La extracción de la piedra de la locura
La extracción de la piedra de la locura

En el Museo del Prado (ahora más bien haciendo un cameo en el Museo de Bellas Artes de Budapest), se encuentra una de las obras de El Bosco que personalmente más me gustan: La extracción de la piedra de la locura.

Esta tabla de 48x34cm y pintada en una fecha tardía para el pintor, alrededor de 1505, representa un procedimiento que no diré que fuera común ni habitual, pero sí realizado alguna que otra vez en los Países Bajos de las postrimerías del medievo. La tradición popular neerlandesa asociaba los episodios de locura al alojamiento junto al cerebro de una piedra que dificultaba su funcionamiento y acababa por volver loco al paciente. Evidentemente, no había ninguna prueba médica que apoyara esta teoría, sino que era una suerte de metáfora, como cuando decimos que ”me han roto el corazón”, por ejemplo. Aun así, sí que hay registros de la realización de este tipo de operaciones, que eran practicadas en ingenuos pacientes que esperaban sanar mediante la extracción de la supuesta piedra.

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Lo que vemos en la imagen es a un campesino, que por la vestimenta y el volumen corporal deducimos que tiene bastante buena posición económica, que está siendo operado mediante trepanación por un “cirujano” que lleva la insignia del duque y un embudo en la cabeza. Los otros dos personajes restantes portan una jarra en la mano y un libro en la cabeza.

La extracción de la piedra de la locura
La extracción de la piedra de la locura de El Bosco.

Nada más lejos de la realidad, al pobre ingenuo no solo le están operando sino que le están timando. El Bosco es bastante dado al uso de la iconografía para esconder mensajes y aquí hay unos cuantos. El embudo que lleva el cirujano en la cabeza es un símbolo tradicional del engaño, por lo que queda claro que este personaje es un estafador y no un verdadero médico. El personaje de la derecha, con el libro en la cabeza, parece estar presente para dar seguridad de sus conocimientos, que deberán estar dentro de ese libro, aunque parezca que no sepa muy bien cómo usarlo.

La verdadera operación que se le está realizando al paciente, que cree que va a ser curado de la locura, le va a dejar castrado. Así ha sido interpretado por algunos historiadores del arte atendiendo a la flor (común símbolo sexual) que sale de la cabeza del paciente así como por la forma evidentemente fálica de la bolsa, que seguramente quedará vacía al pagar a los charlatanes. Y todo esto con el consentimiento del paciente, que parece no tener ni idea de lo que está sucediendo en aquel momento embaucado por la parafernalia y apariencia profesional del pintoresco trío.

La moraleja que quiere dejar el artista en esta obra es que, sobre todo en momentos de necesidad, hay que tener cuidado con los charlatanes que prometen enormes ganancias y sólo buscan hacer negocio propio, normalmente exitoso y a costa del ingenuo.

En más de una ocasión he comentado que lo que me gusta del arte entre otras cosas es que permite mantener una conversación a través de los siglos sin necesidad de cambiar ni de tema ni de idioma. Y a día de hoy creo que también es necesario, sobre todo en estos momentos de necesidad, incertidumbre y casi de psicosis colectiva, en un mundo que cambia a mayor velocidad de la que permite ser aprehendido, prevenirse de los charlatanes, embaucadores y falsos curanderos que recurren a magias y bálsamos de fierabrás, que son quienes suelen rondar cuando las aguas están revueltas. Porque cuando amansan, el mal ya está hecho y de ellos no queda rastro.

Varios

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