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Representantes de las 70 Cáritas Diocesanas de España celebraron una Asamblea en la que decidieron apostar por “salir a las periferias” y que presidió el obispo de Sigüenza-Guadalajara
Los más de 150 participantes en la 71ª Asamblea General de Cáritas Española, celebrada entre el 27 y el 29 de junio en la casa de espiritualidad “San José”, han apostado, en su declaración final, por escuchar la llamada del Papa Francisco a “salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” para acompañar a las víctimas de “esa cultura del descarte en la que el dios-dinero está en el centro”.
Esta Asamblea ha tenido un significado muy emotivo, debido a la despedida que protagonizó monseñor Alfonso Milián Sorribas, obispo de Barbastro-Monzón, y que en los últimos 12 años ha sido también obispo responsable de Cáritas en la Comisión Episcopal de Pastoral Social (CEPS). Como obsequio de despedida, cargado de honda simbología, se le hizo entrega de una cruz de hierro forjado realizada por un artesano de Barbastro-Monzón con concertina de la valla de Melilla.
Ha sido, al mismo tiempo, la primera Asamblea presidida por monseñor Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara, quien ha participado en todas las sesiones y que sucede a monseñor Milián en la responsabilidad confiada por la CEPS. Junto a él, han participado en la Asamblea, el presidente, delegado episcopal y secretario general de Cáritas Española, Rafael del Río, Vicente Altaba y Sebastián Mora, respectivamente
Junto al debate y aprobación de los contenidos estatutarios de la misma, en la Asamblea se reflexionó sobre la evolución de la realidad social a la luz de la experiencia de cada ámbito diocesano y se debatieron las estrategias que Cáritas viene impulsando tanto en esos ámbitos como en el plano confederal e internacional.
El marco de análisis de la Asamblea fue aportado por Francisco Lorenzo y Guillermo Fernández, expertos del Equipo de Estudios de Cáritas Española, que desarrollaron la ponencia marco “Explorando el futuro: retos y fronteras” y que fue debatida en el seno de diversos grupos de trabajo a partir de los cuales se ha preparado la Declaración Final.
En la Asamblea han intervenido los directores de Cáritas Senegal, Ambroise Tine, y de Cáritas Costa Rica, Edwin Aguiluz, que expusieron conjuntamente el tema “Una sola familia humana, alimentos para todos. Cómo lo viven las Cáritas del Sur”.
La agenda del encuentro incluyó también dos cuestiones de futuro para la Confederación, como son los “Retos en el Desarrollo de Personas”, que presentó Margalida Riutort, directora de Cáritas Mallorca; y “Repensando los Derechos Humanos en la acción de Cáritas”, un tema desarrollado por Toño Villalón, director de la casa de acogida “Padre Damián” de Cáritas Salamanca.
En la declaración final, afirmaban que “la crisis sigue siendo un duro sacrificio para muchas familias”, algo que conocen bien porque son testigos “de la desesperación de numerosas personas que acuden a Cáritas en busca de ayuda”. Critican que se sigan desmantelando “servicios sociales y que haya restricciones de derechos, abandonando a su suerte a todas esas personas, que, como denuncia el Papa Francisco, son víctimas de “esa cultura del descarte en la que el dios-dinero está en el centro”” declaran.
Insisten que, aunque en los datos macroeconómicos parece que la crisis ha acabado, sus efectos no han desaparecido. “Es más, una eventual salida de la crisis dejaría tras de sí una sociedad más desigual y precaria, con nuevas víctimas que se suman a las que ya existían antes de la recesión, con unos derechos sociales más restringidos y expuestas a una forma de analizar la realidad que, sin rubor, entiende que las personas solo son “rescatables” si las leyes de la economía lo permiten” denuncian.
Las personas, en el centro. La economía a su servicio
Por eso, como Cáritas entienden que tienen que responder estas nuevas situaciones y, como dice el papa Francisco, “salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio”. Así, decidieron construir una sociedad que ponga en el centro a las personas y donde la economía esté a su servicio “en lugar de ser un instrumento de exclusión e injusticia”.
También, apuestan por reafirmar los valores de solidaridad y fraternidad, fortalecer el desarrollo global y la cooperación con los países del Sur, frente al mero crecimiento económico, en “un mundo global y sin fronteras, en el que todos, iguales en dignidad y derechos, somos una sola familia humana” detallan.
Aseguran que lucharán porque prevalezca la corresponsabilidad, porque las Administraciones públicas garanticen un Estado de bienestar de calidad. “No pueden desentenderse de esa misión ni apelar al papel protagonista de otros como excusa para no acometer su papel” señalan desde Cáritas.
Vivir una vida sencilla con un modelo de consumo sostenible
Apuestan por una sociedad civil proactiva y comprometida en defensa del bien común, que vele porque el Estado desarrolle su función. Sobre los mercados opinan que deben cumplir su responsabilidad social “a favor del bien común y no pretender sacar provecho de esta situación” reclaman y que las personas “deben orientar sus vidas hacia actitudes de vida más sencillas y modelos de consumo más sostenibles para que todos seamos responsables de todos”.
Por todo ello, se proponen tener dos referentes: Cristo y los pobres, por lo que saldrán a las periferias para acompañar a los que quedan excluidos y para desarrollar “iniciativas innovadoras y significativas, que pongan de manifiesto que es posible vivir desde lógicas alternativas a modelos económicos e individualistas” indican.
Van a seguir denunciando la “injusticia, dolor y sufrimiento” y van a realizar propuestas concretas que “ayuden a poner en práctica el mensaje del Evangelio”, aunque señalan que sin sustituir la acción de las Administraciones públicas, sino caminando con ellas para poder incidir en las políticas sociales.
La ciudadanía no se adquiere solo con un empleo
Se comprometen a “reafirmar la defensa y el respeto de los derechos humanos y la dignidad de las personas desde los principios de la Doctrina Social de la Iglesia” y a creer en la participación de los más pobres en un proyecto común, detectando la realidad cambiante.
Y por último, apuestan “porque la ciudadanía no se adquiera solamente por la vía del empleo, pues entendemos que el reconocimiento de la dignidad de las personas no puede supeditarse a su situación laboral”.
Concluyen con un mensaje “de anuncio y esperanza, convencidos de que, juntos, podemos aportar elementos para la construcción de un nuevo modelo social en el que los bienes sean para todos y donde el otro es nuestro hermano”.




