Santiago Fumaz Cazcarra, con su familia. José Luis Pano.Detrás del objetivo de las aparatosas y antiguas cámaras fotográficas con trípode, Santiago Fumaz Cazcarra -más conocido como el retratista de Fonz-, ha visto pasar la vida, las gentes, las fiestas, los eventos sociales y los paisajes del Alto Aragón y parte de Lérida, minuto a minuto, el mismo tiempo que tardaba en realizar el revelado tras una captura de la imagen.

Miles de instantes etéreos convertidos en eternos gracias al milagro de la fotografía, pero sobre todo a la gran labor de Fumaz que aprendió el oficio por necesidad y también por esa picardía y curiosidad innata que le llevo a convertirse en fotógrafo ambulante y recorrer cámara en ristre pueblos y ciudades desde 1938 hasta finales de 70.

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Santiago Fumaz con la diputada de Cultura y el alcalde de Fonz. JLP.El miércoles, festividad de Santiago, día grande de las fiestas de su pueblo, cumplió cien años y sigue viendo la vida pasar de forma tranquila. Lo hace desde la terraza de La Albahaca, el restaurante de su hija menor Fany y su marido Emilio. Asomado al privilegiado mirador del valle del Cinca, Santiago contempla el horizonte entre tragos de cerveza con limón, que ha empezado a tomar desde hace pocos años. «Un vaso vino no me lo he bebido nunca, que yo recuerde», señala con firmeza; y es desde joven vegetariano por influencia de un tío seguidor del naturalista Khun, «aunque alguna vez se me escapaba algún trozo de carne. Entonces era raro que hubiera vegetarianos». Quizá ahí radique la clave de su longevidad y su estupendo estado físico y anímico. «Estoy bien y contento de haber llegado a estos años. Todos no llegan», afirma. Además de anciano es un hombre feliz «porque nunca he hecho mal a nadie».

Muchos amigos acudieron a la fiesta de cumpleaños. JLP.Santiago trabajó con su padre de albañil hasta que a los catorce años, una mala caída lo dejo cojo. Tuvo que azuzar el ingenio y buscarse un oficio para trabajar sentado. Así se hizo zapatero. Un día que fue a Lérida a comprar material para reparar calzados se encontró en 1938 a una mujer con una cámara del minuto que retrataba a quien lo demandaba. Santiago le propuso un trato: si le ensañaba a manejarla, se la compraba. Empezó a realizar prácticas con sus vecinos para luego recorrer cada pueblo en fiestas ofreciendo sus servicios. Más tarde dejaría a su hijo Santiago que hiciera fotos en los pueblos mientras el se convertía en feriante. «Iba por los pueblos con un carro, un telón, un caballito y la cámara por todas las fiestas y ferias e hice muchas fotos. Incluso a Franco cuando inauguró el pantano de Canelles», recuerda. En su colección también están escenas de fiestas de las baronesas de Valdolivos de Fonz, pero sobretodo Fumaz, con Estela Puyuelo, su biografa. JLP.Santiago ha sido la memoria fotográfica del Alto Aragón. Desde el Pirineo hasta los Monegros, desde Santa Orosia a la vecina Lérida, ha captado decenas de miles de instantáneas de banquetes, bodas, comuniones, bautizos, romerías, ferias, fiestas, retratos, … la vida cotidiana del medio rural que en 2.008 quedó plasmada en el libro ‘La vida en un minuto’ de Estela Puyuelo y José Luis Pano, editado por CEHIMO. Antes, Santiago donó a la Fototeca provincial de Huesca cerca de 30.000 negativos para su digitalización y que esperan a convertirse en la exposición que este retratista ambulante, cronista popular, se merece.

El miércoles por la tarde en el restaurante La Albahaca, sus familiares, amigos, vecinos, el alcalde, la diputada de Cultura y otras autoridades celebraron sus cien años de grata compañía y brindaron por estar cerca de una parte de la historia del Alto Aragón.

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2 Comentarios

  1. me acuerdo de este fotógrafo cuando yo era pequeño que venia por colungo, tengo alguna foto de mi primera comunión de el

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