La vida moderna se ha digitalizado por completo, y entre Netflix, otras plataformas de streaming, aplicaciones, almacenamiento en la nube y servicios que probamos durante un tiempo, es bastante fácil terminar pagando por más cosas de las que realmente usamos. El problema suele estar en los pequeños pagos mensuales. Cinco euros por aquí, otros ocho por allá y, cuando llega el momento de mirar cuánto hemos gastado durante todo el año, la cifra puede sorprender.
Por eso merece la pena revisar de vez en cuando qué tenemos contratado. No hace falta hacerlo cada semana, pero sí conviene saber qué servicios siguen activos y cuándo van a volver a cobrarnos.
Empieza por mirar dónde se va el dinero
Antes de cancelar nada, hay que saber qué estamos pagando. Una forma sencilla de hacerlo es revisar los movimientos de la cuenta bancaria de los últimos meses y buscar pagos que se repitan cada pocas semanas o cada año.
También hay que mirar las suscripciones que se gestionan desde el móvil. Apple y Google, por ejemplo, tienen sus propios apartados para consultar los servicios contratados. A veces encontramos ahí una aplicación que dejamos de usar hace meses pero que sigue renovándose automáticamente.
Apuntar el precio de cada suscripción y la fecha de renovación puede ser suficiente para tener una visión bastante clara. También conviene comprobar si seguimos pagando una oferta que ya terminó o si el precio ha cambiado desde que contratamos el servicio.
No hace falta tener todas las plataformas a la vez
Las plataformas de streaming son uno de los gastos que más fácilmente se acumulan. Una persona puede estar pagando varias aunque solo utilice una o dos durante la mayor parte del mes.
Una alternativa es ir cambiando. Si quieres ver una serie concreta en una plataforma, puedes mantenerla durante ese periodo y cancelar después. Cuando aparezca algo que te interese en otro servicio, puedes hacer el cambio. No es necesario tener cinco o seis suscripciones activas simplemente porque alguna vez vimos algo que nos gustó en cada una.
Antes de cancelar, eso sí, conviene comprobar cuándo termina el periodo contratado. Algunas plataformas permiten seguir utilizando el servicio hasta la fecha de renovación, así que no siempre tiene sentido hacerlo con semanas de antelación.
Ojo con las aplicaciones y el almacenamiento
Las aplicaciones también pueden generar gastos que pasan bastante desapercibidos. Algunas funcionan mediante una cuota mensual y otras cobran una cantidad anual. Las pruebas gratuitas merecen una atención especial porque, una vez terminado el periodo inicial, el pago suele hacerse de forma automática si no se cancela.
Con el almacenamiento en la nube ocurre algo parecido. Podemos contratar más espacio porque el móvil está lleno de fotos y vídeos y después olvidarnos de que seguimos pagando por él. Antes de ampliar el plan otra vez, merece la pena revisar qué tenemos guardado. Quizá haya archivos que ya no necesitamos o copias repetidas que ocupan espacio sin aportar nada.
Haz una revisión de vez en cuando
No hace falta convertir las suscripciones en otra tarea más de la que estar pendiente. Una revisión cada pocos meses suele ser suficiente. Puedes aprovechar, por ejemplo, para mirar los gastos cuando llegue el momento de renovar algún servicio anual.
Si utilizas cuentas de trabajo o servicios digitales mientras viajas, hay otra cuestión que conviene tener presente. Al conectarte a una Wi-Fi pública, una VPN puede añadir una capa de protección a la conexión, especialmente si necesitas acceder a información de trabajo o a otras cuentas importantes. Aun así, sigue siendo recomendable utilizar contraseñas distintas y activar la verificación en dos pasos.
Recupera las cuentas que tienes olvidadas
Hay servicios que dejamos de utilizar y que ni siquiera recordamos tener. Puede ser una aplicación que descargamos para probarla, una plataforma que usamos durante un viaje o una cuenta que abrimos para una compra concreta.
Una búsqueda en el correo puede sacar bastantes cosas a la luz. Prueba con palabras como «renovación», «suscripción», «pago» o «recibo». Si aparece un servicio que no reconoces, comprueba primero qué es antes de cancelarlo.
También es buena idea cerrar las cuentas que ya no necesitas, especialmente si llevan tiempo inactivas. No tiene mucho sentido conservar decenas de cuentas abiertas solo porque alguna vez las utilizamos.
Gestionar mejor las suscripciones consiste, en buena medida, en evitar que los pagos automáticos decidan por nosotros. Si un servicio lleva meses sin utilizarse, probablemente ha llegado el momento de preguntarse si merece la pena seguir pagándolo.


