Ronda Somontano.- Muchas personas, especialmente los jóvenes, dicen que ya tendrán tiempo de cuidarse cuando sean mayores. ¿Qué hay de certeza o de error en esta afirmación tan popular?
Ejercicio y Bienestar.- Se trata de una creencia que acarrea consecuencias indeseables y perniciosas. La especie humana a diferencia de los demás mamíferos, prolonga cada vez más el periodo de crianza de las nuevas generaciones. Esto significa que los padres o las personas responsables de los bebés cada vez los cuidan y protegen más y mejor. Pero paradójicamente, estos niños tan bien cuidados cuando se convierten en jóvenes y adultos tienden a cuidarse y protegerse menos y peor que sus antecesores. ¿Qué ha pasado? Que en la sociedad actual el consumo de bienes, tanto necesarios como superfluos, se ha convertido en un hábito compulsivo, así como el exceso de energía y vitalidad, tan característico de la juventud, en un elixir que se persigue consumiendo. La consecuencia es que se consumen sustancias innecesarias que producen un placer efímero que ensucian y dañan los órganos filtro del organismo (pulmones, hígado y riñones) debilitándolo. Si se desea gozar de una vida plena y feliz hay que cuidarse siempre dado que se tiene que habitar el mismo cuerpo durante toda la existencia. Cuando una persona empieza a cuidarse desde joven es capaz de deleitarse mucho más y mejor con los maravillosos dones que ofrece la vida.
R.S.-¿Cómo subsanar este error tan pernicioso para la buena vida?
E.B.- Es una cuestión de educación, de buena educación. De una educación que priorice a la persona, cada una con su singularidad, en vez de entender la enseñanza como una producción en cadena. Una educación que priorice la vida y que en las situaciones de aprendizaje se practiquen los cuidados para su conservación y protección, haciéndolo con menos recursos virtuales y más situaciones de la vida cotidiana.
R.S.- ¿Es una cuestión de buena educación física?
E.B.- De una buena educación física y de una educación congruente con una vida plena y feliz, se estudie para ser abogado o médico y se trabaje de bombero o taxista. Además, esta educación para la vida no solo se ofrece en las instalaciones docentes sino que se prolonga a lo largo de toda la existencia en las escuelas, en los gimnasios o en los parques y jardines. Se cree, de una manera equivocada, que la felicidad llega cuando una persona hace lo que le gusta, lo que le viene en gana, pero con frecuencia los gustos no coinciden con las necesidades, para saberlo hay que preguntarle al cuerpo cuando se encuentre centrado en su sentir, silenciando por unos instantes el martilleo constante de la mente que nos asedia con falsas creencias.
R.S.- ¿En qué consiste esta educación para la buena vida?
E.B.- En que las personas descubran en sí mismas los beneficios y ventajas de cuidarse, de amar la vida y de disfrutar de cada momento y situación que ofrece el hecho de vivir. Cuidarse no implica en modo alguno un gran esfuerzo o sacrificio sino un deleite, una experiencia de puro gozo, de vivirse en plenitud, aunque exija en primera instancia atención y disciplina, pero puede descubrirse como un juego divertido y placentero. Al menos así podría presentarse en las escuelas como un modo lúdico de iniciarse en el cuidado de sí mismo.
R.S.- ¿Cómo se aprende y se enseña a cuidarse uno de sí mismo?
EB.- Es algo que todos llevamos en nuestro bagaje celular. Cuidarse y cooperar son las dos acciones de más alto valor biológico para la especie humana, pero también para la evolución civilizada de la sociedad y el goce de uno mismo. En www.ejercicioybienestar.org pueden encontrarse multitud de propuestas para descubrir y cultivar el placer de cuidarse. Desde un estiramiento a una liberación articular, desde un automasaje a un ajuste postural, desde una respiración consciente a una carrera zen. Cualquier acción motriz que sea iluminada por la luz de la conciencia, se convierte de inmediato en un cofre repleto de riquezas para ser gozadas por el habitante del cuerpo que es cuidado y por aquél que es cuidadoso con la buena vida.




