ObispoPueyo(José M. Vidal).- El actual rector del Colegio español de Roma y ex secretario de la comisión de seminarios de la conferencia episcopal, Ángel Javier Pérez Pueyo, tiene muchas papeletas para que sea nombrado por Francisco obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón. Sucedería en el cargo a monseñor Alfonso Milián, que ha regido la diócesis aragonesa desde 2004 y que presentó su renuncia, el pasado mes de enero, al cumplir los preceptivos 75 años.

En la terna que el Nuncio español, Renzo Fratini, hizo llegar a Roma, para cubrir esta vacante episcopal, figuran asimismo Francisco Jesús Orozco y Francisco Javier Pérez Mas. El primero es el actual vicario general de la diócesis de Córdoba. El segundo es profesor del CRETA, vicario episcopal desde 2006, y, actualmente, ejerce además como párroco de Nuestra Señora del Rosario de la capital maña.

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Pérez Pueyo es, sin embargo, el que cuenta con mayores posibilidades de alcanzar la mitra y hacerse con la titularidad de la diócesis aragonesa. Ángel Javier Pueyo Pérez Pueyo, natural de Ejea de los Caballeros (Zaragoza), nació el 18 de agosto de 1956. Y desde niño quiso ser cura. Él mismo cuenta así el nacimiento de su vocación sacerdotal: “Mi sacerdocio, imagino que como el de todos, ha sido un milagro de la gracia. ¿Quién me mandaría levantar la mano en la escuela? ¿Por qué acogerían mis padres aquella propuesta que les hice con apenas 9 años? ¿Por qué no me pusieron reparos ante la minusvalía de mi hermana? ¿Por qué no me animaron a posponer mi decisión? Todo providente”.

Y añade un recuerdo agradecido a sus padres y hermana: “Ahora que ya han fallecido, me conmueve evocar lo orgullosos que se sentían de ser los padres o la hermana de aquel sencillo y humilde servidor cuyo único oficio es repartir a manos llenas palabra, pan, ternura y perdón”

DSC_0214El 8 de junio de 1979, al terminar los estudios de teología, entró a formar parte de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, fundados por monseñor Domingo Sol, y recibió la ordenación sacerdotal el 19 de marzo de 1980 en Plasencia (Cáceres). Desde entonces se dedicó por entero a ejercer su carisma y el de su institución: la formación de sacerdotes.

Al finalizar el curso fue destinado al Seminario de Tarragona y desde 1980 a 1985 desempeñó su labor formativa en el Seminario Menor como responsable de los seminaristas y como tutor y profesor del Colegio-Seminario. En 1985 fue nombrado rector del Aspirantado Menor de Salamanca. Colaboró como profesor y tutor en el Colegio ‘Maestro Ávila’ impulsando el trabajo de pastoral juvenil y vocacional.

Y de los puestos de formación a los de responsabilidad institucional. Sus compañeros descubren pronto que este hombre preparado, de trato afable, sencillo y cercano, es el idóneo para liderarlos y, en julio de 1996, fue elegido Director General de la Hermandad de Sacerdotes Operarios, y, en 2002 resultó reelegido en el cargo por un nuevo sexenio. Toda una prueba de su buen hacer.

Su pasó por la cúpula de los Operarios, además de dotarlo de experiencia de gobierno, le proporcionó una visión global de toda la Iglesia mundial (su institución tiene presencia en muchos países del mundo), con sus luces y sus sombras.

Terminado su ciclo en la dirección de los Operarios, Ángel Pérez Pueyo recaló en Añastro, la sede de la Conferencia episcopal, con su enorme celo pastoral y su sonrisa franca y diáfana. Y eso que eran horas sombrías en la Casa de la Iglesia, dirigida por aquel entonces por el polémico monseñor Martínez Camino.

En Añastro permaneció del 2008 al 2013, cuando es nombrado rector del Colegio español de Roma. Y, siempre dispuesto y obediente, regresó a Roma, a dirigir el Pontificio Colegio, fundado por el Beato Manuel Domingo y Sol en el año 1892, con el fin de ofrecer formación y atender a los seminaristas y sacerdotes españoles en Roma.

Desde la “fábrica” de los obispos españoles, como suele denominarse al Colegio San José, Pérez Pueyo siguió en vivo y en directo, desde su atalaya privilegiada, la renuncia de Benedicto XVI, gesto histórico y revolucionario, que iba a enpistar la nave de Pedro hacia la elección y la consiguiente primavera de Francisco

Hace unos años, cuando presidía el secretariado de la comisión episcopal del Clero escribía un testimonio en el que retrataba su alma sacerdotal y se mostraba “imbuido del genuino sello sacerdotal de Mosén Sol, que ha impreso en mi corazón esa impronta vocacional que me permite valorar todos los carismas eclesiales y favorecer la complementariedad de todas las vocaciones; que me permite compartir la búsqueda de sentido con tantos jóvenes, mostrándoles la libertad y la plenitud que Cristo les ofrece; que me urge a ‘eucaristizar’ la vida como expresión de que es en la eucaristía donde se enraíza mi propia espiritualidad como creyente y como presbítero”

Y concluía con una declaración de intenciones, válida para su etapa de cura y, eventualmente, para su nuevo ciclo de obispo de Barbastro: “Así de sencillo, así de estimulante y, al mismo tiempo, así de arduo y delicado. Ser ‘sacerdote y nada más que sacerdote’. Trabajar ‘en la raíz del bien’, colaborando en la formación de los futuros sacerdotes. Sostener a los que ejercen un ministerio en la Iglesia, sirviendo de ‘bálsamo’ de cuantos se hallan ‘deshabitados, heridos, cansados, desencantados, descentrados. Y recrear junto a ellos el presbiterio diocesano como ‘microclima’ natural que la Iglesia nos ofrece para nuestro crecimiento y santificación. Todo un reto por el que vale la pena ofrecer la vida”

Se puede decir más alto, pero no más claro. Este pastor al estilo de Francisco es el que regresará pronto a España, para hacerse cargo de la diócesis de Barbastro-Monzón y difundir en ella ese “bálsamo” de ternura y misericordia que, a partir de ahora, va a caracterizar a los pastores de Bergoglio.

dph

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