Sergio Brau.

Se acabaron las pruebas. Tras un mes de pretemporada, muchos entrenamientos y partidos amistosos, llegó la hora de la verdad para el equipo de Enésimo, pero a pesar de las ganas que todos tenían por empezar, el inicio no fue el mejor.

Tras varios minutos de tanteo, donde Pino Zamorano anuló con justicia un gol a Roberto por previa falta del ariete oscense (luego confesó haber empujado con el codo para hacerse sitio), los locales, que volvían a la División de plata, se adueñaron de la pelota, del campo del Huesca y de todo el partido.

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Jesús Cabrero tuvo que emplearse a fondo en un par de ocasiones para evitar el gol cantado, Iván Pérez y Mayor eran un peligro contínuo, y Javi López se empeñó en darle la tarde a RRico y no paró de achuucharle.

De ahí que desde el minuto 5 al 35, la Ponferradina disfrutara de 5 ocasiones claras de gol ante un Huesca desarbolado y desafortunado, que no sabía por donde le daba el aire, y que sólo se mantuvo a flote por las intervenciones de su guardamenta, y por las ayudas defensivas que menos mal que funcionaron.

Como si un clic desactivara a los del Bierzo y enchuffara a los azulgranas, el Huesca tapó mejor los últimos 10 minutos, y dejó de vivir en su parcela para pisar campo local, y estirarse levemente.

Tras el descanso y el reajuste táctico, cambió la decoración, y aunque los azulgranas no llegaron con tanta facilidad como la Ponferradina en la primera parte, el meta Macai tuvo más trabajo, y el Huesca se pareció al equipo que todos queremos ver.

Con un Sastre mejor ubicado en el campo tras abandonar una banda derecha donde se perdía insistentemente y la entrada de Víctor Pérez, el equipo fue más vertical, pisó área y Roberto estuvo dos veces cerca del gol, y Jokin cuando el partido moría puso a los locales de los nervios pues estuvo a centímetros de conseguir un gol que le habría dado la victoria a los azulgranas.

Discreta imagen de los de Enésimo en la primera mitad, que seguro ha tomado nota de lo que no debe hacer con algunos futbolistas, pero que supo reconocer sus errores y enmendar la plana en la segunda mitad, para firmar tablas en un igualado partido que al final dejó a todos contentos.

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