Cuando Julia caminaba por la calle siempre se entretenía con cualquier cosa a pesar de su edad. A sus 40 años, continuabaLa fuente de los jardinetes. Foto: Luisa Fernanda Barón Cuello. sintiéndose como una niña, como la niña que una vez fue y que a pesar de los años nunca la había abandonado, la seguía cobijando en su interior como un bello tesoro.

Julia siempre iba andando a todos los sitios de Barbastro. Para ella era un pecado ir en coche en su pequeña ciudad, pensaba que si no lo hacía así, se perdía algo del alma de su querido Barbastro.

TORNO DE BUERA VERANO 2020

Aquella mañana había amanecido soleada y Julia se había despertado con una extraña sensación de nostalgia que aumentó cuando vio como sus hijos se pasaban la mañana pegados a la pantalla del televisor. Le daba rabia que no disfrutaran de su infancia como ella lo hizo. Se despidió de ellos obligándoles a apagar la caja tonta, como ella la llamaba y marchó a la calle.

Se dirigía a la Plaza del Mercado para comprar en los habituales puestos de fruta y verduras que desde hacía años venían a vender allí todos los sábados, pero al ver los Jardinetes, cuando acababa de bajar el último peldaño de las escaleretas del Entremuro, la nostalgia volvió a hacerse latente en su mente y su corazón. Sin pensarlo dos veces se acercó hasta allí con la sonrisa de la niña que fue. Bajó las escaleras y suspiró al ver la fuente encendida.

La nostalgia fue sustituida de plumazo por los bellos recuerdos de su infancia. A cada paso que daba miles de imágenes cobraban vida de nuevo en su mente. El agua de la fuente la dejó hipnotizada y revivió las tardes primaverales que pasaban jugando a su alrededor. Las risas y las voces de sus amigos se colaron en su mente, las recordaba perfectamente. Las imágenes la llevaron a aquella tarde calurosa de mayo cuando su amiga Pili se inventó un juego alrededor de los chorros de la fuente. Al ver caer el agua, recordó cómo llamaban a la fuente «las bruja encantada», debían correr hacía el borde de la fuente y tocarlo, si el chorro te alcanzaba habías perdido.

Rememorando aquellas escenas sonrió y la nostalgia volvió a colarse en su mente recordando la imagen de sus hijos pegados al televisor.

Abandonó los Jardinetes bajando las escaleras que conducían al Coso. Andaba con paso lento comparando ambas infancias, la suya llena de alegría, repletas de movimientos y sobre todo cargadas de mucha imaginación y la de sus hijos o la de los niños de hoy eran infancias apagadas, parecían haber perdido el afán de jugar entre ellos, se habían vuelto solitarios e individuales y lo que más le dolía era que parecía, que habían perdido la ilusión y la alegría de compartir ideas e imaginación.

» ¡Qué diferentes!»- pensó mientras suspiraba.

Recordaba cómo se divertían con cualquier cosa. Jugando a la taba en la calle, una pieza que la conseguías en la carnicería y que había temporadas que era difícil de poseer una, así que cuando la tenías en tu poder, la guardabas como un tesoro. Sonrió acordándose de cuando jugaban al pilla-pilla o al escondite o también cuando todos se caían jugando a churro.
Todo le parecía cercano, por lo menos en su mente, era como si hubiese sido ayer, pero viendo los niños de hoy o sus hijos, le parecía que habían pasado siglos desde entonces.

«¿Cómo ha podido cambiar tanto la infancia en tan solo en una generación?»- se preguntaba para sus adentros.

Caminaba abatida como si le pesaran los pies. Recordar a sus hijos pegados a la televisión, al ordenador o a cualquier videoconsola, la entristecía. Ella había luchado mucho por apartarlos un poco de todo eso y que pudieran ver otras formas de jugar, peor todo había sido en vano.

Julia creía que la infancia era la base de las personas que serían en el futuro, pero si no aportaban creatividad o ilusión, los visualizaba como adultos apagados muy diferentes a como era ella.

Se había adentrado en la Calle San Ramón. Caminaba entre la gente como un zombi pero las risas de unas niñas le hizo encender la bombilla. Pensando en su amiga Pili y en su nuevo plan, continuó su andanza con una nueva ilusión.

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Luisa Fernanda Barón Cuello

“Escribir es ejercer, a veces, el peligroso hábito de transcribir a corazón abierto y alma descubierta todo lo que mi imaginación crea. Y ella de momento no conoce límites”.

Luisa Fernanda Barón Cuello inicia una sección dedicada a la narrativa de ficción en Ronda Somontano.

Luisa Fernanda Barón Cuello realiza una sección dedicada a la narrativa de ficción en Ronda Somontano.

También podéis leerme en:elrincondelafansatia.blogspot.com

GOB ARAGON surge

7 Comentarios

  1. Querida Luisa , lo que a ti te sucede, antes nos sucedió a nosotros pero no te amargues, cada generación vive su momento y contra esto no se puede luchar.
    Dicen que las comparaciones son odiosas y en tu relato esta la prueba, la generación actual ha nacido para  (que es lo malo ) vivir una vida virtual y cuando tu les explicas a tus hijos tus vivencia seguramente que te dicen -MAMA ERES UNA ABUELA-, por la tanto Luisa haz como Julia sigue siendo niña y siempre serás feliz.

  2. Luisa , es verdad , qué diferente la infancia de nuestros hijos respecto de la que vivimos nosotros . También tengo recuerdos muy bien guardados . Muchas veces , cuando pedaleo ahora como medio de transporte alternativo por calles como la Pablo Sahún , Saso Saurina , Oncinellas o San Hipólito , me veo perfectamente también a los mandos de aquellas bicicletas con las que por muchos tiempos paseábamos y jugábamos EN LA CALLE.(y no frente a las consolas u ordenadores )

  3. Queridas amigas Aurea Vicenta y Conchita:
    Gracias por estar aquí, por vuestro apoyo incondicional. 
    Me alegro mucho que os haya gustado.
    Besos y abrazos

  4. Hola Paco:
    Si, es cierto, cada generación tiene su momento y no no voy a amargarme, por su puesto.
    Tan solo de vez en cuando me gusta recordar como era mi infancia y como eramos los de nuestra generación. Ciertamente las comparaciones son odiosas, pero a vez caemos en ella sin querer.
    Gracias por leerme y por tu comentario
    Saludos

  5. Hola Pedro:
    A mí también me pasa. Cuando paseo por la Calle Joaquin Costa, muchas veces me asomo con curiosidad y con nostalgia, en la calle Esparza, y recuerdo mi infancia. 
    Cada generación es como es, pero a mi me gusta recordar, aunque sin querer compare una con otra.
    Saludos

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