Cuando aún quedan en el recuerdo las recientes fiestas navideñas, y mantenemos vivo el olor a castañas asadas, a mercadillos, cabalgatas, bullicio, ilusión y celebración.

Cuando tenemos recién inaugurado el año, y aunque las Navidades se hayan convertido en un tiempo de fiesta, para mucha gente carente de significado cultural, su recuerdo, sobre todo para los más mayores, nos devuelve a un tiempo en el que la actividad religiosa marcaba de forma cadenciosa el ritmo de la vida rural.

DPH

Una actividad protagonizada por la relación de los vecinos con la Iglesia, por el sentir popular hacia los actos y los edificios religiosos, que asistieron mudos a diversos tipos de intervenciones, de afectos y de desafectos. No siempre fueron tiempos fáciles.

Estas muestras de sentimiento popular conformaron una apropiación cultural de los edificios por parte de los vecinos de las localidades, que sentían como suyas las iglesias parroquiales, ermitas e imágenes veneradas, y por tanto, hacían lo posible para mantenerlas y protegerlas siempre; aunque en determinadas épocas, hay quienes les vieran posibilidades de reconvertirlas en centros sociales en su sentido más amplio.

Ejemplo de esta reconversión o adaptación a los “nuevos” tiempos es sin duda la correspondencia que puede verse sobre la iglesia entre 1933-1937, cuando en algunos pueblos como Bierge, los mozos pedían el uso de las iglesias y ermitas del lugar para la celebración de fiestas y su uso como salón de baile. Así, se lo hace saber al Obispado de Huesca el cura de Bierge el 8 de marzo de 1936 cuando escribe:

“Efecto de las elecciones, pues aquí hubo mayoría de izquierdas, los elementos de dicho partido de la juventud de este pueblo intentan destinar dos de las Iglesias que hay en el casco de la población, la una dedicada a San Fructuoso para frontón, y la otra dedicada a San Lorenzo Mártir, donde está instituida la Cofradía de la Doctrina, y donde se enseña el catecismo, lo quieren utilizar para salón de baile, además de apropiarse de las campanas para venderlas y comprar un reloj de torre”.

Desde luego, no fue el único sitio donde se sugirieron cambios parecidos, pues como he indicado antes en otras localidades se pueden leer documentos que señalan destinos similares para sus iglesias. Pero también es cierto que hubo épocas de mayor fervor popular, puesto de manifiesto en los expedientes de obras constituidos por los ayuntamientos para acondicionar y consolidar los edificios existentes, los más recientes erigidos a comienzo de la Edad Moderna, e incluso trasladarlos si era necesario a otro templo mientras se hacía la nueva iglesia.

Una vez más, entre los vecinos de Bierge, en 1798 manifiestan su conformidad junto con el Ayuntamiento para construir una nueva Iglesia parroquial, arguyendo los siguientes motivos:

“Que con beneplácito del Cura Párroco el mismo, han resuelto el fabricar nueva Yglesia Parroquial, en atención de que la que en el día existe,  se halla situada en un parage sumamente escabroso, y perjudicial à los vecinos de dicho Pueblo, de manera que inmediato á ella, habrá solamente una quinta parte de los vecinos quedando los restantes perjudicados para poder asistir con comodidad, por estar muy distantes, y ser el camino y subida escabrosa, de modo, que los comvalecientes y mujeres embarazadas, assi en el tiempo de Ymbierno como de Verano, es evidente el riesgo de tener algunas novedades en su salud, y aun los sanos muchas veces llegan acalorados de que resulta varios perjuicios en la salud. Que no se puede concurrir à los divinos oficios tanto, como se concurriría, si la dicha Yglesia se hallara en parage mas cómodo, y de aquí resulta , el que aunque los Curas Parrocos que ha habido hayan sido celosos, y el que actualmente lo es, que lo es sobre-manera, no han podido tener la satisfacción de poder concurrir en algunas ocasiones de mal temporal, con la Administracion de los Santos Sacramentos, con la presteza que su santo celo le permite por dicha escabrosidad y por la distancia de sus vecinos”.

Por ello, proponen: “desacer las Hermitas… vender sus sitios reducidos â lugares profanos, aplicar su importe y el sobrante de dicha Cofradía para la construcción del nuevo templo… y la aplicación de la primicia” para financiar la obra nueva. Afortunadamente, hoy en día todo sigue en el mismo sitio de siempre, por lo que podemos disfrutar de la imponente Iglesia parroquial de Santiago y de sus dos ermitas, la de San Fructuoso con sus espectaculares pinturas murales.

Más como he indicado al principio, hay abundantes ejemplos de colaboración popular en el mantenimiento de las iglesias, considerados como baluartes de la vida social de nuestras localidades.

Para finalizar, tan solo aludir al caso de la Iglesia de Adahuesca y al expediente abierto para la construcción del segundo cuerpo de la torre y la instalación de la campana de la Iglesia parroquial de San Pedro en 1788, en el que además de aportar el ayuntamiento la recaudación de los propios, y aportar el capítulo eclesiástico la primicia, parte de los diezmos y una dotación económica; los vecinos se comprometen a poner piedra, cal y arena gratis por valor de 420 libras jaquesas.

Aunque esta aportación vecinal de material, ayuda como peonaje y destino del arrendamiento de propios no fue la única en esta localidad, que 20 años antes, había firmado una capitulación con el alarife de Estadilla, Diego Belloc, para llevar a cabo la unión de la iglesia parroquial y la de las Santas ante el mal estado de todas ellas.

Una vez más, los archivos son testigos de estas relaciones cuyos resultados, a veces infructuosos, dan fe, una vez más, de la importancia de la colaboración entre los vecinos para la salvaguarda de sus estructuras sociales y de su patrimonio cultural.

Fuentes: Archivo Diocesano de Huesca (Bierge); Archivo municipal de Adahuesca.

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