César Torres. Asociación de Consumidores Red de Ahorradores e Inversores

Buenos días. ¿Qué te parece si hoy día aprendemos a leer y a escribir?

Pregunta. ¡Pero si todos sabemos leer y escribir perfectamente! Pero si hablamos de bancos, que es lo que hacemos habitualmente en esta sección, y de los documentos que nos envían regularmente, como los recibos mensuales, o de los que nos entregan para firmar, como los contratos, tenemos que admitir que no sabemos leerlos. Tal vez por eso el Tribunal de Justicia de la UE insiste tanto en la transparencia en la contratación: no hay que firmar nunca lo que no entendemos. Y hay que acostumbrar al banco a que nos explique siempre, y mejor por escrito, todo lo que nos dé a firmar, cláusula por cláusula. Nos evitaremos muchos dolores de cabeza en el futuro si solo firmamos lo que entendemos.  ¿Y por dónde empezamos a aprender a leer documentos financieros? Hay que recordar que entender o no entender esos documentos depende la salud de nuestro dinero y de nuestra economía doméstica. Empecemos por los recibos. Normalmente los guardamos en una carpeta gruesa, todos juntos, y sin saber qué hacer con ellos. Lo primero es sacarlos y ponerlos en orden cronológico, por meses y años. Así ordenados, veremos si nos falta alguno. En los recibos hay información que nos permite saber si nos están cobrando de más. Lo primero es verificar el Capital Pendiente del préstamo. Podemos pedir al banco, que por ley está obligado a darnos, un cuadro de amortización. En él veremos cuando nos dieron el préstamo, cuánto hemos pagado de Intereses -en la casilla de intereses- y cuánto de Capital, es decir, cuánto realmente estamos reduciendo la deuda. A lo mejor descubrimos que pagaremos el 200% del capital que tan generosamente nos prestó el banco. Entonces descubriremos quién le hizo el favor a quién. ¿Y saber cuánto de capital pendiente nos queda sirve para algo más? Pues sí, sirve sobre todo si queremos refinanciar el préstamo. Si queremos ampliar el plazo del préstamo para pagar menos o queremos hacer una carencia, es decir, pagar solo los intereses del préstamo o solo el capital del préstamo, -eso es una carencia- debemos ir al Notario donde se firmó el préstamo y preguntar, antes de que lo haga el banco, cuánto nos costarán los gastos del Notario por la refinanciación tomando en cuenta el capital pendiente. Algunos bancos por olvido, claro, en lugar de calcular el capital pendiente calculan la deuda en el momento que se firmó el préstamo y por eso nos toca pagar más de lo que deberíamos. Por eso es importantísimo saber cuánto es exactamente el capital pendiente del préstamo en el momento de la refinanciación.  ¿Y qué otras maravillas podemos encontrar en los recibos? Bueno, si nuestra vida es un frenesí, trabajamos por cuenta ajena y no siempre sabemos si pagaremos nuestra cuota a tiempo, debemos recordar que los intereses de demora, que es lo que nos cobran cuando nos atrasamos en el pago, cambian cada seis meses. Y eso debe venir reflejado en el recibo. De junio a diciembre del año pasado si nos demorábamos en pagar la cuota nos debían cobrar hasta un 12% de intereses. En este semestre, de enero a junio, solo pueden cobrarnos el 10,5%. ¿Es decir, que en el recibo hay muchos tipos de intereses? Así es. Y es bueno saber cuál es cuál porque el interés es lo que gana el banco y lo que nosotros pagamos. Encontraremos el interés de demora y el interés que pactamos con el banco para que nos diera el dinero pero, curiosamente, podemos encontrarnos en el recibo que aunque pactamos un interés, de pronto aparece un interés al 4,5 o un 3,5% que no recordamos de qué es. Y ahí descubrimos que tenemos un Suelo, es decir, un interés fijo contrario al interés variable, que es el que contratamos. Eso quiere decir que estamos pagando de más por una cláusula abusiva, por lo menos así lo considera el Tribunal Supremo y el Tribunal de Justicia de la UE, y debemos reclamar. Al principio comentabas que también necesitamos aprender a escribir. Pensemos que tenemos con el banco una relación forzada. Forzada porque nadie más nos da el dinero para una compra importante. ¡Ah, si tuviéramos banca pública, qué tiempos aquellos! Y esta es una relación de muchos años. Y debemos aprender a comunicarnos fluidamente con el banco. Y siempre por escrito, que las palabras se las lleva el viento. Así como el banco se comunica muy bien con nosotros cada vez que nos aumenta las comisiones o nos quiere vender alguna cosa, nosotros también debemos aprender a comunicarnos con ellos para reclamar correctamente, y para eso es fundamental tener todos los recibos y todos los contratos. ¿Puede pasar que el banco no nos dé copia de los contratos o recibos que le pedimos? Puede pasar, y lamentablemente pasa muchas veces. Mientras menos información tengamos, más vulnerables somos y menos sabremos utilizar la ley a nuestro favor, como consumidores. La ley de julio de 1984 sobre transparencia y defensa de los consumidores dice que es una falta administrativa grave que el banco no solo no nos dé la documentación que pedimos y nos interese, sino, Marga, “el banco debe entregar toda aquella información que aún, sin pedirla -por desconocimiento- sea importante para nuestros interese como consumidores”.

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