‘A los que perdieron, que fuimos todos’. Así reza la inscripción en el monumento a las víctimas de la Guerra Civil en el alto de los Aguts, en Mequinenza, escenario de la Batalla del Ebro. La misma leyenda es la que utiliza el escritor y profesor literano José Antonio Adell para arrancar su tercera novela histórica ‘Heridas de guerra en un corazón altoaragonés’ (Editorial Pirineos) y que quiere ser una declaración de intenciones de su postura ante este peliagudo y trágico episodio, que a pesar de cumplir su 75 aniversario, sus heridas no han cicatrizado.

José Antonio Adell con su libro. José Luis Pano.Tras pelear en el castillo de Monzón entre caballeros medievales y templarios en su primera novela histórica (‘El último templario de Aragón), contarnos cómo convivían los moriscos de las riberas del Cinca y la Litera en su segunda novela (‘Regreso al alba’), ahora Adell escarba en la memoria y en los apuntes que le dejó su padre Pedro, -muerto este año y a quien dedica la novela, además del también fallecido Pepe Beltrán- y recrea cómo fue la vida en diversos escenarios del Alto Aragón basada en hechos reales entre 1936 y los primeros años de la posguerra.

A través de Luis Resal, joven estudiante de magisterio oscense, hijo de sindicalista represaliado, nos cuenta cómo fue la vida en los dos frentes, el de Huesca, y la zona republicana con Barbastro como epicentro. Las escaramuzas en el frente de Alcubierre, los episodios de represión en uno y otro bando en Huesca, Monzón, Binéfar o la brutal muerte del obispo de Barbastro y los misioneros claretianos, o los masivos fusilamientos de republicanos en la cárcel franquista de las Capuchinas de la ciudad del Vero, la huida a la desesperada de las tropas republicanas, la batalla del Ebro, «los episodios de connivencia que los hubo», al igual que la solidaridad, y entre tanta miseria el amor. Con todos estos elementos históricos y novelados, Adell se adentra en la Edad Contemporánea, de la que es experto ya que en ella se doctoró por la Universidad de Zaragoza, para hablarnos de la siempre peliaguda ‘Guerra Civil’. «Cuando se accede al estudio histórico de este periodo se hace desde una ideología y es difícil desnudar la ideología. Aquí hay una especie de intento. No olvidemos que mucha gente se vio involucrada en un bando u en otro arbitrariamente cuando se divide el frente. Había gente con ideologías y gente del pueblo que no tenía una ideología. A partir de ahí lo que tenemos es un pueblo que sufre», afirma el autor.

Para Adell la guerra dejó «sufrimiento y una generación perdida, la de los republicanos que tuvieron que marcharse. A mi padre le tocó el bando republicano y después de perder como castigo tuvo que estar cinco años en África. Por el lado rebelde hubo muchos que lo pasaron mal y hubo muchos fusilados entre las familias. Fue una etapa muy dura. La guerra civil tiene todavía un componente ideológico muy fuerte y estoy convencido que dentro de cuarenta años no lo tendrá, como ocurre ahora con las guerras carlistas. Todavía tendrán que pasar un par de generaciones para cerrar las cicatrices».

A pesar de los miedos para abordar este asunto, Adell se muestra partidario de «romper con el silencio de la guerra civil. Tenemos que contarlo aunque sólo sea para que no se repita semejante barbarie».

El libro, presentado el viernes en Huesca, se presenta el jueves 29 en la Casa de la Cultura de Monzón en el marco de la Feria del Libro Aragonés.

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