Misiones pedagógicas
Biblioteca Pública Municipal “Argensola” en la casa Argensola, antes de su transformación. Colección del Autor.

Durante las fiestas mayores de septiembre de 1934 pudo visitarse en Barbastro una de las exposiciones circulantes de pintura del Museo del Pueblo. Era un proyecto puesto en funcionamiento por el Servicio de Misiones Pedagógicas, dependiente del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes.

El Gobierno de la 2ª República entre sus objetivos principales estuvo mejorar la cultura, por lo que organizó el Servicio de Cultura con una ambiciosa política de desarrollo educativo cultural y una de las facetas fue la creación por Decreto de 29-V-1931 de las Misiones Pedagógicas (MP), que era un plan de solidaridad cultural organizado desde las plataformas del Museo Pedagógico Nacional y de la Institución Libre de Enseñanza (ILE).  Las MP pretendían “difundir la cultura general, la moderna orientación docente y la educación ciudadana en aldeas, villas y lugares, con especial atención a los intereses espirituales de la población rural”.

El Patronato de las Misiones Pedagógicas

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Archivo Municipal de Barbastro. Oficio del Patronato de Misiones Pedagógicas anunciando la llegada de libros, 1932

Compuesto por un presidente, Manuel Bartolomé Cossío, un vicepresidente, Domingo Barnés, un secretario, Luis Álvarez de Santullano y un grupo de vocales, como Antonio Machado, Rodolfo Llopis o Pedro Salinas.  Además reunió a unos 600 voluntarios entre profesores, maestros, intelectuales, artistas y estudiantes, como María Zambrano, Alejandro Casona, José Val del Omar, Luis Cernuda, Ramón Gaya, Eduardo Martínez Torner, Rafael Dieste, Maruja Mallo, Josefina Aldecoa, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Rafael Alberti, Luis Cernuda, María Moliner, Carmen Conde, Antonio Buero Vallejo o José Bergamín.

Objetivo de las Misiones

Era fomentar la cultura general mediante la creación de bibliotecas fijas y circulantes, proyecciones cinematográficas, representaciones teatrales, recitales de poesía, conciertos y un museo circulante.  El propósito no sólo era acabar con el analfabetismo, un 32% de la población, sino despertar el interés de los vecinos por la lectura y la cultura, creando un hábito que se mantuviese al término de las misiones.

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Portada de “La luna nueva”, libro de Misiones Pedagógicas en la Biblioteca Municipal de Barbastro.

Del Museo Ambulante, Museo Circulante o Museo del Pueblo, se hicieron cargo Ramón Gaya, Antonio Sánchez Barbudo y Rafael Dieste, entre otros.  Su objetivo era que los habitantes del mundo rural “aquellos que si bien habían visto alguna estampa o algún cromo, no han visto nunca verdaderos cuadros o no conocen ninguna obra de los grandes pintores del patrimonio artístico español, que como ciudadanos les pertenecía y que era injusto que siguieran desconociendo”.  Para los vecinos de los pueblos era un acontecimiento la llegada de las Misiones, pues muchos veían por primera vez una película, una obra de teatro o música clásica.

Organización de las Misiones

Hubo que dividir el proyecto en secciones: biblioteca, cine, teatro y museo.  Las Misiones se pusieron en funcionamiento en diciembre de 1931 y hasta 1936 llegaron a unos 7.000 lugares y hasta marzo de 1937 se repartieron 5.522 bibliotecas con unos 600.000 libros.  El Coro y el Teatro del Pueblo realizaron 286 actuaciones y el Museo del Pueblo pasó por unos 180 lugares, como Barbastro, con copias de obras de grandes genios de la pintura española, que difícilmente tendrían ocasión de disfrutar la mayoría de los españoles, al existir una desconexión entre el grueso de la población y el arte.

En las caravanas de las Misiones había colecciones de libros para prestar, para leer en voz alta u organizar talleres literarios; llevaban atrezos para las representaciones; gramófonos con discos y disponían de 26 proyectores Kodascope y Argus de 16 mm., y dos proyectores Zeiss Ikon para películas de 35 mm.  Se desplazaban en autobuses, camionetas o en caballerías para llegar a las zonas más retiradas, como refiere Josefina Aldecoa en su libro “Historia de una maestra”, el material llegaba en camión hasta donde podía y luego se transportaba a lomos de caballerías.

El Museo del Pueblo

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Gramófono con su disco. Colección del autor.

El presidente Cossío escogió 14 pinturas del Museo del Prado: Berruguete, Sánchez Coello, El Greco, Ribera, Velázquez, Zurbarán, Murillo y Goya, junto a 14 reproducciones de grabados de Goya, que fueron copiadas por Eduardo Vicente, Juan Bonafé y Ramón Gaya, que se expusieron por primera vez en el Barco de Ávila el 14-X-1932.  La buena acogida animó a crear una segunda colección formada por otras 14 copias realizadas por Ismael González de la Serna y Luis Blesa, con obras de los museos del Prado y Cerralbo, y de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que se expusieron el 22-X-1933 en Villacastín (Segovia).

El realizar copias dio lugar a críticas, como la de  Juan de la Encina, Director del Museo de Arte Moderno de Madrid, pues pensaba que podrían haber sido reproducciones mecánicas, que habrían sido más verídicas, fáciles de transportar y menos costosas.  La llegada del Museo a una localidad se anunciaba con un cartel diseñado por Ramón Gaya, mientras que el ayuntamiento o los maestros buscaban locales, que prepararían los voluntarios, colocando en las paredes arpilleras para facilitar la contemplación de las reproducciones, se adornaban con macetas y guirnaldas, y se ponía música con un gramófono con altavoz.  Lo habitual era visitar el museo por la mañana y por la noche proyectar las películas.

Bibliotecas en las Misiones Pedagógicas

Un Decreto de 7-VIII-1931 ordenó la creación de bibliotecas en todas las escuelas nacionales y, además, el Patronato asumió el establecimiento de bibliotecas fijas y circulantes, con los elementos existentes, la actividad del Museo Pedagógico Nacional, el Ministerio de Instrucción Pública o con la colaboración de particulares, organismos locales y provinciales.

El Servicio de Bibliotecas fue coordinado por María Moliner, Antonio Machado, Juan Vicens de la Llave y Luis Cernuda, mientras que el Patronato seleccionó los libros, clasificándolos en dos grupos: para adultos con novelas, poesía, literatura, tratados de ciencia, técnica, sanidad o historia, y para los niños con cuentos y libros de aventuras.  Habitualmente, la biblioteca se instalaba en la escuela como complemento para la docencia y a disposición de los niños, y cuando terminaba la jornada laboral, se abría para el resto de la vecindad.  Como el número de analfabetos era tan alto, los maestros organizaron lecturas en voz alta.

Las bibliotecas se instalaron sobre todo en aldeas mal comunicadas y sin ningún acceso a la cultura.  Las localidades de menos de 1.000 habitantes recibían unos 150 volúmenes, las de entre 3.000 y 10.000 vecinos recibían 300 libros y las más grandes 500 libros o más.  La acogida resultó sorprendente, con un progresivo aumento de lectores, aunque no fue infrecuente encontrar la oposición de algunas autoridades civiles contrarias al Gobierno, miembros de partidos conservadores y curas rurales, donde los maestros temían las represalias en caso de aceptar la Misión.

El número de bibliotecas creadas en 1932 fue de 1.182, en 1933 se incrementó en casi 800, en 1934 ya había 2.306 y en 1935 más de 5.000 bibliotecas.  En este sentido, el 22-II-1932 el alcalde de Barbastro, Teodoro Cortés, recibió un oficio de Luis A. Santullano, vocal-secretario del Patronato de MP, remitiendo un talón de ferrocarril para recoger la biblioteca que le había sido concedida, acompañado de un listado de 95 obras: 5 ejemplares de la Constitución Española, el Diccionario Larrouse, Historia de España en 2 tomos o un Atlas Universal.

Había autores españoles, como Pérez Galdós con 4 tomos de los Episodios Nacionales o El Quijote, extranjeros, como las Obras Completas de Shakespeare, Resurrección de Tolstoi o Fausto de Goethe, y además, cuentos como los de Perrault, Cuento de Navidad de Dickens o los Cuentos de Grim de Andersen y las Poesías Completas de Machado.  Mª del Carmen Arcarazo ha encontrado un ejemplar en la biblioteca, “La Luna Nueva”. (Poemas de niños), de Rabindranaz Tagore, traducido por Zenobia Camprubí y publicado en 1934.  Lleva varios sellos, en uno pone Lecturas para niños, el del Patronato de Misiones Pedagógicas, que fue resellado encima con otro de la Junta de Intercambio y el de la Biblioteca Pública Municipal, el resto desaparecerían en la inundación de 1965.

Música, cine y proyecciones fijas

La música figuró en los programas de adultos y de niños, llevando gramófonos y discos de canto gregoriano, zarzuela, música lírica regional española, obras de Bach, Beethoven, Schubert, Mozart o Haendel.  Lo habitual era que los niños escucharan música en la escuela y los adultos por la noche o en días festivos.

Gracias a las Misiones muchos vecinos vieron por primera vez imágenes en movimiento y como en algunos lugares no había electricidad, se llevaba un generador autónomo de gasolina.  Para las proyecciones de opacos se utilizaron epidiáscopos Leitz, un episcopio Zeiss Ikon y dos proyectores de diapositivas para los cuadros.

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