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El Ayuntamiento de Barbastro ha instalado este fin de semana un perímetro de seguridad con vallas en torno a la torre de la Catedral ante la caída de algunas ramas procedentes de los seis nidos de cigüeñas colocados en la cúpula del edificio, declarado BIC (Bien de Interés Cultural).

IMG_1383La medida preventiva la adoptó el Ayuntamiento tras recibir la sugerencia de la Policía Local que comprobó como partes de los nidos se habían precipitado sobre el firme y podían ocasionar daños a los viandantes que transitan por este entorno que une el barrio del Entremuro con el Ayuntamiento, el colegio de los Escolapios, la Catedral y el Museo Diocesano.

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Asimismo desde el área de Medio Ambiente se va a solicitar al INAGA que permita la retirada de los seis nidos que se encuentran en el chapitel de la torre, uno de los emblemas de la ciudad.

La concejal de Servicios e Infraestructuras Urbanas, Elena Abón, indicaba que las vallas se han colocado «para advertir a la ciudadanía que no se arrimen a la torre porque han caído ramas. Es una medida de prevención que asumimos por nuestra cuenta ya que no se pueden retirar los nidos por no tener el permiso. De todas formas vamos a tratar de convencer a INAGA porque estos nidos empiezan a ser peligrosos por su tamaño y número. Y se trata de un sitio de muchísimo paso. Primero hay que pensar en las personas. Yo soy partidaria de que las cigüeñas vivan pero también que dejen vivir».

Cabe recordar que una petición similar ya fue realizada por el Obispado de Barbastro – Monzón para garantizar la seguridad de los ciudadanos y del propio inmueble ante los daños que puedan ocasionar las aves zancudas en esta centenaria construcción.

El INAGA desestimó la retirada de todos los nidos, pero sí de dos de ellos, y sugirió a la Diócesis varias alternativas como la colocación de una plataforma que rodearía el chapitel y en la que se podrían ubicar los nidos. Esta medida es rechazada desde el Obispado ya que en primer lugar se trata de un edificio catalogado y no se puede colocar nuevas infraestructuras, y por otro lado se aduce falta de medios económicos para poder llevarlo a cabo.

La medida del INAGA es también cuestionada porque no permite el acceso al inmueble para garantizar su preservación y por otro lado con fines turísticos. La torre llevaba cerrada al público años y con la remodelación del Palacio Episcopal y creación del Museo Diocesano se acondicionó su acceso. El Ayuntamiento destinó en 2013 una partida de 11.000 euros para iluminarlo, colocar barandillas y escaleras que permitieran visitas la torre. Una vez concluidas estas obras, durante las pasadas Navidades se abrió al público dentro de la oferta cultural que ofrece el Museo Diocesano. Pero las visitas se suspendieron en enero para facilitar el periodo de cría de las cigüeñas. Desde entonces la puerta de la torre ha estado cerrada.

Desde el INAGA del Gobierno de Aragón justifican su medida en que se está cumpliendo con la ley estatal que deriva de una directiva marco europea.

Desde el Obispado, el delegado de patrimonio Enrique Calvera cree que la respuesta del INAGA al Ayuntamiento será similar a la que en junio se dio a la Diócesis. Calvera se mostró partidario de la colocación de las vallas «por el problema que supone la caída de ramas, de un propio nido o de polluelos cuando empiezan a volar y se precipitan. Es una medida oportuna y favorece al hecho que perseguimos todos y es que se deje la torre sin peso, sin suciedad ni las mamparas que nos proponen colocar».

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