Coso de Barbastro, 18 horas. Descanso en un banco a la sombra al venir de hacer la compra del supermercado. Se sienta un anciano a mi lado y me saluda. Intenta llamar a una joven que pasa por delante, pero no le escucha.
Me dice que fue cartera en Bierge. Aprovecho para preguntarle su opinión sobre la noticia de estos días sobre el excesivo número de personas que lo frecuentan en el verano.
Tan solo me cuenta que en ese lugar han muerto muchas personas. Le comento sobre el molino que había. Me dice que no era harinero, que era eléctrico para moler pienso para los animales.
Para moler la harina bajaban a Angüés. Recuerda haber ido con su padre. También, me cuenta que, más tarde, venían a hacer cambio de trigo por harina, así no había que bajar a moler.
Ojalá toda esa belleza de este paisaje del Salto de Bierge, humanizado por el paso de los siglos, sirviera para recordar la forma de vida de las personas que han vivido en su entorno.
Porque dicho azud tan grande sobre el río Alcanadre se hizo con el fin de alimentar la acequia de un molino harinero. Se conserva el edificio completo y la vivienda del harinero.
El nombre de este río procede del árabe “Al-qanatir”, plural de “Al-qantara”, que significa “el río de los puentes”. En su cauce se conservan los restos de dieciséis antiguos puentes de piedra.
Bierge, ahora tiene unos 250 habitantes, pero a comienzos del siglo XX superaba los 650 habitantes, lo que nos hace pensar en una necesidad de molienda para muchas familias.
Más importante para la economía de la zona, sobre todo porque se vendía, era el aceite. Testimonio de ello en la actualidad es Aceites Ferrer. En 1930 se construyó el molino del pueblo mediante acciones de propiedad.
Bierge queda cerca del llamado Camino de los Trajineros, herencia de la vieja calzada
romana que unía Barcelona con Pamplona. Viniendo por Azlor y Abiego, atraviesa el río Alcanadre por el desaparecido Puente de las Aguas, par luego seguir a Casbas.
Desde Abiego había un camino real que llegaba hasta Alquezar por Adahuesca. Estos caminos reales fueron construidos con la llegada de la dinastía borbónica en el siglo XVIII.
Desde Abiego, la vía romana continuaba por Sieso, Ibieca, Sipán, Sasa del Abadiado, Fornillos, Yequeda, Chimillas, Lupiñén, Ortilla, Montmesa y Puipullín, donde se unía al ramal que venía desde Zaragoza.
Este camino sería muy transitado por los trajineros para el comercio entre el este y el oeste de España. Pero, también era importante el camino que unía con la montaña y que permitía ir hacia Francia.
Se han encontrado puentes de piedra de este camino hacia Morrano y Pedruel; pero igualmente, desde Bierge se podía ir hacia Radiquero e ir por el Camino de la Cabañera que va hacia Torla y, luego, a Francia por Bujaruelo.
Al anciano con el que conversé, le pregunté si había ido por la cabañera de Sevil, Me contestó que ellos subían al norte de la Sierra de Guara por Otín. Recordaba que se iba para San Bernabé (11 de junio) y se volvía para San Miguel (29 de setiembre).
Mi padre (nacido en Sarsa de Surta, junto a la Cabañera de Sevil) me contaba que un hermano de su abuelo trabajaba como contrabandista del Monasterio de Casbas llevando y trayendo productos a Francia.
Desde el Monasterio de Casbas hay un sendero natural señalizado de unos 15 kilómetros que permite recorrer el camino que hacían estos trajineros que transportaban mercancías.
No sé por donde iba mi antepasado a Francia, si por Rodellar o por Sevil. En todo caso, ambos caminos se juntaban en Las Bellostas, para continuar por Campodarbe y llegar en Abella a la ribera del río Ara que se seguía hasta Bujaruelo.
Cuando nos hablen del Salto de Bierge, hemos de pensar que el río permitía la vida domesticándolo con azudes y acequias para alimentar las huertas y los molinos harineros.
Pero estos ríos tormentosos no han sido fáciles de domesticar y cruzar. Ha habido que construir y reconstruir puentes que posibilitaran el paso para intercambiar las mercancías que han permitido la superviencia.




