ECOEMBES COMARCA

Querido Monte Perdido:

No te vas de mi mente. Casi todos los días te veo, como mis paisanos oscenses, desde el sur. Para nosotros, no eres el «perdido» ya que te apreciamos siempre, lejano, señorial, majestuoso. En la leyenda eres la mayor de tres hermanas, la más esbelta de tres princesas, sentada en el centro. Por algo eres tan altiva, sin duda, la heredera. Entonces… ¿Por qué te llaman Monte Perdido?

Así te bautizaron los galos que primero hollaron tu cumbre. Ellos anhelaban llegar hasta ti pues sabían que estabas… ¡Sí!, pero muy lejos, muy alto, invisible a las profundidades francesas de Gavarnie.

Hoy dudo si te he visto o te he soñado. ¡Horrenda pesadilla…! Aparecías en el televisor como una postal más del circo mediático. Estabas desnudo por el norte, sin nieve. Imagen impúdica , fruto virtual de un ordenador. Algunos apuestan por imaginar lo que «seguro» ocurrirá de aquí a treinta años. ¡Más valdría que nos pusiéramos TODOS a pedalear hacia nuestros quehaceres cada Descenso. Señalando el corredor. Foto Pedro Solana.mañana sin arrancar tantos motores y sin ensuciar el aire que derrite tu glaciar!

Desaparecida tu silueta de la pantalla, angustiado, he corrido en busca del viejo álbum de fotos. No te encontraba, pero… ¡sí! ¡Ahí estás! Son imágenes captadas en julio del año 1990. Nosotros, jóvenes aventureros, no sospechábamos un triste  y cercano final para esas pendientes de nieve dura, corredores repletos que nos aupaban al hielo de tu escalón glaciar.  ¡Qué cascada de seracs…! En nuestro pensamiento, siempre te habíamos emplazado junto a los perpetuos hielos de los Alpes o del Himalaya, orgullosos de poseerte.

En menos de quince instantáneas,  realizadas entre sonrisas, he podido recordar la emoción y alegría de unos amigos montañeros que, aún antes de despertarse el día, nos habíamos encaramado a tu vertiente norte. Nuestra impetuosa arrogancia se diluía perfecta en una infusión de reflejos y esplendor, en aquellas protuberancias azuladas, frías, impenetrables, que pendían agrietadas e inestables desde una pared, como de una fachada donde luce el último blasón cuaternario, queriendo recordarnos el origen de nuestros ibones y valles, cincelados en la lejana y postrera glaciación.La que nos gustaría poder imaginar desde tu realidad perenne.

¡Desdichados…! ¿Qué mas cosas habremos de ver para convencernos y actuar…?
Un montañero incrédulo.

Pedro Solana.

Véase Monte Perdido con y sin glaciar en la siguiente publicación, totalmente impactante:

http://www.20minutos.es/galeria/3272/0/4/espana/cambio/climatico/

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dph

1 Comentario

  1. Querido Pedro,
    gracias por su sentido artículo, con tus líneas nos trasladas a esas montañas y nos entran ganas de ser un poco más respetuosos con el medio ambiente

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