En estos tiempos que estamos viviendo no toca otra que ser valientes. Los agricultores y ganaderos han cogido las riendas de sus vidas. Han dicho basta. Basta ya de normativas incoherentes y alejadas de la realidad que no se sabe a quién benefician. Al medio rural está claro que no, por más que las vistan de salvación del medioambiente. Ese medio ambiente que nos hacen culpables de destruir mientras solo somos un pequeño eslabón en la cadena. Que no es poco, como así demuestran quienes estos días se están levantando.
La lectura de todos los artículos de portada deja claro algo: la incoherencia que se está viviendo. Al sector primario le preocupa que Europa, con estas normativas, pierda su soberanía alimentaria. ¿Qué sentido tiene esto? ¿Por qué unas normas tan estrictas para los productores europeos mientras los productos de terceros países llenan los establecimientos, a precios más baratos, sin cumplirlas? ¿Porqué se permite esta competencia desleal?
Agricultores y ganaderos solo piden que les dejen hacer su trabajo. Que no les impongan, desde altas instancias desconocedoras de la realidad del campo, trabas que, de seguir así, dejaran en manos de las grandes corporaciones el sector primario, al ser éstas las únicas que pueden cumplir con todos los requisitos impuestos. Tendremos un medio rural sembrado ya no de vacas sino de placas solares. Como dice Eugenio Nadal en su artículo, “si triunfan las tesis que abogan por la reducción del regadío, volveremos a necesitar la importación de alimentos”. Tenemos que reflexionar, como invita Ramón Solanilla, sobre “qué tipo de alimentación queremos, si queremos que haya productos frescos para dos tipos de consumidores, los que puedan pagarlos y los que no”.
La pérdida de soberanía alimentaria es algo que debe preocuparnos a todos, pues atañe al futuro de nuestros descendientes. Todas las generaciones anteriores han luchado por el futuro de sus vástagos, pero parece que ahora delegamos esta responsabilidad en las altas instituciones creyendo que velan por nuestro bien, mientras solo lo hacen por el suyo. Hemos de hacer un trabajo de soberanía personal. Recuperar ese poder que tenemos. Recuperar la coherencia, dejarnos de tanta empatía impuesta y luchar por la vida del campo. Para que los niños de ahora y sus hijos puedan disfrutar de praderas con vacas y no cubiertas de placas fotovoltaicas. Es su derecho que estamos entregando. Como tantos otros.
¿Hay futuro en el campo? Todos los entrevistados concluyen: ¡Por supuesto que sí, pero hay que ser valientes y lucharlo!





