Por Antonio Latorre Palacio

Conocí a Chema Durán en el bachiller. Coincidíamos en clase, aunque nunca fuimos amigos cercanos. Cada diciembre, cuando se acercaba la Navidad, se ideaba un dibujo a modo de felicitación en las pizarras de cada clase. El de la nuestra siempre lo ejecutaba Durán, con algún ayudante, pero él llevaba la batuta. Siempre ganábamos a las demás. Nuestra pizarra era la más admirada y Durán el artista más reconocido del Instituto. A lo largo de toda su vida fue fiel a sí mismo, un poco rudo, sin pamplinas, sin poses innecesarias.
Dice en el audiovisual que produce la Uned, que un artista es humilde, sencillo, discreto y sobre todo libre, algo que sólo comparto en cuanto a la libertad. El hecho mismo de ser artista aleja la humildad, la sencillez y la discreción. Otra contradicción que se refleja en este video es que no se puede ignorar al mercado, a los galeristas, a los marchantes, a los comisarios porque un artista necesita vender y expandirse. Durán sería un artista algo outsider, que se quiere mantener al margen, alejado de las modas y de las normas, una postura un tanto utópica y que suele resultar onerosa.

La exposición presenta obras fechadas en su mayoría en estos primeros años de siglo. Abstracción, figuración, informalismo, cubismo, expresionismo, constructivismo, una profusión de estilos que le hace hijo de su tiempo, de este de hibridaciones y apropiacionismos de nuestra cultura contemporánea.
Autodidacta, Durán experimentó con todos y cada uno de los distintos movimientos artísticos de su época, con formas y procesos distintos. En ejercicios interiorizados y de una factura impecable produjo obras de gran calidad. A través de estas se puede hacer un recorrido personal por la historia de nuestra plástica contemporánea. Y su mayor aportación es el de hacer una loa a la historia del Arte reciente, a sus referentes más queridos: Goya, Matisse, Picasso, Klee, Saura, Tapies, Vera…
Aglutinador de artistas y admirado por ellos, ejerció por derecho propio su influjo en todo el ámbito artístico altoaragonés. Por desgracia, en el mundo del arte, no siempre lo que triunfa en el mercado es lo que tiene más calidad. Y el caso de Durán es paradigmático. Un muchacho del Entremuro siempre tendrá un camino más largo que recorrer hasta que se llegue a reconocer su excelencia.
Su temprana muerte nos ha privado de contemplar una madurez artística espléndida, de conocer al mejor pintor, a ese que con la vejez se acaba despojando de todas las rémoras innecesarias, y se queda sólo con lo esencial, como un espíritu puro, en lo más abstracto de la forma, en los trazos imprescindibles, en las paletas sustanciales, fundamentales…
Les animo a disfrutar de estas estupendas obras durante esta, la última semana.


