Durante largos años, algunos estuvimos creyendo que la corbata había sido un invento francés. En realidad procede de Croacia, y fueron mercenarios croatas quienes la llevaron a Francia en el siglo XVII, según una costumbre de sus enamoradas. Éstas, que vestían numerosas sayas de tela blanca, solían, al despedirse, arrancarse un jirón que anudaban al cuello de su amado, deseando así que volviera pronto y en buen estado de revista. Total, sólo iban a la guerra de los 30 años.

Se nos calienta el planeta

Entre paréntesis, me aparto del trascendental problema de la corbata para decirles que el hombre no tiene gran capacidad de acción en lo que de real tenga este cambio. El planeta ha sufrido no se sabe cuántas glaciaciones (en un momento se habló de cuatro, luego se dijo que podían haber sido muchas más y mucho más breves) y

las causas proceden de dos categorías

Las cosmológicas, o de fondo, como la actividad solar, la inclinación del eje de giro de la tierra, incluso las propias tripas del planeta, que están calentitas y activas (pregunten, si no me creen, a los volcanes), y otras varias que ciertamente interesan poco, pues cuando alguien avisa que, para sacar consecuencias de estos fenómenos, hace falta un mínimo de diez mil años, el interés tiende a enfriarse.

Y causas coyunturales, que son las que gustan. Porque ya pueden hacer comités, conferencias y circos para montar numeritos rentables. Y rapiditos. El horizonte 2030 se nos echa encima y a saber si para entonces no estamos todos al gratén. Ciertamente que los que (todavía) nos consideramos humanistas defendemos un planeta limpio… ¡porque es nuestra casa! No somos esos salvadores del planeta en cuyo propio domicilio gotea la mierda hasta por las gárgolas. Que esta tierra nuestra sea diferente a multitud de piedras gordas, tontas, frías y muertas que dan vueltas a su alrededor, sólo se explica y se justifica porque es un lugar de cita homocéntrico, porque el ser humano habita en ella. Si no, podría ser tan gorda, tan tonta, tan fría y tan muerta como las demás, y seguiría dando vueltas millones y millones de años.

El miedo

Pero ¡al negocio! De todas las herramientas de las que se sirven los redentores de nuestras catástrofes para forrarse a nuestra costa, la más rentable es el miedo, camino directo hacia la esclavitud alborozada.

¡Hossana al salvador! Pero, para ser permeables al miedo, es aconsejable una raza de clónicos. Que todos piensen igual, hablen igual, sientan igual, incluso lleguen a vestir igual como en su día los hambrientos discípulos de Mao Zsedong.

De ahí el valor esencial de la enseñanza, de la que tiene que ser excluida la ciencia. Las religiones han utilizado este sistema milenios y siempre con éxito. Las religiones pueden muchas ser respetables, si no intentan excluir la ciencia, la sabiduría, el conocimiento. Pero lo intentan.

No vamos a proteger los bosques del fuego con gentes del bosque, que sepan lo que se traen entre manos. Nos vamos a enfrentarnos a una crisis vírica sin precedentes con médicos y científicos. No vamos a diseñar un plan de supervivencia energético con ingenieros especialistas. No vamos a establecer pautas de alimentación infantil con dietólogos pediátricos. Para eso están las nuevas religiones, las ideologías que nos traen los salvadores. ¡Hossana y hossana!

Así que el camino de la salvación está trazado. Los bosques arden, sí, pero al final se apagan. La crisis vírica se atenúa. Después de dejar 7 millones de muertos directos y un número que ni se sabe ni se dejará saber de afectados crónicos que irán cayendo. Pero se  atenúa. Nuestros salvadores han suprimido los generadores nucleares de electricidad en Europa y nos entregan atados de pies y manos a los señores del gas y del petróleo. Pero los han suprimido, no como los insensatos chinos, actuales dueños económicos del mundo, que están desarrollando un ambicioso programa de generación nuclear y a los que, por cierto, se les ha admitido en el selecto club de los señores del gas y del petróleo, sin necesidad de tener ni una cosa ni otra.

Hay quien alimenta (¿?) a los niños con deficiencias vitamínicas y de nutrientes, pero no echen la culpa a nadie, porque cuando el sol sale por el este son responsabilidad de los padres y cuando sale por levante pertenecen al Estado, así que nadie se aclara. Salvo la publicidad, que ahora presenta unos niños guapísimos, ñoñísimos y sabiondísimos en anuncios en los que amonestan y enseñan a su padres (¡educación!) el funcionamiento de todo: electrodomésticos, ropavejería, reciclaje… En defensa de los niños, justo es destacar que lo de guapísimos es lo único que ponen ellos. El resto se lo da el guión.

Y así debe ser, porque los niños son los receptores directos e indefensos de los nuevos planes de enseñanza, o sea, los únicos que están bien enseñados.

Sin sabiduría, sin ciencia y con una historia reinventada a gusto del salvador, para que no aprovechen experiencias no deseables. El camino se allana por momentos, el 2030 está a la vista, y la nueva e infalible estrategia de la comunicación no falla. Para superar problemas, por graves que sean, no hace falta resolverlos, sino sustituirlos por otros que ocupen el debido lugar en los medios y en la moda. Es una de las fórmulas por la que se está llevando al despeñadero a nuestro sistema sanitario.

Y ya tenemos en el horizonte, en el último tramo, dos grandes retos.

El geriatricidio (creo que se está llamando así lo de suprimir a los viejos), una fórmula eugenésica idónea para retirar del Estado la parte que incordia y gasta. Tal vez se complemente con la primacía de la raza aria, lo que evitaría inventar nada porque ya lo inventó en su momento Hitler. Se viene contando como un chiste pero no olvidemos la fórmula: medios, moda y problemas acuciantes sin resolver. Y el chiste dejará automáticamente de hacer gracia, aunque ya maldito si la tiene.

Como último escalón, ¡la supresión del dinero! ¡Más hossana! El diabólico duende que no nos deja dormir a fin de mes, ni al principio porque pensamos que en 30 días llegará otro fin, dejará de existir. Y la propiedad privada, también.

Largo ha sido el paréntesis, pero volvamos a la trascendente corbata. Para eso están las mentes preclaras. Tras un verano asfixiante en muchos lugares, una mente preclara nos ofrece la solución: “¡quítense la corbata!”. ¡¿Cómo no lo habíamos visto antes?! Yo me la he puesto de inmediato (porque no la llevaba) para podérmela quitar. Y de verdad que se nota el alivio. Como no tenemos capacidad, ya dije, para influir en el clima, yo me contento con mantener la casa limpia.

Si un tercio de la contaminación del planeta la genera China sola y otro tercio Estados Unidos e India, con alguna menor contribución de Rusia y Japón, yo me doy por satisfecho con mirar dubitativamente el papel de envolver el bocadillo de calamares que tengo en la mano, y a la hilera de cubos que tengo enfrente, mientras pienso con cara de idiota: “¿qué puñetas hago con el papel?

De todas las nuevas religiones, la más llamativa e innovadora es sin duda el planeta. En las antiguas, uno podía ser bueno o malo, y el premio te esperaba en el juicio definitivo, ganabas tu cielo o tu infierno. Pero en la del planeta, al contrario que en las otras, el castigo es colectivo. Todos al cielo o todos al infierno. Así que no se podrán tolerar disidentes. Hay que seguir el camino de la fe verdadera. A estacazos, si ello fuere necesario. Por lo que, me temo, estacazos van caer unos cuantos.

Antes que me caiga el primero, les voy a hacer una perversa confidencia. El dinero no dejará de existir. Simplemente, quedará en los bolsillos de una panda de sinvergüenzas que se harán los dueños del mundo. Para los demás, los límites de consumo, los corralitos, las cartillas de racionamiento o lo que nos echen. Es mejor resolver los conflictos eliminando a la indisciplinada clase media que a bombazo limpio porque se han hecho bombas muy gordas.

Tienen sus ventajas, ya que con temperaturas, en el núcleo de una explosión atómica, unas 15 veces superiores a la del núcleo solar, la materia orgánica se volatiliza hasta más allá del estado de plasma. Algo así como transformar directamente el cuerpo en alma sin tener que separarlos, un considerable ahorro en servicios funerarios y celestiales. Aunque es posible que nos libremos de la volatilización si los grandes perros aceptan compartir la carne porque tienen mucha y sólo para ellos. Algún cachorrillo que intente enseñar los dientes, como Ucrania, se llevará un mamporro, pero al modo tradicional.

Y volviendo al clima, ¿qué pasará si hay calentamiento? Puede que no baste con las grandes piras de corbatas, que quemaremos en bien del progreso, sino que haya que seguir quemando prendas. Teniendo en cuenta que, sin dinero y sin propiedades, acabaremos ya en pelota picada, la entrada en el 2030 será una entrada triunfante.

¿Y los negacionistas? ¿No respetaremos su derecho a contrariar la verdadera fe? ¡Por supuesto que lo respetaremos! Les dejaremos la corbata. ¿Qué mayor contestación cabe que marchar con su corbata colgando? Sólo la corbata. Del resto, lo que haga colgar la naturaleza.

 

 

 

 

 

 

 

 

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