Contenedores en una calle comercial de Barbastro.

La imagen que acompaña a este texto no es una denuncia, aunque bien podría serlo. Muestra el deplorable estado de un par de contenedores de nuestra ciudad. Están soterrados por lo que sólo exhiben su destartalada parte visible. Podría pensarse que esta foto está tomada en una zona degradada de la ciudad, en un barrio de la periferia o en un espacio abandonado. Todo lo contrario. Es una imagen reciente de la calle Corona de Aragón. Para aquellos de fuera que nos leen y no están familiarizados con el callejero de Barbastro, el vial más comercial y más transitado de toda la ciudad.

Que este iceberg de inmundicia lleve meses, incluso años, entre nosotros ya no asombra a casi nadie. Tampoco sorprende que, a determinadas horas del día, estos contenedores estén sepultados por “toneladas” de cartones a modo de un altar dedicado al santo del reciclaje. Lo peor de todo, y lo que está en el centro del mal que aqueja a nuestra sociedad, es que ninguna institución política, asociación vecinal o ciudadano comprometido va a hacer nada para poner remedio a este agujero negro. Los habitantes de Barbastro van a seguir paseando por la acera donde se encuentran estos contenedores aunque tengan que sortear las manchas de suciedad del suelo y el hedor que se cuece en el interior ¡Qué más da!

MONZON
gobierno de aragón

Podemos pensar que es un caso aislado, que son simplemente un par de depósitos herrumbrosos, una situación puntual. Nos engañaríamos. Detrás de esta pésima imagen, -que se reproduce en otros tantos sitios del centro de la ciudad-, hay una cadena de responsabilidades que ha saltado por los aires. Una modalidad de pasotismo, bien instalado en las administraciones públicas y en no pocos sus empleados, del que no podemos esperar nada bueno. En este caso concreto, la sucesión errores que nos llevan a la deplorable imagen que ilustra este artículo empieza con el fallo estrepitoso de los técnicos del área de servicios por no decidir reponer, en su momento, estos contenedores. Su falta de autonomía en este asunto hiere su profesionalidad y nos perjudica a todos. Por supuesto, le acompaña en gravedad el fallo de los responsables políticos que no han querido comprometerse, ordenanza en mano, con una ciudad más aseada y digna. Fallan, también, los encargados de otras áreas municipales, pienso en el turismo, por engañar al visitante con el pésimo estado de conservación del mobiliario urbano y del centro histórico. Sorprendentemente, falla un colectivo de los más interesados, los comerciantes, que parecen ignorar que su escaparate empieza en la misma calle donde se sitúan sus negocios. Y por último, fallamos todos porque cuando pasamos al lado de esos contenedores musitamos algo parecido a una desaprobación, y al poco miramos hacia otra parte como si aquello fuera responsabilidad de otros.

Hay un valor político fundamental en la limpieza del espacio público: el de hacernos mejores ciudadanos en relación con los demás, con la ciudad y con el entorno natural. Sobre esto, en el ayuntamiento de Barbastro todavía no se han enterado.

Gobierno de Aragón
GOB ARAGON surge
dph

3 Comentarios

  1. Delante de la imagen hay orines perrunos que algunas ciudades combaten con 40 cm de pintura especial.
    Como la policía tendrá drones (¿Qué fue de aquel cochecito eléctrico-ecológico-sostenible que el “genius” Cosculluela compró? ) podrá seguir los pasos del propietario del can y multarle.
    Y mientras tanto los funcionarios de Servicios, que no paran de aumentar, que se dediquen a averiguar qué empresa andaluza fabrica esa pintura anti orines.

  2. Los responsables de los servicios del Ayuntamiento deberían saber que los orines oxidan el metal y por esos grandes agujeros de la foto salen los aromas de la basura en descomposición, a que se refiere el autor.
    Muchos barbastrenses pensamos que nuestro Ayuntamiento también está como en descomposición.

  3. Magnífico artículo Eduardo. Somos muchas las personas que vamos bajando los brazos ante estas cuestiones, nos aburren. Una sociedad aburrida. Ni siquiera nos hacemos los ofendiditos; eso sí, al perro que nadie le diga nada que son mejores que muchas personas. El efecto directo del hastío es la baja autoestima como conjunto social, indigno de merecer, como poco, limpieza. Entre la infinidad de opiniones al respecto se me ocurre una suerte de teoría: La infantilización de la clase política; como el padre que en vez de abordar los problemas reales de su hijo le compra juguetes justificándolo en que algo aprenderá, aunque no sepa el qué, y que además acabará usando aquél. Así ha sido noticia que el Ayuntamiento pretenda comprar un dron con cámara térmica, dentro de la delirante unidad de policía aérea, que incluso servirá para buscar personas desaparecidas; los cientos de personas desaparecidas en las últimas décadas en Barbastro, que además de no enfriarse ninguna de ellas, debe ser que no hubo dueño con perro que ofreciera el suyo para semejante labor, dado que al ser mejor que algunas personas, cómo íbamos a hacerle ir a buscar desaparecidos no inertes. Creo que para resolver los problemas de nuestro pueblo (sic.) no puede ser importante, ni mucho menos prioritario, por ejemplo, que la policía tenga una unidad de drones; cuestión diversa es que estén de moda y de paso el municipio se dé algún tipo de pátina, tenga algo de piste o se tire el moco, más allá de la generación urbana y espontánea de compost de la que tan ampliamente venimos siendo ilustrados al tiempo que paseamos con nuestras desagradecidas pituitarias; y, así es por ello, que en esta mi teoría, cuando la infantilizada clase política se enfrenta a los problemas como en interpelado por Eduardo no es fácil que los aborde, y por el envés, acabe exclamando: caca.

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