Cómo Uds. muy bien indican, se acerca la fiesta de nuestro tan reconocido San Ramón; santo de nuestra devoción y de nuestra ciudad.
Junto a la ermita citada en el último número de su revista, hay un pinar al que los barbastrenses de todas las épocas hemos acudido a pasear, respirar y , de paso, ver parte grande de nuestro tan querido Barbastro. Seguro que más de una persona de las que acudan a la celebración del santo querrá dar un saludable paseo por él. No lo recomiendo, y les voy a decir la razón:Soy barbastrense de nacimiento, también de corazón, y quisiera trasladarles mi dolor y decepción ante el estado del pinar que siempre ha acompañado a la intrínseca y querida ermita de nuestra ciudad y que, asimismo, permite venerar a nuestro patrón.
Es lamentable su estado de pinos secos y cansados de tanto desamparo, pinos caídos, pinos a punto de hacerlo (esperemos que no en la cabeza de algún paseante ); malas hierbas, cardos y otras plantas subidas; y , sin remedio, basuras por doquier ( voy sacando bolsas enteras de ellas ).
Menos mal que los insectos y diversos animalillos van haciendo algo de faena ante este desconcierto y desatino.No sé quiénes deberían poner remedio a este pinar de los horrores; desde luego los animalillos solos no pueden, a pesar de su instinto ecológico mucho más desarrollado que el nuestro.
Les pediría a quiénes lo pueden y deben hacer, que tuvieran en cuenta este lugar y su cuidado esmerado cómo corresponde a algo tan barbastrense, a algo tan propio de nuestra ciudad; a un lugar , para muchas personas favorito, que nos define y ha definido siempre.


