos que resultan chocantes. Sirvan, por ejemplo, estos dos que les ofrezco en adelanto: Impedir que se pierda el parmesano, La cuajada y el requesón no evitan la indigestión. Títulos, como este último, que parecen más bien refranes, si no consejos, o incluso divertidos ripios. Desde luego, el trabajo del editor Robert Latham, fallecido el pasado siglo, y de William Matthews a la hora de estructurar el libro, es esplendoroso. Ambos mantienen el pulso descarado de Pepys, quien no duda en abrirnos las puertas a los lectores hacia su gula, su amor por los placeres sencillos y las vicisitudes de sus digestiones a lo largo de los pasajes fruto de su pluma y espíritu. Lo hace, además, con un tono muy claro, por lo que consigue que las entradas de su diario se lean con fruición.

Durante la lectura del libro me he divertido tanto como he conseguido aprender ciertos detalles de aquel tiempo, en especial en lo que a platos se refiere. En general, la mayoría son equivalentes, cuando no idénticos, a los que preparamos nosotros: tipos de empanadas, pucheros, caldos, tartas de queso, aves asadas como es el caso del pollo y un muy largo etcétera de equivalencias. Sin embargo, hay unos cuantos que puede que le resulten algo más estridentes para el lector que se decida por este libro, como la anguila, por ejemplo, que si bien no es extraño su consumo en la actualidad tampoco resulta de lo más habitual. El resto de descubrimientos los dejo a merced de la curiosidad de los lectores.

La alegría del exceso es, en consecuencia, un libro muy entretenido. De lectura ágil y colmada de momentos divertidos, se ofrece como una curiosidad que asegura el placer del buen y del mal lector. Cuenta con la traducción al castellano de Íñigo Jáuregui. Concédanse este exceso de descubrimiento y pasión por las artes y la restauración. Eso sí, digestiva.

La ficha:

La alegría del exceso

Samuel Pepys

Edición de Robert Latham y William Matthews

Traducción de Íñigo Jáuregui

Nórdica Libros, Madrid, 2022. 16,50 euros.

© David Lorenzo Cardiel, 2022.

DPH

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