Fotografiar la ciencia arrastra, en su propia definición, una amplitud cósmica, dada la dificultad de definir lo exento de ella.Los ganadores de "Tu visión de la ciencia" con sus obras. Foto: José Luis Pano. Y no es que este planteamiento sea malo en sí mismo, pero conlleva una serie de prejuicios que obligan a definir lo que es más científico que. Y puestos a fotografiar habrá que diferenciar entre lo científico per se, con perdón, y lo científico merced a las herramientas fotográficas, esto es, entre lo primordialmente documental y lo primordialmente técnico-fotográfico. Y ahí es donde una cebolla ofrece tantas posibilidades como todo el universo.
Han pasado más de cien años, y a pesar del monzónico aguacero de pixeles, seguimos estando dónde dijo Stieglitz en 1899: «En el mundo fotográfico de hoy, no se reconocen más que tres categorías de fotógrafos: el ignorante, el técnico puro y el artista«. Y si, es verdad, no son compartimentos estancos, pero sólo los últimos son capaces de trabajar sobre lo que desconocen, algo que requiere bastante atrevimiento y honestidad. Solo de esta fascinación puede emerger el deseo de narrar lo incomprensible, aquello que inquieta e interroga sin que seamos capaces de de opinar, mucho menos describir.
Y es allí dónde está la fotografía de la Vía Láctea (contaminada, eso sí, por algún recurso estético) cuando nos acercamos a esa verdad inmutable: solo vemos las cosas cuando las vemos por primera vez. Descubrir un día por la noche la extraña mancha de nuestra galaxia nos acerca a comprender qué son las estrellas y qué somos nosotros. Esa foto busca la descripción atávica de ese momento, el encuentro con una naturaleza que es más lejana cuánto más la miramos. Intuir, al hacer una fotografía, es complejo: las estrellas fugaces, neones para el facebook, son más satisfactorias; las lunas gordas y brillantes, con nubes draculianas que aguardan otros planos, más lloricas, más blandas. Pero creer como Storni que siento moverse arriba los blancos esqueletos de las estrellas muertas al contemplar una imagen destila la belleza incomprensible a la que aspiramos en el simple acto de mirar.

Fue ganadora absoluta de este concurso la fotografía Aura Iris, de Julio Giménez, que muestra el inasible efecto Brocken ocasionado por la propia sombra del autor en las nubes que rodean al pico Castillo Mayor. En ella, la luz que rodea la propia mirada nos provoca temor, sufrimos sentidas conversiones, deseos de migrar, querer ser transparentes, síntomas muy similares a otro efecto mucho más conocido y practicado: el efecto Merkel .

Marina Klaas ha sido la ganadora en categoría escolar y muestra en Los colores de la combustión como es la realidad cuando nos podemos acercar a mirar. La búsqueda de la esencia misma de un objeto a través de la fotografía, o tal vez sea la necesidad de las cosas de establecer su propia narración, es lo que nos atrae de esa imagen.
Algo digno de mención: no se ha premiado ni fotografía autosatisfecha ni la-estética-encorsetada-que-aburre-de-pura-dulzura (¿ha probado usted los mazapanes rebozados?). De acuerdo con el jurado, pero solo en los premios.

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1 Comentario

  1. Tus imágenes y palabras hablan por sí solas, es evidente que tu te encuandras en la categoría de los artistas. Muy bueno, Antonio.

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