Los tiempos que corren, gracias a la sabiduría perversa de los nuevos amos del mundo y a la estupidez supina de quienes deberían enfrentarlos, son fértiles en abonar carencias sobre los ciudadanos de a pie. La solidaridad es hoy tan necesaria que no necesita justificarse. Lo que sí es necesario justificar, más que nunca, es dónde van esos copiosos ríos de dinero que en nombre de la solidaridad nos sacan.

Este humilde gacetillero se atrevió a proclamar por escrito su falta de fe en la partitocracia parlamentaria como forma de progreso, si el pueblo no está respaldado por las dos columnas que soportan la libertad y la democracia, que son la justicia y la información. Por eso los nuevos amos se lanzan vorazmente contra ellas, a tragarse la judicatura y los nuevos medios: televisión, redes sociales… Sin embargo, no deja de ser incómodo que la gente pregunte y denuncie, así que hay que conseguir una generación monocorde, que ni sepa ni objete. O sea, un educar igualmente perverso e “inclusivo”.

Con tal cosa, sólo veo como esperanza la rebeldía de una juventud que se nieguen a ser todos borregos del mismo establo y con el mismo pienso. Cierto que aun contamos con buenos profesores, de los que cabe esperar lo mejor, pero eso (como todo) se lo tragará el tiempo y comenzarán a entrar los frutos de estas tristes cosechas, dogmas y pseudorreligiones, que se atreverán imponer alimentación, políticas de energía, reglas de salud… Incluso a ver arder los bosques con cara de defensores del medio y del planeta y hasta a “inventar” el lenguaje desde la ignorancia y el analfabetismo.

Nadie añora lo que no ha conocido. Dentro de poco, nadie preguntará dónde fueron a parar nuestra industria o nuestra agricultura o nuestra ganadería o nuestra minería o nuestra pesca, porque nadie quedará que sepa que existió todo eso. Tendremos el turismo con sus bajos salarios, sus temporadas altas y sus subsidios para las bajas. Está bien el turismo, pero mejor estaría si debajo existieran los cimientos de una economía sólida. ¿Y quién se lo puede explicar a las nuevas generaciones cuando el tiempo y los gusanos hayan devorado obras y cuerpos? Sólo los jóvenes de hoy que se anclen en la rebeldía, que reclamen solidaridad para el reconocimiento de todos a la instrucción y al trabajo, que rechacen la vagancia y la ignorancia de las fábricas de clónicos con subsidio (¡educación inclusiva!) y que voten a políticos valientes capaces de ofrecer esto, aun a conscientes de que el saber trae la pluralidad y la pluralidad el riesgo de perder fidelidades ciegas en el electorado. Que los dineros de la solidaridad circulen por canales limpios y no por acequias de intereses pútridos en las que los vierten.

Gran paradoja que hoy se autotitulen “antisistema” los más serviles adoradores del sistema de monopensante que se impone. Ya dije una vez, y viene a cuento repetirlo, que sólo existe un modo de que todos piensen igual: que nadie  esté pensando.

 

 

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1 Comentario

  1. José Luis, amigo. Lo que dices y estoy de acuerdo con ello. Es que nosotros hemos tenido una educación. Podemos hablar de ello, en otro momento. Ahora y es cierto, han ido minando con globos de colores a otra generación, dándoles la enseñan, a enlatada por ellos. Hay otra generación inquieta y que preguntan, que estos la quieren anular. Porque piensan de que algo raro está pasando. Buen artículo y mucho que hablar

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