Ronda Somontano.- ¿Por qué es tan importante gozar?
Ejercicio y Bienestar.- Gozar supone la mejor de las riquezas que atesorar pueda el ser humano, cualquiera que sea su condición. Gozar significa vivir en un estado de plenitud y satisfacción con la propia vida en cada instante del presente, de modo que se tiene la impresión de estar en paz y armonía con la propia existencia y el mundo.
R.S.- ¿Cómo puede lograrse algo tan importante?
EB.- Todo el mundo dispone de esta riqueza, tan solo necesita mirar dentro de sí y contemplar ensimismado la gracia de la vida, la dicha de vivir tranquilo y en paz.
R.S.-¿Pero por qué todo el mundo suspira porque le toque la lotería?
EyB.- Por la cultura material que envuelve a la sociedad de consumo en la que vivimos. Cuando alguien logra fluir en su propio gozo, no en el confort fugaz y esporádico que proviene de fuera del propio ser, de la posesión de bienes y objetos, de la conquista de metas y objetivos o del ejercicio del poder sobre otras personas, sino desde el sentir vital en la propia pulsión consigo mismo con satisfacción serena y profunda, esa persona ha encontrado el talismán de la felicidad eterna, la alegría por sentirse vivo.
R.S.-¿Pero no parece esto demasiado espiritual?
EyB.- En absoluto. Se trata de centrarse en el propio cuerpo, prestando atención al constante fluir de la respiración dejando pasar los pensamientos para percibir la vida en el presente. Practicar esta actitud, aunque sea en momentos puntuales del día, es tan básica como fundamental para el buen vivir. Las posesiones materiales, a pesar de vivir en una sociedad tan materializada como la que ahora formamos, funcionan para el gozo de vivir como pesadas piedras atadas a los tobillos, como un encadenarse al sufrimiento dado que el afán de posesión siempre genera insatisfacción. Esto resulta especialmente importante tenerlo asumido en estos momentos históricos, en los que la débil salud del planeta Tierra hace imprescindible ser capaces de vivir mejor con menos, para avanzar por la senda del desarrollo sostenible. Somos afortunados de vivir en un momento crucial de la historia de la humanidad que nos invita a gozar con lo mínimo, con lo estrictamente necesario para tener una vida digna.
R.S.- ¿No es esta actitud un neohedonismo?
EyB.-No, es un nuevo paradigma social y cultural que busca la felicidad en el cuidado de sí y en la cooperación para el cuidado de los demás y del planeta. Es necesario gozar porque cuando alguien se siente regalado por esta maravillosa riqueza que es la dicha de vivir, resulta muy sencillo mostrarse generoso, dadivoso, con ganas de compartir con otros, allegados o no, las sensaciones de bienestar que emergen de modo natural y continuo desde las profundidades del corazón. No se puede dar aquello de lo que se carece, de modo que se necesita estar repleto de gozo para poder ayudar a los demás de manera eficaz y generosa, por tanto vivir en el gozo supone un gran logro social ya que, aunque no se pretenda, la persona gozosa comunica y regala a los otros gran parte del bienestar que en ella vive, haciendo el bien al resto de seres vivos, incluso sin pretenderlo.
R.S.- ¿Parece muy fácil de hacer pero no entraña una gran dificultad?
EyB.- Vale mucho la pena esforzarse para gozar en la contemplación ensimismada de las propias sensaciones, provengan de la piel, de los huesos, de la respiración, de las vísceras o del rítmico compás del corazón. Conviene saber que cada persona que se valga por si misma, por el hecho de nacer y estar viva, es muy capaz de gozar de sí y consigo misma. En vez de vivir en un torbellino incesante de pensamientos que pueden llegar a generar enfermedad, se puede dejarlos pasar y prestar atención a las propias sensaciones, al propio cuerpo. Llevar a cabo esta práctica puede resultar costosa al principio, pues tiene que superarse una larga inercia de toda la existencia vivida bajo el yugo de la mente, pero con entrenamiento constante y un buen maestro o guía, puede lograrse de manera relativamente sencilla. Primero de modo ocasional, luego de forma intermitente, para más tarde poder ser capaz de prestarle atención a la vida cuantas veces se necesite, según la propia voluntad, sin la interferencia de los pensamientos.
También se puede gozar de todo cuando rodea la existencia mundana, de la ligereza del aire cada vez que se respira de modo consciente, del calor del sol, de la humedad del agua, de la textura de la tierra, con la solidez que desprende la roca, con la fresca limpieza del amanecer, con el tibio y sutil colorido del atardecer o con la mirada extendida hacia el firmamento. Se puede gozar de la compañía y singularidad de cada criatura viviente, de toda la comunidad de vida que habita este planeta.
Todo el gozo del universo se encuentra encapsulado en cada una de las células que conforman la unidad indivisible y singular de cada ser, pero se necesita voluntad y esfuerzo para lograr que emerja el gozo de vivir, de ahí la necesidad de practicar cada día varias veces la atención ensimismada en sí mismo.
Abrazándose al gozo de vivir es posible salvar el paraíso que yace hoy escondido entre tanto ruido, tecnología, bienes de consumo, posesiones timoratas, poderes aparentes y famas transitorias.
El más preciado tesoro del universo es la propia vida, de modo que lograr gozarla con entusiasmo también hace feliz al resto del planeta.

