Otro fabuloso Encuentro de hermanamiento CAF-MAB, sept. 2026
Qué gusto da sumergirse en el universo montañero de los Encuentros y aislarse del ruido y la convulsión social que nos rodea.
Desde el mismo momento en que nuestros partenaires franceses nos recibían en la mañana del sábado 19 en lo más profundo del valle de Campan vimos cómo se nos colgaba una sonrisa del rostro que iba a durar todo el fin de semana.
El col del Tourmalet estaba frecuentadísimo por ciclistas, moteros y coches. Demasiado ruido, había que escapar y lo mejor era ascender por el valle de Arize desde un bosque frondoso hasta unas praderas inmensas en las que tan solo se oían el tan-tan de los cencerros colgados al cuello de las vacas.
¿Y quién presidia todo esta maravilla?: -El coloso MIdi de Bigorre, al fondo, con sus antenas y edificios blancos del observatorio sobre su cima y recortados bajo un cielo azul intenso.
Sí, en esta ocasión el sol y el cielo azul casi “marino” han sido nuestro luminoso escenario. Nada más llegar a la cabaña de Arize, el destino elegido, había que preparar mesa y mantel para sentarnos, mirarnos a la cara y ver que nuestra amistad es cada día más estrecha, leal y sincera; que caminando y sentados a la mesa revivimos esa unidad familiar constituida desde comienzos de la década del los 2000.
Desde la típica tortilla de patata hasta los postres y el licor genepí pasaron las horas y ya no había percepción del tiempo. Tan solo un ir y venir de platos donde picar las friendises (golosinas) que deleitaban a todos en la comida hasta que puestos en pie posamos para la foto, una más y nunca la última. Es como grabar en un instante, el abrazo común entre unos amigos que son más que hermanos.
De regreso al valle fuimos recibidos en el hotel “Les Deux Cols” ya por tercera vez y tras un paseo por el pueblecito de Campan totalmente decorado con esos ”moñacos”, munnaques o maniquíes que colgaban de las fachadas interpretando en una bella función la vida de un pueblo pastoral e históricamente artesano.
Hay quien dice que en estos encuentros ya casi lo pasamos mejor sentados a la mesa que caminando y en cierto modo es así.
Por la noche, en la cena nadie dejaba de contar sus historietas o recuerdos de pasados Encuentros o de pasadas aventuras en nuestro escenario principal: -La Montaña.
En un lapsus nocturno que a todos se haría profundo dormíamos para recuperar porque pronto por la mañana y desde el mismo hotel emprendíamos la segunda ruta.
Para mí fue una apoteosis. Sí, adentrarse en un hayedo de ejemplares gigantescos, de troncos blancos inmaculados sobre quienes costaba levantar la mirada sin atisbar las puntas de las copas porque la penumbra que se cerraba sobre nuestras cabezas arrullaba el lento caminar en un sueño dulce del bosque misterioso.
Fuertes rampas nos llevaron a otra cabaña de pastores, ya a cielo abierto y con un sol resplandeciente que hacía subir la temperatura casi tanto como el calor de unos rostros que sonreían a la vez que elegían el mejor de los bocados ofrecidos en bandejas generosas.
¿Y por qué no subir hasta la cima de la pequeña colina sobre nuestras cabezas?
¿¡Vamos allá… las vistas serán mejores y nuestras ganas de remontar los prados se verán colmadas….!
No es posible, en pocas horas estamos de nuevo sentados en torno a la mesa con las conversaciones cada vez más simpáticas y al final con las canciones “oficiales”: -“Montagnes Pyrennés” y”Clavelitos”.
Acabamos como siempre, fundidos en un abrazo como testimonio de feliz comunión entre dos clubs amigos, entre dos clubs hermanos.
Hasta el próximo mes de Mayo en Bielsa…
¡¡¡À toute à l’heure….!!!




