Quien más quien menos ha tenido que oír, a lo largo de su vida, esta locución que, más que una frase, parece una sentencia y disimula, a duras penas, una clara intención intimidatoria disfrazada de advertencia.
A menudo desparramo por las líneas de mis artículos la afirmación de que los tiempos cambian, aunque no necesariamente para mejor, lo que viene al pelo del dicho que tratamos hoy, antaño cláusula semántica usada por hidalgos y prohombres con más ego que argumentos, con la clara intención de acongojar al personal cuando la razón no le asistía y con la secreta esperanza de que aquel a quién iba dirigida la diatriba se plegase finalmente a sus intenciones sin indagar mucho en identidades.
Pero hete aquí que la prepotencia y la chulería se ha democratizado notablemente desde entonces, de manera que la frase de marras ha pasado a ser de dominio público, susceptible ahora de ser usada por reyes, condes, tontos y necios de toda clase, por citar los extremos de la fauna, de tal forma que hoy ya no pertenece solo al distinguido y reducido club de los tontos (y tontas) con título e ínfulas, no.
Hoy con ser tonto basta para usarla.
Y es lo que ha pasado recientemente con unos cargos electos de Podemos, diputados ellos, con ocasión de una concentración de apoyo a un colectivo ocupa a la que, a falta de mejores cosas que hacer, habían acudido ambos.
La solicitud de la documentación por la Policía, motivada al parecer por las numerosas irregularidades del sarao, dio pie al momento que seguramente llevaban las criaturas esperando toda su vida, el momentazo: vacilarle a un policía como máximo exponente de lo que muchos consideran una de sus metas en la vida.
Es como ganarle al Real Madrid. Aunque bajes a segunda, tienes la temporada cubierta. Pues lo mismo, pero en cortito.
Total, que vistos en el trance identificatorio, estos dos personajes no tuvieron mejor idea para salir de él que encararse con los agentes haciendo valer su condición de aforados.
Parece constatado que, venidos arriba por la inicial sorpresa de semejantes comportamientos en los servidores de la Ley, añadieron frases típicas como aquellas que ordenan a cuadrarse[1] al policía ante el pelagatos de turno, como señal, ante un más que entregado público, de superioridad.
Craso error, aunque comprensible, todo hay que decirlo.
Dado el intelecto y la catadura moral de estos personajes, son habituales estas salidas de pata de banco para quienes desprecian y menosprecian algo tan importante como la seguridad, la ley, el orden y por encima de todo, a quienes velan por su cumplimiento.
Hasta aquí todo bien, todo muy progre y muy guay.
El problema es que NO TODO VALE y la primera premisa democrática es aceptar tanto derechos (de los que creen saber mucho) como deberes (que desoyen cuando no les interesa) además del hecho de que, quien quiera hacer valer su derecho a una supuesta inmunidad, debe, repito, debe, observar pulcramente la ley, respetando, como primera Providencia a los Agentes de la Autoridad.
Como es lógico, los policías, bregados en este tipo de estúpidas ínfulas, hicieron caso omiso de las bravuconadas de los dos Diputados y probablemente solventaron el tema con oficio, que de eso tienen mucho, afortunadamente.
Por lo demás, puede resultar paradójico, pero hemos acabado sabiendo quienes son estos dos, quizá no como ellos esperaban, por la difusión mediática y el ridículo, pero nos hemos aprendido sus identidades tan rápido como las hemos olvidado, aunque una cosa sí sabemos.
Que son dos tolais
[1] Cuadrarse. DRAE, ent. 15. prnl. Dicho de un militar: Adoptar la postura de firmes.




