¡Hola!. Hoy voy a hablaros de un Santo muy querido y apreciado por todos: SAN CRISTÓBAL:

Su fiesta es el 25 de julio, pero como en España tenemos en esa fecha a nuestro patrón, Santiago Apóstol, se pasó a celebrar el día 10.

El Papa Pablo VI reformó el calendario litúrgico romano en 1.969, retirando de él a todos los santos cuya veracidad no pudiera ser contrastada, dejando la posibilidad de celebraciones locales por tradición, como es el caso de San Cristóbal en España.

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Los primeros relatos sobre él aparecen en Grecia en el siglo VI, pero las versiones más populares se originaron en la «Leyenda Áurea» escrita por Santiago de la Vorágine en el siglo XIII.

Su nombre original no se sabe, unos le llaman Offerus, otros, Reprobus.

Era un gigante de 5 codos de altura (unos 2,30 m.). La «Leyenda Áurea» dice que en su edad adulta llegó a medir 12 codos (casi 6 m.).

En Occidente lo describen con un rostro temible, que luego de bautizado pasó a ser más amable. En Oriente, lo hacen como «cinocéfalo», es decir con cabeza de perro. No se si éste era el caso de San Cristóbal, pero hablaron de esos seres: Heródoto, Plinio el Viejo, Carlomagno, San Agustín, que dice les predicó el Evangelio, Marco Polo, que se encontró con ellos en sus viajes, etc.. El caso es que en Oriente San Cristóbal era representado con esta peculiaridad y en España, podemos verlo así en un icono del siglo XVII que se encuentra en Valladolid y en la pintura mural de la iglesia de San Millán en Segovia.

Nacido, según la tradición católica, en Canaán, murió en Licia (Asia Menor) durante las persecuciones.

Recordareis que en tiempos de Moisés, Canaán era la «tierra prometida» a los israelitas en la que encontraron gigantes y parece ser que Goliat, de 6 codos y 1 palmo (2,97 m.) fue el último con el que tuvieron que luchar.

Después de todo lo anterior, se deduce que los «gigantes» no se habían extinguido con el Diluvio.

Nuestro gigante,  fuerte y orgulloso, decidió que era digno de servir a la persona más poderosa del mundo. Viajó mucho pero nadie le daba razón. Un día conoció a un ermitaño que vivía a la orilla de un río y le habló de Cristo y que podía servirle ayunando y rezando. Nuestro gigante le contestó que eso no era lo suyo y entonces el ermitaño le sugirió ayudar a la gente a cruzar el río, que era muy peligroso. Le pareció bien y se dedicó a ello. 

Pasado un tiempo, un niño le pidió que le llevase a la otra orilla. El gigante aceptó, se lo puso en un hombro y, según vadeaba el río, vino una crecida y el niño pesaba cada vez más. Habiendo cruzado con mucha dificultad y esfuerzo le dijo al niño: «Tú me has puesto en el mayor peligro. No creo ni que el mundo entero sea tan pesado en mis  hombros como lo has sido tú». Y el niño le contestó: «Tú no solo has tenido en tus hombros el peso del mundo, sino a Aquel  que lo creó. Yo soy Cristo, el que buscabas y a quien has servido en este oficio». El niño entonces desapareció. A raíz de estos hechos llamaron al gigante «Cristóbal» del griego Christóforos «portador de Cristo» y se dedicó a viajar para dar a conocer su vivencia. Viajó a Licia, donde estaban martirizando a los cristianos y allí murió decapitado.

Se ha querido ver en el significado iconográfico e iconológico de la figura de San Cristóbal un paralelismo con tradiciones paganas, lo que lo pone en contacto con dioses y héroes (Anubis, Jasón, Eneas, Hércules, Atlas, etc.). De cómo el mito de un gigante se transforma en la historia de un Santo y de cómo este Santo acaba siendo en la actualidad el patrón de los conductores y transportistas, es de lo que hablamos hoy: San Cristóbal fue un Santo muy popular y podía verse su representación en las puertas de las ciudades, en las iglesias, en los puentes y hasta en algunas casas, pues era creencia común que bastaba mirar su imagen para que el viajero se viese libre de todo peligro durante aquel día, «si del gran San Cristóbal hemos visto el retrato, ese día la muerte no ha de darnos mal rato». Se creía que cuanto más grande se le representaba, mayor era su protección. Todavía lo podemos ver en infinidad de templos como el de la catedral de Toledo, que mide aproximadamente 11 m. x 4,5 m. y es llamado cariñosamente «San Cristobalón». O, el de la catedral de Sevilla de más de 10 m., en la capilla donde se encuentra el sarcófago de Cristóbal Colón.

San Cristóbal llegó a ser venerado como uno de los catorce «santos auxiliadores», cuya invocación se consideraba eficaz contra determinados males físicos (Peste Negra, muerte súbita, epilepsia, dolor de muelas, etc. ) y contra rayos, tormentas e inundaciones. Por sus cualidades es considerado el protector de los niños y el santo patrón de peregrinos, viajeros, atletas, barqueros, marineros, jardineros, carreteros, transportistas, conductores de cualquier vehículo y de muchas ciudades y pueblos del mundo y además, de los «gigantes» y por tanto de los «portadores de gigantes». En Barcelona hay una capilla dedicada al Santo en la calle Regomir, construída en 1.503, que actualmente todavía conmemora la festividad con una pequeña celebración. Es tradición que los pequeños «gigantes del Pi» (Oriol y Laia), pasen la fiesta recibiendo a los conductores que se concentran delante de la capilla para recibir la bendición y que por la tarde homenajeen al Santo con un baile.

mazapán de San CristóbalTambién es tradicional comer ese día un roscón de brioche, relleno de mazapán y glaseado, con una cereza en el centro que representa el volante de muchos vehículos y que es llamado «volante de San Cristóbal».

En contra de lo que pueda pensarse, la fiesta de San Cristóbal que iba en decadencia, en estos últimos años tiende a resurgir. 

Observamos que las tradiciones oscilan en oleadas, y está claro que el ser humano las necesita y las recupera, para no perder el arraigo de su esencia.

Varios

2 Comentarios

  1. En referencia a este bonito artículo, recomiendo contemplar un retablo de Santaliestra que en la actualidad está completo y luciendo en nuestro Museo Diocesano. Su tabla central representa a un san Cristóbal enorme, de fuertes piernas y llevando al niño a hombros mientras cruza un río caudaloso apoyándose en su poderoso cayado. Es un retablo magnífico y con imágenes impactantes como el san Miguel Arcángel brillando pleno de oro. En su predela, entre otros, un san Sebastián muy joven, ricamente vestido y realmente apuesto.
    Este retablo de la escuela de Pedro Ximénez es realmente espectacular.
    Como anécdota diré que en diciembre del 2021, el primer día que se abrió la colección del Museo al público tras la incorporación de las obras regresadas a nuestra Diócesis, un don Ángel Noguero emocionado explicaba a un señor mayor este magnífico retablo y este señor se echó a llorar diciendo que era vecino de Santaliestra y ni él ni sus padres habían visto nunca su retablo.

  2. Propongo mirar un retablo de Santaliestra que se encuentra actualmente en nuestro Museo Diocesano. Su panel central representa a un gigantesco San Cristóbal de piernas fuertes que lleva a un niño a través de un gran río. Es un hermoso retablo con San Miguel Arcángel en oro. Su predela presenta a un joven y apuesto San Sebastián.

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