Con la llegada del buen tiempo, todos nos acordamos de las piscinas, las cuales han ido evolucionando en los últimos años y se han adaptado a los nuevos gustos, la falta de espacio, etc. Todos tenemos en mente las clásicas piscinas de gresite, pero ya es posible disfrutar de piscinas de otros materiales.
Las piscinas ya no se hacen para nadar
De manera tradicional, las piscinas se construían con cierta profundidad con el fin de que los dueños pudiesen nadar un poco en ellas. Eso ahora ha cambiado y las piscinas se construyen de otra manera:
- Poca profundidad. En muchos casos, no se supera el metro y medio de profundidad en la zona que “más cubre”. Esto se debe a que la piscina se ha convertido en un lugar para socializar, así que se disfruta de pie tomando una copa o sentados leyendo un libro.
- Tienen muebles de obra. Siguiendo la tendencia anterior, no es raro encontrarse con bancos hechos de obra dentro del vaso de la piscina, una mesa, una barra o unas escaleras de acceso muy anchas para sentarse.
Se integran en el entorno
Hace años, aquel que tenía una piscina en casa quería que se viera. Eso ya no es así, pues las nuevas tendencias constructivas hacen lo contrario, es decir, integrar la piscina en el paisaje.
¿Cómo se consigue eso? Se hace de varias maneras:
- Con las piscinas tipo playa. Ya no se colocan escaleras para bajar en vertical, sino que se opta por una entrada progresiva con materiales como la arena.
- Acabados naturales. Se emplean acabados similares a los del entorno con revestimientos de piedra, colores blancos, arenas, etc.
- Diseño minimalista. Ocultando elementos como los skimmers, de manera que la piscina parezca una charca en mitad del jardín.
Las piscinas ahora son sostenibles
Uno de los problemas de las piscinas era su falta de sostenibilidad. Necesitaban mucha energía a la hora de funcionar y mantenerse. Algo similar pasaba con los productos químicos para que el agua estuviese limpia.
Eso se traducía en un alto coste de mantenimiento, que no todo el mundo podía permitirse. Ahora esto está cambiando, de forma que son más respetuosas con el medioambiente y el precio que hay que pagar para que esté en perfectas condiciones es menor:
- Bombas que adaptan su velocidad. Llegan a rebajar las necesidades de electricidad hasta en un 80 %. Solo funcionan a la velocidad necesaria, reduciendo la factura de la luz.
- Cubiertas solares. Estas cubiertas tapan la piscina si no la usamos. Con ello se consigue que no haya que limpiar tanto y mantienen el agua caliente. Por si fuera poco, reducen la evaporación (y con ello el gasto de agua para rellenar) casi en su totalidad.
- Vidrio filtrante. Se emplea el vidrio como elemento a la hora de filtrar. Este es mucho más capaz que la arena, por lo que hay que realizar menos ciclos de lavado del filtro y ahorra una gran cantidad de agua.
- Cloración salina. El cloro ha sido la forma tradicional de tener el agua clara y desinfectada, pero a costa de nuestra piel y de nuestros ojos. Ya se puede usar sal para la cloración, obteniendo un agua más saludable y libre de químicos.





