Mujer Rural

Estela Puyuelo. Elvira Ramos trajo a Barbastro, en el mes de febrero, dos maletas. La que no destinó a la ropa incluía su exposiciónJorge Díaz Martínez (1977, Córdoba), ha publicado "La piel de la memoria" (2005, Premio Vicente Núñez, Visor), y "Almizcle y tabaco" (2006, Premio Arcipreste de Hita, Pre-Textos). Ha trabajado como profesor de ELE en Barcelona y como lector MAEC-AECID en la Universidad de Lenguas Extranjeras de Dalián (China). Actualmente, realiza un doctorado en Teoría de la Literatura y de las Artes y Literatura Comparada en la Universidad de Granada. Parte de su obra ha sido traducida al inglés y adaptada a la pantalla en el largometraje "Álbum". Ha sido incluido en algunas antologías y ha coordinado junto a Ana Isabel Alvea la antología "La vida por delante. Antología de jóvenes poetas andaluces (2012, Ediciones En Huida). Palabras Colg(h)adas y alguna que otra joya literaria, como Transbordo. Poemas del metro de Barcelona, del escritor cordobés Jorge Díaz Martínez, a quien nos presentó en uno de sus artículos publicados en Ronda Somontano.

El libro lo ha publicado la editorial La Garúa en octubre de 2012 y es un ejemplo de que la poesía española sigue teniendo referentes importantes cuyas obras, además, se pueden editar con maestría.

FRANCO MOLINA CENTRAL

A continuación reproducimos la entrevista que hemos mantenido con Jorge Díaz, que nos habló de su trayectoria poética y su concepción de la literatura.

Dices de «Norma», en Transbordo, tu último poemario, que su falda es «como una falta grave de ortografía en el medio de la página» ¿qué dirías de Jorge Díaz Martínez?

En realidad, «Norma» es el título del poema. Se puede interpretar que la chica de la que habla el poema se llama Norma, o que el poema habla de otra cosa. Conmigo pasa igual, no sé de lo que hablo.

-¿Qué significa para ti la poesía?

Hace muy poco me hicieron esa misma pregunta en un comentario de mi blog, y esto fue lo que respondí: «Creo que todo el mundo está de acuerdo en que la poesía es un tipo peculiar de comunicación que se sirve del lenguaje verbal. La pregunta sería qué diferencia la poesía de otros tipos de comunicación verbal, la respuesta es que se trata de una «comunicación artística» y esto nos llevaría a preguntarnos por la definición del arte. La poesía es un arte hecho con palabras. Pero, ¿qué es arte? El arte es un tipo de comunicación que se sirve de determinados códigos especiales o de una combinación de códigos que se encuentran también en otros lenguajes no artísticos, por lo tanto la respuesta no puede estar en los códigos. Creo que la respuesta está en cómo «funciona» el arte. Y en este sentido, creo que tengo una doble visión de este funcionamiento. 1) Un arte que funciona como arte simplemente porque circula por las vías socialmente dispuestas para ello y cumple unos mínimos requisitos formales que por hábito (o «habitus») son identificados como arte por los consumidores. Esto implica que un consumidor de arte está dispuesto a sentir un objeto como arte simplemente porque cree que lo es, o 2) Un objeto está construido de tal forma que realmente logra despertar en el consumidor «comunicación artística». En cuanto a qué sería lo propio de este tipo de comunicación, hay muchas respuestas en función de las diferentes definiciones de arte que existen, y ninguna es más cierta que otra. Para cada persona el arte es lo que cree que es, desde las clásicas oposiciones entre arte como entretenimiento frente a arte como enseñanza, hasta «arte por el arte» o arte como arma revolucionaria. Personalmente, el arte que más me interesa es el que tiene que ver con el rito, individual o colectivo, como interacción con la realidad. Gracias, un saludo.»

-¿Qué lugar ocupa la poesía en la sociedad actual?

Evidentemente, su volumen de actividad no es comparable al de la narrativa, el cine o la televisión, pero sigue siendo un arte muy vivo, tremendamente vivo, precisamente porque puede ser muy accesible y porque cada uno entiende por poesía lo que le da la gana. Nuestra sociedad atraviesa actualmente una época de crisis a escala global, y no parece que en este proceso la poesía vaya a quedar reducida a un arte de museo, o a quedar encerrada en los libros de texto, al contrario, continuamente surgen nuevos géneros, como el slam, la perfopoesía, la hiperpoesía, etc., nuevos puntos de vista, nuevos autores, grupos, congresos, poesía en spanglish, videopoesía, ¡incluso cine-poesía! Esto es muy positivo, pero independientemente de ello, yo me remito a Juan Ramón, para quién el carácter minoritario del género tenía una dimensión inmensa.

-Desde tu labor como coordinador de la recién publicada La vida por delante. Antología de jóvenes poetas andaluces ¿podrías decir que nos encontramos ante nueva edad de plata de la literatura española?

Lo pienso a menudo. Personalmente, he llegado a estar, durante un tiempo, muy hastiado y decepcionado con la edición de poesía en este país. Pero desde hace unos años encuentro algunos libros, casi siempre de autores jóvenes, que me devuelven «la fe». Me han entusiasmado realmente los últimos libros de Pablo García Casado, Carlos Pardo, Juan Andrés García Román o David Leo García, creo que hay mucha energía y conciencia en esos textos. Hay por ejemplo un grupo de unos veinte poetas que tienen ahora mismo entre treinta y cuarenta años, como Abraham Gragera, Juan Carlos Reche, Juan Antonio Bernier, Alberto Santamaría, Ana Gorría o Sandra Santana, de entre mis favoritos, que poseen una calidad enorme y que dejan el listón muy muy alto para otro gran número de poetas de su misma edad que publican obras también de una gran calidad y conciencia. Y si nos vamos a los que tienen ahora entre veinte y treinta, el panorama no puede ser más prometedor, con Elena Medel, Berta García Faet, Sara R. Gallardo y Luna Miguel, por ejemplo, entre muchos otros. Lo que quiero decir es que hay una cifra muy elevada de poetas ofreciendo una poesía admirable. Mucha gente escribiendo muy bien y de formas muy distintas. Aunque, por supuesto, el número de poetas mediocres es todavía mayor.

-¿Cómo definirías tu forma de escribir?

Tengo varias poéticas. Mi primer libro, La piel de la memoria, estaba muy influenciado por la poesía de la experiencia, aunque traté de introducir algunos ingredientes que casaban mejor con mi forma de sentir en aquel tiempo. Mi segundo libro, Almizcle y tabaco, no tiene nada que ver, fue mi intento de escribir una poesía otra y de vivir un universo otro: quería la plasticidad pop de J. C. Reche, la dureza de Pablo García Casado, el realismo cortocircuitado de un Duchamp, la espontaneidad outsider de los Beat… y quería usarlos para hablar de una vida, la que me rodeaba por entonces, que se parecía mucho a esos ideales. Poco después comencé otra vía, en la que todavía ando enredado, y que todavía sigue inédita, que me recuerda a la de autores como Watanabe o Bukowsky, en esa impresión de flujo de conciencia. En cambio, Transbordo es producto de un proyecto paralelo, un artefacto perfectamente premeditado en base a unas elecciones poéticas intencionadas. En realidad, todas las vías son «fruto de elecciones premeditadas», al menos en mi caso. Y, fruto de esa inquietud combinatoria, tengo también otras líneas de escritura.

-Háblanos brevemente del largometraje Álbum, que recoge parte de tu obra.

Sí, aunque aparezca en la solapa de Transbordo, últimamente me he enterado de que no estoy autorizado a mencionar ese título. Pero sí puedo hablaros de From the pages of Album, o De las páginas de Álbum, cuyo estreno en web es inminente. Es una serie de cortometrajes que efectivamente se sirven de mi poesía, pero son mucho más que eso, son el fruto de 15 años de investigación en el terreno de las artes audiovisuales. Los directores son Pablo Diartínez y Erik Parys, y en sus palabras: «Cada episodio expande un poema en un collage musical de gráficos animados y escenas mudas de imagen real y es realizado en dos versiones (castellano e inglés).»

-¿Cómo surgió tu último poemario, Transbordo? ¿Qué destacarías de él?

En principio, eran una serie de poemas dedicados al metro de Barcelona que empecé a escribir como juego, o como mero entretenimiento, en base a una poética que dominaba. Luego empecé a incluir otros poemas que me parecían, en cierta medida, coincidentes en estilo. Por entonces se publicó Echado a perder, de Carlos Pardo, y su lectura me animó a seguir con el proyecto. Me gustaba el juego de utilizar una poética «modernista» para hablar de una ciudad que, posiblemente, desde Gaudí, sea el arquetipo universal de la arquitectura modernista. Destacaría, en ese sentido, cómo una poética puede ser entendida simplemente como una forma más, elegida entre otras muchas opciones posibles; es decir, nada exclusivista o imperativo, si bien cargada de gran cantidad de asociaciones históricas.

¿Cómo crees que será «la vida por delante» de Jorge Díaz Martínez?

Felicidad y un sucedáneo vegetariano de las perdices.

Gracias por tu tiempo, Jorge, y por tus versos.

Muchísimas gracias a vosotros, ha sido un verdadero placer.

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