Las hojas de los árboles, que han sido el escenario de tantos momentos de contemplación, van cayendo, tapando ese tapiz verde que cobra color por cada día que pasa, debido en gran parte a las continuas lluvias nocturnas durante estos tres o cuatro días anteriores a mi partida. No me podía marchar de aquí sin sentarme en uno de los sillones del salón desde donde, durante horas, me predisponía a mirar fijamente a través de unos grandes ventanales que me han permitido adentrarme en ese “beechwood” (bosque de hayas) que ha marcado con sus tonalidades las diferentes etapas de mi estancia en Inglaterra. Así pues, he visto cómo las hojas cambiaban esa paleta de color del verde al amarillo, al rojo y al marrón, y ahora yacen en el suelo sin poder siquiera volar, ya que la lluvia se empeña en hacer con ellas una especie de collage, impidiéndoles revolotear por el aire siguiendo esa danza matutina o nocturna de días atrás.

Parece que después de semanas luciendo el sol durante el día, hoy el tiempo sabe captar mi interior y llora sin parar, como si quisiera comunicarse conmigo y mostrara su pena por ese adiós que puede ser definitivo. Esta melancolía otoñal me acompañará allá donde vaya. Decía Víctor Hugo que la melancolía es la felicidad de estar triste. Probablemente la tristeza se transforme con el recuerdo de los buenos momentos vividos y aún, entre brumas, sea posible que todos los sentidos alcancen la plenitud de la belleza con la que este entorno me ha sorprendido.

Esta estancia me ha impresionado con la grandeza de lo cotidiano, sintiéndome atraída por esa luz única que tiene cada lugar que visitamos, mientras he sido consciente de cómo late la vida en cada rincón. En cada escondite, he podido percibir ese milagro de la naturaleza con toda la diversidad que esta estación despliega.

He dejado ya el sillón que me ha trasladado durante este tiempo a un paraje lejano, viviendo como un evento extraordinario la vida diaria de otras gentes para embarcarme de nuevo en esa cotidianidad que enseguida voy a retomar.

Me encanta esta frase de Paul Morand quien, con estas palabras, nos anima a que aprovechemos los viajes: “Un viaje es una vida nueva, con un nacimiento, un crecimiento y una muerte, que nos es ofrecida en el interior de la otra.”

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