Con motivo de la celebración de san Mateo en Monzón, el pasado día 21, quisiera expresar una palabra sencilla y sincera.
Si alguna persona se ha sentido molesta o herida porque en la homilía presenté también la figura de san Ramón, obispo y patrono de nuestra diócesis, le pido sinceramente disculpas. Nada más lejos de mi intención que restar protagonismo a san Mateo, patrono de Monzón, y mucho menos establecer comparación o confrontación alguna entre Monzón y Barbastro.
Estamos celebrando el Año Jubilar de san Ramón, en el noveno centenario de su muerte, y desde que comenzó he procurado acercar su vida y su mensaje a cada una de nuestras fiestas patronales, poniéndolo en diálogo (maridaje) con el santo o la advocación que celebrábamos. Eso mismo pretendí hacer con san Mateo.
San Ramón no es patrono de Barbastro, sino de toda la Diócesis de Barbastro-Monzón. Y Monzón, con su Concatedral de Santa María del Romeral, es no solo sede de nuestra Iglesia diocesana sino templo jubilar de este Año Santo. Allí quise subrayar que San Ramón pertenece a los fieles de todas nuestras comunidades y a todas pongo bajo su amparo y protección.
También tuvo ese sentido el pequeño detalle con nuestros jóvenes: si a las damas de Barbastro les entregué los cordones de la victoria de san Ramón, a las zagalas y zagales de Monzón quise regalarles su pulsera. No para distinguir ni separar, sino para unir; no para establecer categorías, sino para expresar que todos formamos una misma Iglesia, una misma familia diocesana.
Si no supe explicarlo suficientemente bien y alguien pudo interpretar otra cosa, reitero mis disculpas.
Nuestros patronos no compiten: nos reúnen. Y la fe, cuando es verdadera, nunca levanta fronteras, construye familia.
Vuestro obispo, Ángel.


