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Beturian.

A los que ya tenemos cierta edad ( ¡ sin pasarse eh ! ) este nombre nos trae a la memoria la figura de un notable pelotero que militó en el Real Madrid de los años sesenta, el Real Madrid yé-yé, en la selección española, ocupando el puesto de extremo derecho con el siete a la espalda y subiendo y bajando su banda correspondiente con velocidad y filigrana, troquelando defensas, centrando balones donde muere el penalty y levantando a la afición de sus asientos ante el último rival con la cintura quebrada, despatarrado en el suelo, no sabiendo si Amancio, como buen gallego que es, iba o venia, preguntaba o contestaba. Grande aquel Amancio Amaro Varela. Inolvidable.

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Unos años depués tuve noticia de otro Amancio, también del noroeste peninsular, vate y cantautor de melancólicas melodias, un romántico hecho a sí mismo, al cual tuve oportunidad de escuchar una o dos veces en la Zaragoza de mis tiempos estudiantiles. Amancio Prada se llama el hombre e imagino que seguirá con su guitarra por los caminos de España ( dícense ahora autovías y AVE ) espantando la crisis y llamando a sus gentes al amor y al verso como si la troika no existiera. Gracias Amancio, haces lo que puedes, lo das todo – o casi -.

Pero el Amancio que a nosotros nos interesa conocer, aunque algo ya sabemos de él, es el que aparece en el extremo izquierda de la foto de cuatro soldados tomada en el campo de tiro de Las Baldorrias, afueras de Barbastro, en el año 1958. Después de ver esa foto no me extraña que el soldado Amancio, Amancio Ortega, dueño del imperio textil Inditex, hombre más rico de España y tercero del mundo según la revista Forbes, detras de Bill Gates y Carlos Slim, haya llegado donde ha llegado, porque su experiencia barbastrina ( aunque no sólo ésta evidentemente ) cumpliendo sus deberes con la patria en aquella ciudad pobre y reprimida, ultralevítica, lamiéndose todavia las heridas de, parafraseando a Goya, los desastres de la guerra, le hizo saber lo que valía un peine, muy lejos de su hogar y de los suyos, sin apenas, seguramente, algún paisano gallego o astur-leonés en quien apoyarse, aunque, afortunadamente, encontró la amistad y hospitalidad de soldados de Barbastro y sus alrededores con alguno de los cuales acabó teniendo cierta amistad y confianza más o menos mantenida en el tiempo. Pues bien, el concejal Paco Viu ha tenido el acierto de llevar al pleno municipal una moción con una propuesta mediante la cual se pretende otorgar reconocimiento oficial por parte de la ciudad al sr. Ortega, no solamente por su exitosa trayectoria profesional ( que también ), sino por haber mantenido, a titulo particular y reservado, después de tantos años y cuando no es lo usual, vínculos afectivos, personales, con la ciudad donde hizo la mili, a la cual ha vuelto alguna vez de riguroso incógnito, y hacia la cual, es evidente, mantiene una predisposición favorable siempre que le sea reclamada institucionalmente. Muchas otras localidades se darían con un canto en los dientes por tener un activo de esta envergadura. Como actor, prescriptor o ambas cosas a la vez. Es de esperar que, llegado el momento, enmedio de este huracan socioeconómico que a muchas personas está haciendo sufrir lo indecible, la corporación municipal, con el alcalde a la cabeza, sepa jugar sus cartas y vuelva a acoger al sr. Ortega como lo hicieron en su día sus compañeros de armas de Barbastro y redolada, cuando el destino lo mandó entre nosotros a suerte o verdad. Sería imperdonable y de no-bien nacidos ( es de bien nacidos ser agradecidos…..) mantener actitudes distantes, frias, asépticas y sectarias hacia él, dejando pasar la oportunidad ( como ya se ha hecho otras veces ) de que sople un nuevo aire fresco que regenere y revitalice el necrosizado tejido social y laboral barbastrense, excusándose en el mantenimiento del actual rancio y estéril statu-quo local que a nada bueno nos conduce. Veremos.

dph

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